"Para mí, para mis amigos, para cualquiera interesado en leerlo.
Nada especial, solo hobby."

-AldhaRoku

miércoles, 9 de mayo de 2018

Capitulo 35


35

     Su nombre era Denis, venía de Puerto la cruz con su marido y sus dos hijos, me había contado que su esposo una noche se había convertido en una de esas cosas, que trato de hacerle daño a uno de los pequeños y a ella no le tembló el pulso a la hora de atravesarle la cabeza con una cabilla mal picada que llevaba rato usando como un arma, “nunca fue un buen esposo” afirmó algo desanimada, le había preguntado ¿qué la trajo de Puerto la cruz hasta aquí? En lo que a mi concernía Cumaná era el epicentro del caos, o al menos eso piensa uno dado a que los habitantes de aquí son muy bestias. Se arrugo la cara y me dijo:

     – Créeme que las cosas en puerto están mucho peor que aquí. Cumaná es un desierto no lo dudo y claro que he visto a uno que otro loco, pero yo sé reconocer a una buena persona de una mala, y créeme, he visto muchas malas. La diferencia crucial entre Cumaná y Puerto es el simple hecho de qué aunque sea aquí puedes conducir, Puerto está abarrotada de zombis, parece como si cada dos metros cuadrado hay uno que no te deja caminar, te digo enserio que no quisieras estar allá. 

     – Entiendo, ¿así que ustedes creen que son zombis? – Pregunté deliberadamente, a lo que ella respondió con una risa de antemano. 

     – No, sé que no son muertos vivos, pero con tantas películas que ve uno ¿qué va uno a pensar? Mi esposo, mi madre y mi amiga, créeme que nadie los mordió, ¡nadie nada! Solo un día despertaron así. 

     – Ya veo, ¿usted cree entonces que debería quedarme en Cumaná?  Pregunté. 

     – No digas usted, que yo no soy tu madre, y si quedarte o no, es lo mismo que antes de todo este despelote, tú puedes irte del país si quieres o quedarte a combatir, pero el tiempo que has perdido ya en esta tierra maldita no lo recuperarás jamás, yo, no me fui del país cuando tuve la oportunidad porque pensé que las cosas mejorarían, de que yo podía ayudar a que las cosas mejorarían, no lo hice, y no sé si solo es en Venezuela que está pasando esto, quizá si me hubiera ido del país estarían mejor, no tengo idea, quizás estaría peor. Hace poco decidí irme de Puerto, y, aunque esto es un basurero << carcajeo >> y no hay nada que comer, estoy mucho mejor que allá, y no sé cómo o con qué, pero no dejaré que mis pequeños pasen hambre. – Allí terminó nuestra conversación, y el rato solo fue silencio apreciando el paisaje, o al menos podría apreciarlo si fuera un demente amante del gore realista. 

     – Déjame por aquí.  Le dije a Denis

     – ¿Seguirás solo con la pierna así? – Preguntó preocupada.

     – Tengo fe de que pueda encontrar a mis amigos aquí, además, me iba a venir hasta acá en este estado, tú ya hiciste mucho por mí. – La mujer sonrió, sus hijos estaban dormidos, y entonces se despidió. 

     – ¿Cuál es tú nombre chico? 

     – Aldhair. – Respondí. – Espero que encuentres a tus amigos y puedas estar en paz, tu cara no deja ver más que preocupación. Aceleró y siguió su curso a quien sabe qué destino.

     Me encontraba justo en frente de la comunidad de Joan, había algo extraño que me molestaba un poco, en mi estado actual no podía precisamente tomar riesgos, pero había llegado demasiado lejos como para solo dar la media vuelta, como pude lancé bastón hacía el otro lado de la misma, y haciendo un esfuerza sobrehumano, me guindé de las superficies de bloques, maderas y botes de metal que había para subir arriba, lo había logrado, el problema ahora radicaba no en cruzar, sino en cómo caer, si caía con las dos piernas me iba a abrir la fractura, si caía con la pierna buena podía jodermela y evidentemente no era un riesgo que podía tomar, de modo que me guinde y poco a poco fui descendiendo hasta que solo faltasen unos centímetros para tocar el suelo, una vez hecho eso me lancé y caí con un pie, tratando de mantener el equilibrio, me agache un poco para coger mi bastón y seguí andando, tome a mano izquierda hacía la vereda en la que vivía Joan, finalmente cuando había llegado a su casa, me alegré, era como un logro desbloqueado, así que anduve, seguí y ya estando en frente a la puerta empecé a tocarla. Pero nadie salía, y toqué, y toqué, y toqué, pero nadie parecía avecinarse, me estaba desesperando, “Con un demonio” pensé. 

     – ¡JOAN! – Grité a todo lo que el pulmón me dejó. 

     – ¡CARAJO! ¡JOAN! ¡NELSON! Maldita sea… – Torpemente trataba de romper la puerta y empecé a hiperventilarme, el sol estaba algo fuerte a pesar de que se veía una masa de nueves que venían del norte. 

     – ¡ALGUIEN! – Grité, así que salí a las carreteras de la comunidad para ver si veía algún rastro de vida, pero estaba vacío como las cuencas de un cráneo, mis ojos aguanosos reflejaron la viva imagen de la desesperación y el rendimiento, me di la vuelta y justo de la otra calle se asomó alguien quien me crispó de lo rápido que salió. 

     – Amor… – Era María, quien no espero para correr hacía mí y recibirme con un abrazo, seguidamente salió Hernán quien venía haciéndole compañía y ya viéndose mejor mentalmente también corrió hacía mí y me recibió de un abrazo, finalmente, ¿las cosas estaban saliendo bien? Pensé.

     Todo el grupo si es que nos podía llamar grupo estábamos alojados en una pequeña casa en la comunidad, literalmente toda la misma estaba “vacía” y digo entre comillas porque todo el lugar estaba lleno de comegentes, vivos y muertos, lo muchachos me contaron que por así decirlo, llegaron masacrando a los pocos vivos que habían, los días seguidos fue de limpieza, quitar y quitar cuerpos que lanzaron al otro lado de la comunidad, como era de esperar saquearon cuanto pudieron, y hubo la fortuna de que todavía quedaba bastante comida y gas para cocinar, ciertamente no todo estaba bueno, toda la comida orgánica por así decirlo estaba reducida a mierda pero los enlatados y empaquetados seguían fructíferos, algunas personas habían comenzado cosechas que afortunadamente siguieron creciendo a pesar de la ola de calor y si bien no mucha, había la suficiente agua como para cocinar y al menos bañarse una vez al día, pero igual el grupo deseaba con gran fuerza que cállese algo de agua, así fuese una garua, una mera y patética lluvia, María, Hernán, Nelson, y Michelle estaba bien, llevaban días comiendo como gente, bañándose y durmiendo despreocupados, ellos fueron precisamente los que montaron la barricada en la entrada para evitar la llegada de más comegentes y desviar la mirada de curiosos por así decirlo, Kamui, no podría decir que estaba excelente pero al menos ya podía caminar, y moverse con más tranquilidad, sus mordidas y heridas grandes se habían cerrado, y es que no solo el tratamiento ahora más higiénico y la comida, sino también  que en algunas de las casas encontraron medicinas y aunque escasos, algunos antibióticos, fui al cuarto principal y allí se encontraba Megan quien salía con un plato vacío de comida, efectivamente la saludé y abracé alegre de que se encontrase bien, entonces fui al cuarto con mi bastón en mano.

     – ¿Cómo está el hombre? – Le dije a Joan quien me devolvió la mirada y respondió con una sonrisa.

     – Juraría que cuando vi la muerte hace unos días tú la estabas acompañando, pero tú no mueres ¿verdad? – Me afirmó entre risas. 

     – Se te ve mejor hermanito ¿cómo va todo? – Pregunté. 

     – Bien vale, solo estaba descansando la herida, digo, yo no estoy usando bastón. – Respondió.

     – Juraría que no la contabas hermano. – Le dije. 

     – Todos los demás así también lo creyeron, pero me levante y salí de esto, más bien nosotros, todos nosotros pensamos que no te veríamos más. – Manifestó.

     – Ya deberían estar acostumbrado, la gente como yo no sirve ni para morirse. – Afirmé, y respondió con una risa, lo dejé descansar y salí del cuarto, a hablar con los muchachos. 

     – Amor ¿te quieres bañar? – Preguntó María. 

     – ¿Huelo a mierda verdad? – Riendo y con los ojos aguados me dijo que sí, y no pude más que reír con ella, de modo que efectivamente me fui a bañar, un tobo de agua se me dio pero era más que suficiente, en la ducha dejaba caer sendas hileras negras y marrones, literalmente llevaba días sin ducharme y no podía ni imaginar mi olor, habían, jabón, champú, y una esponja, lujos del pasado que valla me hacían feliz volver a ver, tomándome mi tiempo, tarde como veinte minutos en el baño, pero aquel fue el momento más perfecto que había sentido en meses muy probablemente, María me había dejado una muda de ropa sobre la tapa del inodoro, aquello era un pantalonsito corto y una camisa enorme que fácil hacía de piyama, pero solo quería eso, estar cómodo así que  me la puse y fui a conversar con los muchachos.

     Empezó a tronar, el cielo empezaba a mostrar un poco de piedad puesto a que pequeñas gotas empezaron a caer tan pronto la oscuridad de las nueves negras tapó el resplandor del sol, mi conversación con los muchachos se vio interrumpida puesto a que salieron corriendo con tobos y tambores inmensos al afuera para que se llenasen con la lluvia que cayese, tenían muchos, tenían tobos, los de la casa y los alrededores, se habían puesto las pilas como nunca y sería mentira si dijera que no estaban esperando este momento desde hace tiempo. 

     – ¡Aldha ven a bañarte! – Manifestó María desde la entrada de la puerta, pude notar como las gotas de agua rompían contra el suelo y hacían un eco espectral, en otras palabras, la lluvia estaba buena. Cojeando y con mi humilde bastón, ya sin ningún rastro de pena a estas alturas me quite la camisa para no ensuciar más de la cuenta y me salí a bañar. 

Relampagueaba y el calor del suelo se evaporaba y lo que había comenzado como una lluvia fuerte pero calurosa se había convertido en una gélida y avasallante lluvia. Todos excepto Joan nos estábamos bañando y jugando como malditos niños, el momento  no podía ser más perfecto así que aproveché para besar a mi querida novia de quien de verdad necesitaba sentir su afecto nuevamente.

lunes, 2 de abril de 2018

Capítulo 34


34

     Horas antes había despertado el iracundo e irracional muchacho quien a pesar de su inconmensurable ira mostraba una mirada aún inocente con ojos aguanosos y tristes, un oscuro fulgor se sentía del mismo y aunque enojado y vuelto una bestia su decrepito estado lo hacía más frágil que una hoja. Yo naturalmente mantuve mi distancia, poco podía hacer un lisiado en contra de un hombre demente como él, mis precauciones habían sido tomadas. Aún no me interesaba bombardear al sujeto con las mil y un preguntas, ¿qué le había pasado? Y más aún ¿por qué actuaba así? Pero le di su tiempo, habían pasado dos largos días desde que lo encontré y tan solo llevaba cuatro horas de despierto pero aún era incomodo que no mencionara una sola palabra.

     – Luziko, Luziko ¿te acuerdas de mí? – Preguntaba cada cierto tiempo sin respuesta alguna, apenas podía imaginar los horrores que habían llevado al pobre muchacho a tal estado de decadencia mental, lo había encerrado dentro de un cuarto y le hablaba desde afuera, a pesar de ello golpeaba cada cierto tiempo la puerta pero su estado esquelético solo propiciaba que se hiciese daño.

     – ¡Quédate quieto maldita sea! – Le gritaba, no parecía entender ni razonar. – Carajo, Luziko ¡REACCIONA! – ¿Quién era más loco, él o yo por intentar dialogar con el sujeto? Me resigne, me encogí de brazos y exhale dando indicios de desesperanza.

     Rato después traté de hablar de nuevo con él, le había lanzado una botella de agua y un poco de comida para ver si así recobrase la cordura, o al menos el habla, pero no seguía callado y solo habría la boca para lamentarse, hasta que eventualmente ni eso, cayó la noche, el sujeto llevaba horas sin decir una sola palabra, se había sumergido en su soledad como un lobo que carece de estima, me froté la frente, << que desesperante mi situación >> Peor era pensar que los demás podrían estar peor, pensé. ¿Quedarme con el demente esperanzado de que dijera algo, o simplemente partir de mi búsqueda bajo la penumbra de la noche y arriesgarme a que salgan los comegentes? Cualquier opción era una basura, pero prefería la supuesta seguridad de una casa, hice una especie de barricada en la puerta y ventana para esperar más conforme el otro día pero igual, no podía sentirme más cómodo con aquel demente en la misma casa. Torpemente ande hasta el mueble donde me disponía a pesar la noche, antipáticamente antes de acostarme me acerque a Luziko le dije – Buenas noches dulce príncipe. – Y eché a dormir.

     Veía como los caníbales le arrancaban la piel a mis seres queridos, como devoraban a mis amigos, aún con vida suplicando por una rápida muerte, los gritos de dolor que propiciaba mi novia y Nicole, también la pequeña Michelle al ser violadas repetidas veces por aquellos barbaros monstruos era horrible, la blasfemia de sangre, semen y excremento era un paisaje solo concebible en el averno, y yo no podía hacer nada, entre más cojeaba para llegar hacía ellos más me alejabas, y escuchaba sus gritos, gritos que penetraban en mi corazón y lo hacía añicos, me volvía loco, volteaba a ver a Nelson quien llorando me pedía que por favor le matase, Joan no tenía conciencia, era un maniquí que ya lo había perdido todo, la imagen de Megan siendo violada múltiples veces por tres y cuatro hombres al mismo tiempo lo había marcado eternamente mucho más que el hecho de estar desollado, era eso, o quizás ya había muerto solo que al no tener parpados no le cerraba los ojos y daba la imagen de que aún seguía con vida. Los gritos aumentaban.

     – ¡Cállense! ¡Cállense! ¡Cállense! – Y los bestiales hombres de proporciones ciclópeas se mofaban de mí hasta que no pude más y explote a un grito mudo. Desperté, mi respiración era fuerte, y agitada como si acabase de ver un espíritu, estaba sudando en frío, y a pesar de estar en medio de la total obscuridad di un vistazo a mis manos, estaban temblando como nunca, una larga lágrima recorrió mi mejilla, y aún con el alivio de haber despertado y analizar que solo fue un terrible y abominable sueño, aún no paraba de sudar y temblar, aún no para de sollozar y ver aquellas imágenes que representaban mi más grande pesadilla, como pude corrí hacía el inodoro, vomite.

     Luego de Vomitar me quedé sentado en las baldosas sucias y polvorientas ennegrecido por la basta obscuridad,  seguía temblando y un frío inenarrable recorrió mi cuerpo, en ese mismo momento empecé a escuchar lamentos y alaridos, eran los lloriqueos de un hombre desconsolado, era Luziko quien se escuchaba a lo lejos en la habitación, y decidí ir a él, como pude me arrastré frente al mismo y le pregunté en voz baja y sin esperanzas de una respuesta real

     Luziko amigo… ¿te acuerdas de mí? Soy yo Aldha. – En ese momento dejó de llorar, y volví a preguntar Luziko maldita sea, ¿te acuerdas de mí? Di algo, lo que sea. – Pero el sujeto no emitía ningún sonido. – ¡CARAJO! – Grité, pateé la puerta con gran ira y me resintió en la herida de mi pierna, había olvidado que estaba delicada, mis quejidos se volvieron entonces gruñidos de dolor, y me senté en la pared de la habitación donde estaba el silencioso muchacho.
     – Jorgen, ¿cómo estás mi amigo? – Le dije dejando salir una risa sincera aunque solitaria. El sol parecía ya estar saliendo, al menos se veía que el negro cambiaba a gris, de modo que debían ser las cinco y media de la mañana más o menos.

     – Lárgate… – Afirmo una voz rasposa, desentonada y extraña, pero sabía que era Luziko.

     – ¿Despertaste he? – Le dije sarcásticamente, pero él solo Dijo:

     – Lárgate… – y cada vez más repetía más. – Lárgate, Lárgate, Lárgate… –Hubiera seguido  con mi insistencia pero sus frases se volvían gritos agudos y cada vez más eran más y más fuertes – ¡LARGATE!... – Empezó a tratar de derribar la puerta del cuarto, era una puerta improvisada así que mucho no haría, de modo que empecé  a quitar la pequeña barricada, me iría a la verga como quien dice, no podía arriesgarme a nada. Así que sin más, me fui, y esperando que tuviese un poco de raciocinio no le encerré, apenas cerré la puerta pero sin cerrojo ni candado cualquier cuerdo podría salir. Sin pena ni gloría entonces salí, desplazándome como un zombi caminé a casa de Nelson, una mierda. El lugar estaba no solo vacío, sino saqueado y destrozado. La carretera estaba llena de sangre seca y me dije en mi cabeza << así que no estaba loco, sí vi esa horda gigante >> y bajé las sepulcrales y solitarias calles de aquella maldita localidad empinada, pensé en que tal vez debería ir a qué Megan, pero no me apetecía agarrar hacía la cárcel, no era racional de mi parte ni la de ellos o al menos eso pensé. Entonces partí al centro para eventualmente ir a casa de María, En el camino me rugían las tripas y empecé a hablar solo

     – Carajo vomité toda la maldita comida que tenía en el estómago, como quisiera una puta taza de café, solo una maldita TAZA de café, con MUCHA AZÚCAR COÑO. – Decía y gritaba a lo largo del camino, creo que realmente me importaba menos si alguien o algo me veía o escuchaba, yo ya estaba muerto para lo que me importaba. 

     – No te bastó con nacer en este puto país de mierda con la peor calaña bananera de gobierno, sino que putos zombis, o lo que mierda sean, porque sí, cada vez que creemos que tocamos fondo, ¿adivina qué? ¡CAEMOS MÁS! Puta… Gritaba y carcajeaba por todo el camino solitario mientras tropezaba con mis propias piernas como un ebrio. No tardo mucho hasta que llegase a casa de María, me sorprendió el inmenso número de cadáveres que había, la mayoría esqueletos en sí y otros parecían carcazas, pero mi mente tampoco estaba para divagar o analizar la situación, ¿qué era? No sabía, no me importaba, el punto es que no había nadie allí. Solo dos esqueletos y nada más, me adentré al fondo al cuarto de María para ver si había algo, aunque ya sabía que lo habían saqueado, pero igual fui.

      – Yo mismo desbalije está mierda ¿qué estoy haciendo? – Me hacía esa pregunta, entonces partí de aquel aparatoso y triste lugar, anhelaba un auto más que la comida misma porque estaba decidido a ir a casa de Joan ahora, más allá de tres picos, pero ya no había nada, comida, autos, gasolina, agua, todo lo tenían ellos, y si no lo tenían los hijos de puta del estadio lo tendrían los religiosos mugrientos, de modo que partí a pie a casa de Joan esperando que fuese mi último destino.

      Vía a casa de Joan y bastón en mano me di cuenta de que la tierra estaba muriendo,  se veía medio blanquecina aunque tal vez podría ser por la falta de agua, hacía tiempo que no llovía. Pero eso es arena de otro costal, en algún punto un corola destrozado y antiquísimo se paró frente a mí. Debía tener buena trasmisión porque no lo escuche venir, del mismo salió una mujer con una pistola y me apunto, yo simplemente me detuve y me quede quieto, la mujer quien me veía supongo yo, como un vagabundo por mis fachas no hizo ninguna pregunta, entonces levante mi brazo y saque mi pulgar pidiendo una cola, una mujer quien pronto me daría cuenta era la madre de dos adorables chiquillos Ben y Ramón de ocho años los dos, sonrió y no tuvo problema en que me montara, quizá si había un Dios allí arriba era eso o el hambre me estaba haciendo pensar estupideces, pero lo importante es qué me diría a mi último destino.

lunes, 26 de marzo de 2018

Capítulo 33


33

     Escuchaba a media una conversación susurrante que parecía provenir de un pasillo cercano. << ¿Estoy vivo? >> Me pregunté, no tenía idea de qué demonios estaba pasando o en qué lugar me encontraba a pesar de que me traía una ligera sensación de familiaridad. Traté de levantarme y no noté que mi pierna estaba vendada, grité, el dolor era agudo y me dejo gruñendo un largo rato en el suelo, era como si estuviese rota y entonces una oleada de recuerdos vinieron a mi mente, recordé el incidente y me dolió la cabeza la cual también noté al tocar que estaba vendada, de un pasillo cercano se asomó un rostro conocido. Aquel muchacho era Dante, quien creí muerto y de su boca pronunció:

     – Padre, ¡no te muevas! – Así era como me llamaba dado la confianza que nos teníamos, atrás de él vi una chica que decir conocer sería poco, pero su presencia fue una sorpresa si bien grata, extraordinaria, Isabella quien cargaba una caja de zapatos y me dijo:

     – Acuéstate Aldha que todavía estás muy débil. –  << ¿Qué demonios estaba pasando? >> Me preguntaba, << ¿cómo llegué ante estos dos seres tan apreciados por mí? >> Lo sentí como un milagro.

     Dante sostenía mis brazos mientras yo mordía un trozo de tela para aguantar los gritos, Isa cambiaba la venda de mi pierna y a pesar de que no apretaba fuertemente, el dolor era sublime y extraplanetario, colocó dos tablones de madera en mi muslo lo cual me hizo entender de inmediato que mi fémur estaba roto. Cuando el dolor bajó se sentaron a acompañarme en aquella sala,  una vez aclimatado pude discernir que me encontraba en la casa de Isa, y no pude esperar que la misma preparase algo de comer para hacer las necesarias preguntas.

    – ¿Qué fue lo que me pasó? – Pronuncié. A lo que Dante sonrió y procedió a contarme.

     – Debería yo preguntarte eso a ti, íbamos a prestar un servició cuando vimos a una horda de “lobos” muertos, por mera curiosidad nos acercamos a la camioneta destrozada que supuse los llevo por medio y allí dentro, más molido que carne para pasta estabas tú. Refresco.

     – Ja… ¿Lobos? ¿Con que así se hacen llamar esos caníbales? Espera… ¿cómo que servició? – Pregunté.

     – No sé cómo se llaman, yo así les pongo porque es cómo se comportan. Y por servicio me refería a un servicio médico. Déjame explicarte…

     – ¡¿Los están ayudando?! – Interrumpí a Dante abruptamente.

     – No levantes la voz que puede haber salvajes cerca, y me temo que sí padre, pero no es por gusto. Muchas cosas pasaron y la base cayó, yo y un grupo logramos escapar pero nos separamos, con el tiempo me encontré con Isabella << sonrió >> quien confieso pensé que estaba muerta, y desde entonces estábamos juntos, ella ya tenía muchas cosas, comida, medicamento y fue quien por así decirlo me rescató cuando nos encontramos, te diré que estuve la borde la muerte, peor que tú ahora mismo. Desde que me recuperé he estado haciendo de recolector para que lo poco que hay se mantenga o tengamos más preferiblemente, pero las cosas empeoraron, cada vez habían menos salvajes, comegentes como tú les llamas. << Se agarró el entrecejo >> llegue a pensar que toda esta porquería se acabaría, que ya por fin todo estaba llegando a su fin. Pero no. Las cosas solo fueron empeorando, todo en caída, de mala en peor. Grupos de dementes se formaron y cada vez era más difícil salir y buscar recursos. De hecho a pocos metros de aquí tenemos a un grupo altamente peligroso…

     – ¿Los católicos? – Pregunté interrumpiendo.

     – Nosotros los llamamos los creyentes pero es irrelevante. Ese grupo engaña, roba, y mata por placer disfrazando sus actos como un preludio de Dios, son asquerosos como no tienes una idea…

     – Creo que me la doy. – Agregué.

     – Habían muchos más grupos, pero algunos se dispersaron a otros lugares, otros fueron aniquilados por otros miembros de otros grupos, toda la locura, todo el centro en especial esta zona del puente hasta la gran mariscal era una zona de caza y matanza.

     – ¿Y te uniste a los lobos para no ser su presa imagino? – Pregunté.

     – Te equivocas nuevamente. – Respondió.

     – ¿Entonces?

     – Verás, una noche escuchamos ruidos muy estruendosos, era una horda que quería entrar a la casa, respondí con una lacrimógena que tenía guardada pero no fue suficiente, me quedaban unas tres balas de un revolver calibre 38 que le robe a un compañero y Ja… disparé por la ventana, mi idea es que fuera una advertencia, que pensaran que había más de dónde vino eso, pero solo se arrecharon, a punta de balas rompieron la cerradura y entraron a la casa, me apuntaron con todo, literalmente pensé que allí fue, pero Isa apareció y se la jugó. Mis disparos le dieron a uno quien se estaba desangrando, Isa dijo que éramos enfermeros y que sabíamos tratar heridas. Le propuso a quien parecía ser el cabecilla qué si nos brindaban protección y nos dejaban en paz tendrían servició médico siempre que quisieran. Eso no me libro de la golpiza que llevé por el disparó que auspicié << Reía >> Y felices para siempre Isa quedó como la enfermera personal de esos monstruos y yo como su noble rata buscando medicinas y recursos para ellos, robando una que otra para no morirnos de hambre. Dante agarró una lata vacía de comida para gato y la lanzó contra  la computadora.


     – Wau, que sorprendente. No imaginé que pasaran tanta roña, pero al menos están vivos gracias a eso.

     – Esto no es vida padre. – Interrumpió Dante. Quien no disimulaba su enojo.

 Un pequeño silencio nos acogió hasta que apareció Isa con unas panquecas con sardinas de lata. Ella tenía una porción pequeña al igual que Dante y a mí me dieron la más grande. No entendía el porqué de ese acto y tampoco me parecía justo.

     – Nosotros ya hemos comido hoy, además, tú llevas dos días dormido ¿sabes? Come o será peor tratarte. – Afirmó amablemente Isa a quien a pesar de qué debí despreciar su amabilidad, el hambre me hizo tragar sin compasión aquella rara mezcla culinaria que de hecho, me supo a gloría.

     Varios días habían transcurrido, al menos recuerdo ver la noche unas seis veces. Me sentía como un palurdo parasito, Isa y Dante siempre salían a hacer lo que tenía que hacer y yo no hacía más que pudrirme sentado en una colcha que cada vez apestaba más, comía su comida y abusaba de su hospitalidad. Una gran parte de mí quería darse un tiro pero adjuntado el hecho de que no tenía arma, realmente tenía mucho que hacer como encontrar a mi grupo. Mi pierna parecía no mejorar aunque ya no dolía gratuitamente, si la dejaba quieta entonces se mantenía normal. Los muchachos habían plantado dentro de la casa unas matitas de paracetamol, con lo cual me hacían un té y un ungüento que quizás era lo que disfrazaba el dolor.

     Exhalaba como un perro triste cuyos días ya estaban contados, de modo que decidí dar un esfuerzo extra así me jodiera más, con la poca fuerza de voluntad que tenía, pero el orgullo hasta la coronilla decidí hincarme en una pierna y me levanté.

     – Perfecto, no me duele. –  Hice unos ejercicios suaves para ver si podía mover la pierna y aunque era un movimiento bastante torpe, realmente era mejor que estar postrado allí. Podía desplazarme un poco, no obstante no podía ni debía recostar mi peso en esa pierna, convenientemente, ví que entre toda la basura que tenía Isa en su sala había un bastón. ¿Por qué no? Me pregunté. De modo que como pude caminé hacía él, el trayecto que debió haber sido de cinco segundos se volvió de casi un minuto, pero no era por dolor, era por precaución, por más que fuese. Más que un parasito me hubiese golpeado más causarle más problemas los muchachos.

     Con el bastón en la mano empecé a desplazarme y aunque como un setentón, ciertamente podía caminar. En algún punto perdí el equilibrio, me había mareado y me fui de boca, como pude traté de caer de lado y amortiguar con los brazos para minimizar el daño en la pierna.
     Caí, tuve la buena fortuna de que no me hice ningún daño considerable, aclimatado me volví a erguir y decidí hacer una clásica mía. Me puse a cocinar, había pocas cosas pero como pude me las arregle para hacer algo y se las dejé, tapadas con un trapo. Esa noche ellos no llegarían.

     Desperté abruptamente, tuve una pesadilla. Los muchachos no habían llegado ayer y eso me dio material para un sueño infernal, mi condición no era mejor que la de ayer de modo que no quise volverme loco y partir a buscarlos, en esté estado tan patético si un solo comegente me atacaba estaba frito. De modo que esperé, y esperé, y esperé. Nuevamente de noche, me fui a dormir.

     Tres días habían pasado desde la última vez que vi a Dante e Isa, mi paciencia no daba para tanto, de modo que quite las cadenas de la puerta y salí a por ellos, a por alguien, por lo que sea, con un bastón que me ayudaba a caminar y un cuchillo como única arma, realmente no tenía muchas esperanzas. Pero seguí adelante, debían ser  tal vez la una de la tarde, el sol estaba caliente, tanto así que tuve que devolverme y buscar unos trapos. Con los mismos me cubrí la cara asimilando un turbante, y con mi bastón en mano fui adelante.

     La plaza, ambas para ser exacto estaban peladas, vacías, no había un alma en ellas y los banquitos ya eran blancos por la arena y polvo que ni las ventoleras quitaban. Mi desplazamiento era patético pero enérgico, podía fácilmente hacerme pasar por un viejo sobreviviente, miraba  constantemente a los lados, atrás  y sobre todo arriba de los árboles para ver si no había algún loco cantando la zona.

     – ¿Dónde mierda estarán? – Pregunté en mi soledad. Me senté en un banquito más que a descansar, a pensar. ¿Cuál sería mi destino? Por más que fuese realmente no sabía a dónde ir, el bodegón de la familia de Nelson era un buen lugar para comenzar, aunque lo ponía en duda, casa de María era otro lugar posible, quizá por el estadio encontraría a Dante e Isa, pero ni en mi demencia más grande iría solo y herido allá, no luego de lo que les hice. ¿Casa de Nelson? ¿Casa de Joan? A todos y exactamente cada uno de esos puntos podría ir caminando en unas horas, pero no. En mi estado podía ir quizás a dos lugares, con suerte a los tres más cercanos, casa de Nelson, casa de María y en su defecto el Bodegón.

     Recordé que la última vez que fui a casa de Nelson había no una horda, sino un enjambre de docenas, quizás cientos de comegentes, en cambio sabía que de camino al Bodegón a lo más vería a tres o dos moribundos. Decidí caminar al local aún bajo el riesgo de que los caníbales estuvieran cerca.

     Tarareaba una fea canción por todo el camino, era lo único que podía hacer caminando a diez centímetros por segundo, no obstante a ello el paso de vencedores estaba dando frutos, ya me encontraba a la vuelta de la esquina con el Bodegón,  mantuve mi distancia, no me importaba morir, pero no lo iba a poner tan fácil, de modo que  como pude me mantenía oculto ante el más mínimo ruido, me quite los trapos que me servían de turbante porque limitaban mi audición. Guarde mi distancia, cogí el cuchillo que tenía guardado y lo empuñe con gran fuerza porque veía a lo lejos una figura masculina, aquel era un hombre alto y delgado, se veía hasta desnutrido pero no podía fiarme, el sujeto cargaba un bate en la mano derecha, lo presionaba con fuerza por lo marcado que se veía su brazo. El hombre  que no hacía más que estar parado frente a la Bodega empezó a flaquear y cayó aparentemente desmayado. “Es mi oportunidad” Pensé. De modo que cojeando así me hiciese más daño llegue hacía él, iba a matarlo antes de que volviera en sí. Pero al ver su rostro pálido y desnutrido con sus labios rotos y llenos de pus el cuchillo se me cayó y casi caigo yo también… Susurré:

     – Qué carajo te pasó Luziko.

domingo, 31 de diciembre de 2017

Capitulo 32

     Silenciosos y tomados de las manos tragamos saliva cultivando un último deseo, << Qué este maldito y locuaz plan salga bien >> Sudando en frío sosteniendo las armas con asombroso aferro y con la mirada fija hacía la Santamaría esperábamos impacientes la llegada de aquellos bastardos.

     Horas antes el equipo finalmente se había reunido, no era precisamente un bonito reencuentro, Kamui estaba medio muerto, Hernán inconsciente, pero era nuestro equipo, tan pronto “desempacamos” Nelson, María, Michelle y Nicole empezaron a comer con notable desespero. Podías discernir que de verdad tenían hambre, tanto así que de hecho, se abrió el apetito de todos y aprovechamos de comer algo. Puse a hervir una leche que tenía guardada, ya había expirado pero contaba fielmente que el hervirla ayudará de algo, cuando la vertí en la olla parecía queso o yogurt, olía rancio pero quería darme un lujo, si es que así se le puede llamar. Lo diluí en agua y empecé a hervir hasta que burbujeo y se tornó de un color natural. Entonces en la misma olla vertí una caja de cereal que encontré hace un tiempo, “también la estaba reservando” Era unas azucaradas, vertí toda esa mierda sobre la leche y revolví. Extendí la mano hacía María para levantarla, ella estaba comiendo unos fideos instantáneos cuando me devolvió la mirada.

     – Te invito un poco.  Le manifesté y le devolví una sonrisa. Nos apartamos un poco del grupo para tener algo que no habíamos tenido en mucho tiempo, privacidad, entonces empezamos a comer, uno tras otro como cerdos, sin decir una sola palabra hasta casi terminárnoslo. 

     – ¿Y qué será de nosotros ahora? – Pregunto ella, volteé a verla y reí.

     – ¿Importa? Yo creo que hace mucho que debimos haber muerto si me lo preguntas a mí.  Respondí. 

     – Ja, entonces no soy la única, hace bastante deje de sentirme mal. << Sonrió >> había dejado de preocuparme por mi bienestar o el de los demás, creí que habías muerto en más de una ocasión y era ridículo, porque deseaba de verdad, de verás y con toda mi alma volverte a ver y ahora te tengo aquí y no sé qué hacer, quiero besarte pero no tengo la motivación. De verdad siento que una parte de mi murió ya hace mucho… Reclamo ella.

     – Te entiendo, << Miré hacía el techo >> ya me ha tocado ver a tanta gente morir, me ha tocado matar a tantos, cuerdos o no, he estado tan cerca de la muerte que mi ateísmo se está convirtiendo en agnosticismo, siento que morí hace mucho y estoy en un maldito bucle, un limbo ridículo que no se quiere terminar Ja… << Reí >> Es molesto. – Añadí.

     Ella se recostó en mi hombro y dijo:

      – ¿Sabes? Aunque me sienta así, no quiero morir, tampoco estoy preparada para ver a alguien más morir, para verte a ti morir. Sin embargo sé que eso es imposible.

     – ¿Tú crees? Nunca es fácil ver a alguien partir, pero… No sé, creo que solo hay que ser paciente y ver cómo sale todo. Quizás, quizás los planetas se alineen para darnos la victoria sin que nadie perezca jaja… – Afirmé.

     La abracé con sinceridad aunque confieso sin ánimos, mis esperanzas no eran mejores que las de ella, pero aquí estábamos y eso era suficiente de momento.

     – ¿Qué le pasó a Hernán? – Preguntó María rato después.

     – Lo noqueé, tuve que. – Respondí.

     – ¿Y eso por qué? – Preguntó extrañada.

     – Esto, esta mierda nos va a terminar por volver locos a todos, Hernán empezó a masacrar a un grupo que nos estaba persiguiendo y bueno, Joan le dijo que parara, que ya estaban muertos, y le dijo unas cosas y entonces él se alteró. Al menos así lo ví yo, estaba armado y se acercaba con mala cara y no sé, vi muy malas intenciones, se acercó hacía Joan y sentí que haría algo horrible, solo fue reflejo lo golpeé y quedo aturdido. Afirmé dudoso al no saber explicar bien. 

     – ¿Así nomás? ¿Qué tiempo lleva actuando así o fue solo esa vez? – Pregunto María.

     – De hecho no, desde lo de Yue Hernán ha estado actuando raro, ni Megan puede calmarlo, parece un maldito emo asqueroso, hasta cuando te salva sientes como si quisiera matarte.

     – ¡¿Y él es estúpido o qué?! – Interrumpió María indignada.

     – Iré a hablar con él. – Afirmó María quien se levantó y fue a despertarlo, no me propuse a hacer nada, solo me quede contemplando el suelo y esperando que Nelson nos dijera que hacer, si irnos o qué.


      El rato pasó  creo que ya empezaba a anochecer, Nicole caminó hacia mí y se sentó a mi lado. 

     – Hola amiguito. – Afirmó desanimada.

      – Pulga ¿qué tal? Siento mucho pesar en ti. – Afirmé y al decirlo noté que apretó con cierta fuerza sus manos formando puños.

      – Supongo que no es nada. – mencionó ella. 

     – ¿y a quien pretendes engañar con eso? Si te sentaste aquí seguramente es porque necesitas desahogarte ¿no?  Pregunté. 

     – Te equivocas, solo quería saludar. 

     – Cuéntame, solo hazlo, sabes que lo sabré tarde o temprano. – Dije. 

     – Solo, solo estoy molesta Aldo, se me pasará, siempre es así. – Afirmo ella casi al punto de entrar al sollozo.  

     – ¿Tiene que ver con Luis Elias verdad? – Pregunté y aparté mi mirada para darle más espacio, y su respuesta solo fue crujir los dientes, creo que jamás la había visto tan enojada en los años que llevaba conociéndola. 

     – El murió defendiendo una causa, necesitaban esos alimentos… 

     – ¡Lo sé! – Gritó, – ¿Crees que no lo sé? Sé que tenía que ir, que no es un inútil, pero es que… ¿por qué tenía que ser él? Maldito el momento, quizás si hubiéramos ido todos… 

     – Te equivocas, fue él porque así tenía que pasar, si no hubiera sido él hubiera sido otro, así de simple, Y si hubieran ido todos, quizás hubiera sido peor. Quizás hubieran muerto más. – Afirmé sin una pisca de pesar. 

     – No lo entenderías, tú tienes a María Manifestó, y aquel comentario me enfureció. Exhale y disimulando mi enojo solo hable lentamente. 

     – Es el mismo estúpido argumento por el cual se rigió Hernán, egoísta y sin sentido, Sí, tengo a María ¿Por cuánto tiempo más? Cada minuto pienso en todas las posibles formas en las que la puedo perder, en que alguno de los dos podría morir, en que alguno se podría transformar. Es tanto así, que no sé qué siento hacía ella, es como si viera un muerto, y sé que ella así me ve, somos dos muertos que nuestro único propósito o meta es ayudarlos a ustedes. ¿Tú tienes a María? Tú también la tienes, siempre estuvo allí contigo, yo la dí por muerta en varias ocasiones y ella a mí, aquí la tengo y siento que todo este recorrido fue en vano, porque sí, así es la vida ahora. Siempre lo fue así, pero ahora más, no vale nada. Luis Elias solo era otro cuerpo caminando que ahora está despojado de su humanidad, Míranos, en lo que a mí respecta estaríamos mejor muertos, no más preocupaciones, pero aquí estamos aferrándonos a un futuro incierto y seguramente horrible… – Su mirada mostraba que me había pasado de la raya con todo aquello que le dije, hubo un silenció fúnebre durante unos segundos, todos me había escuchado, y no tenía que voltear a ver para darme cuenta de ello. 

     – ¿No tienes corazón? – Afirmó Sollozando y posteriormente llorando.

      – Quizás no. Por eso sigo vivo, por eso, seguimos vivos. 

     – ¿Entonces que nos hace diferentes a ellos? << Frunció el ceño >> Preguntante ¿Cuánto falta hasta que nosotros tengamos que comer personas también? 

     – Eso no va a pasar, pregúntate tú. Si le desearías esto a Luis Elías, pregúntate tú, si ayudas de alguna forma cargando esa actitud ridícula, pregúntate tú, si en lugar de estar molesta por la muerte de Elías realmente lo que estas es decepcionada de no haber muerto con él, porque sí es así, eres una egoísta y pensé que eras mejor que eso. Manifesté y me retiré dejándola sola viendo la pared, Michelle me observó y bajo la mirada la suelo al notar que le devolví la mirada. No sabía si había dicho una verdad cruda o había quedado como un imbécil frente a todos de modo que no hubo más que volver al silencio.

     El tiempo pasó a través de las cámaras notamos que había oscurecido, era de noche, luego escuchamos las motos, una, dos, tal vez cuatro, murmullos, gritos, “Saca la cierra” se distinguía entre los barbáricos gritos, entonces Nelson nos voltio a ver. 

     – Es hora, ya, ya, todos en guardia… – Susurro rápidamente.

     Anteriormente habíamos planificado algo absurdo y obtuso pero no teníamos muchas salidas, María abrió la puerta principal y Michelle había apagado todas las luces de adentro,  solo nos protegería la Santamaría en plena obscuridad, María se posiciono atrás contra la pared con su confiable arma, yo y Joan con pistolas estábamos en la entrada en cada esquina,  Nelson y una asustada Megan estaban en la zona céntrica del bodegón pecho tierra con Armamento pesado de metrallas rezando porque no fueran muchos. Entonces escuchamos aquella cierra como se encendía, no lo hizo a la primera, no lo hizo a la segunda, entonces cuando agarro, notamos como las chispas se hacían presenten, aquella cosa cortaba el metal como madera, con una facilidad fuera de lo normal,  parecía que iba a hacer algo grande así qué Nelson y Megan se ocultaron tras un estante de licores vacío, y eventualmente paso lo que tenía que pasar, y nosotros con el corazón en la garganta, cayó la sección del Santamaría, nuestra única protección. 

     – Está mierda parece vacía.  afirmó el gordo que cargaba la cierra, dio un paso adelante y atrás se le abalanzo otro sujeto. 

     – No creo...  y antes de que pudiera reaccionar, decir algo o ver bien, siquiera que aclaran la visión un disparo de parte del Fal de María le atravesó la cabeza al de la cierra y esa fue la señal, Nelson empezó a disparar al otro junto con Megan, volviedolos lo que llamaríamos vulgarmente queso, los otros que yacía atrás gritaron y Joan y yo nos vimos las caras, pistola en mano salimos afuera y justo cuando se estaban montando en sus motos Pude ver con el rabillo del ojo que eran unos seis, y sin apuntar, sumidos en la adrenalina lanzamos empezamos a disparar llevándonos a todo aquel presente, evidentemente reaccionaron pero tuvimos la fortuna de haber disparado primero, matamos a cuatro al instante, Los otros dos lograron montarse en una moto y arrancaron, el de atrás nos disparó pero tuvimos mejor puntería le disparamos en un ojo pero no habíamos logrado lo cometido pues el que conducía logró escapar.

     – ¡MALDITA SEA! – Grité, – Joan dile a los demás que se vallan...  afirme sin antes ver a Joan quien había caído de rodillas contra la acera,  no pude ver bien qué, pero su hombro estaba ensangrentado y su brazo se tiñó de rojo hasta la mano. Salió Nelson y Megan quienes nos veían, Joan volteó atrás y la pálida y cara de Megan tapándose su boca fue lo último que pudo ver antes de caer contra el suelo. Todo en ese momento se volvió lento, Nelson parecía desconcertado y con la mirada perdida, y lo agarré por los hombros y le gritaba como un demento una y otra vez

     – ¡NELSON, NELSON!... – 

     Megan se abalanzo llorando a abrazar a Joan y nadie me escuchaba, el único que sabía que uno quedo con vida y escapó era yo, así que como pude corrí a todo lo que el cuerpo me dio a buscar un auto, por suerte teníamos la camioneta aparcada relativamente cerca. La encendí como pude y la conduje hasta el bodegón, entonces empecé a escuchar el fúnebre sonido de las motos, se estaban acercando, y yo sabía mejor que nadie que estaban cerca, afín de cuentas, el estadio quedaba a nada, todo esto había pasado en cuestión de dos minutos, Note que no iba a dar tiempo montarlos a todos, el corazón me dolía quería vomitar así que  aceleré la camioneta  como pude  me voltee para ver en fracciones de segundos a los muchachos pensando en que quizás podía ser la última vez que los viera, noté a Megan llorando sobre un Joan cada vez más bañado en sangre, y pude ver asomándose a la puerta María quien no me vio, su cara solo era de perdición ante el incidente. Giré en L y puse las manos al volante con como si no solo mi vida, sino la de todos dependiera de ello, y pude ver aquella seguidilla de motos, no conté, pero debían haber más de doce aceleré y pude ver que aquellos que iban adelante disparándole a la misma se cagaron en sus pantalones y empezaron a frenar, pero ya era tarde, estábamos lo suficientemente cerca como para colisionar, y quizás con un poco más de suerte de la que ya había tenido, llevármelos a todos, hubo un choque, la camioneta y rodó, escuche crujir un hueso de mi pierna, pero no sentía nada, el chiste solo acabó cuando todo se volvió negro.