"Para mí, para mis amigos, para cualquiera interesado en leerlo.
Nada especial, solo hobby."

-AldhaRoku

martes, 12 de septiembre de 2017

Capítulo 30

30



     No tengo idea de que día era, cuanto tiempo había pasado, las cuentas se habían esfumado. Ya no importaba realmente quien muriera, cualquiera podía hacerlo, podrías enamorarte de alguien, sí, pero vivirías cada momento con el miedo de que en la noche despierte su instinto caníbal. Cuando todo empezó el problema eran los caminantes, necrófagos, caníbales, locos, como quieran llamarle, aquellos pedazos de carne despojados de su cordura, tu mamá, tu abuela, tu hermanito, la señora que ayer te saludo en el supermercado en una colita, tu enamorada o enamorado, ¿importa?. Había roto tantos cráneos de personas vivas, personas que quizás solo estaban enfermas que me daba asco, existían noches en qué no podía dormir, me sentía como un vil asesino, temblaba, pero ahora no, vi como violaban a personas, a sobrevivientes, mujeres, niñas, niños, todos estaban hambrientos, ¿hambrientos? Vi como los devoraban, ¿Qué caníbal era peor? El inconsciente producto de las setas, o aquel que estaba consciente y lo hacía más que por necesidad, por morbo… Miré hacía mi lado derecho, allí se encontraba mi amada, mi novia, estaba Nicole nuestra primita, tenía a un buen puñado de mis amigos, y sabía que en el otro local estaban los demás, Kamui, Joan, Hernán… ¿Pero importaba? Mi exterior mostraba serenidad, pero dentro de mi cabeza los gritos de mí mismo me hacían retorcerme en las noches. Quizás por eso no quería dormir, y no lo iba a decir, no necesitaba preocupar más a nadie, pensaba, ¿qué más tiempo iba a transcurrir antes de volverme loco? Porque sí, cuando estaba solo empezaba a reír y a golpear cosas, estaba harto, una parte de mí quería que solo muriéramos, ¿cómo sería si nos transformáramos y solo ya dejáramos de pelear. Siempre quise un cuerpo definido, y ahora lo tenía, mi abdomen estaba marcado como lo deseaba, lo que el gimnasio no hizo, y lo odiaba, tenía hambre, mi cara empezaba a mancharse producto de la dermatitis. Era inútil alegrarme de ver a mis seres queridos, ¿Cuántos días faltarían para que murieran? A veces cuando estaba solo en las noches podía escuchar la voz de mis camaradas caídos. Que martirio, que molesto, ¿cuán impotente se puede ser?




     Abrí mis ojos ¿en qué momento me dormí? Me pregunté. No me había puesto los amarres de seguridad, voltee hacía los lados, las personas seguían durmiendo todo parecía estar bien, observé entonces que la pareja amiga de Indriago estaba conversando, no me hice el loco, fui hacía ellos y les pregunte:

     – Hola ¿De qué hablan? 

     – Ahh… Hola no vale, nada. – Respondió Carla.

     La respuesta me fastidió un poco, para mí solo eran desconocidos a pesar de que no parecían ser malas personas.

     – Enserio, ¿de qué hablan? – 

     Volví a preguntar y los miré con el entrecejo fruncido.

     – ¡Queremos irnos! – Respondió de manera rápida y exaltada Fabio. 

     – ¿Ya? ¿En plena madrugada? ¿No deberían esperar a que salga el sol? – Pregunté. 

     – No, no, para nada salir cuando está el sol. Ellos son más activos durante el día, y no creerán que somos tan locos como para salir a la calle el mismo día que nos escapamos. – Añadió Carla. 

     – Entiendo tu lógica pero me parece una estupidez completa irse tan pronto, y aunque no es mi problema ¿si quiera saben a dónde llegar? – Pregunté. 

     – Disculpa chico, pero eso no es algo que tengamos que responder. – Replicó Carla. 

     Exhale.

     – Bueno… – Fui a despertar a Nelson quien estaba dormido y le expuse la situación. No le importó en lo más mínimo la decisión de ellos, solo se paró para abrirles la puerta, bostezó. 

     – ¿Y a dónde van? – Pregunto Nelson.  

     – Escuchamos que hay un lugar seguro con comida y muchos más sobrevivientes en el Hiper Galerías. – Respondió Fabio. 

     – Y a él si le responden… – Susurré. 

     – Yo no confiaría en ese lugar, pero no soy quien para decirles que hacer, ya estuve allí, y saque a mis amigos de ese aparentemente tranquilo lugar. – Agregué.

     Ellos no parecían confiar en mí, pero eso era su problema. Nelson revisó las cámaras de seguridad, y al ver que no había moros en la costa les abrió las puertas y la Santamaría. 

     – Vamos vallan rápido. – Les dijo Nelson, la pareja salió corriendo y se escudriñaron entre las casas y automóviles, ya no eran nuestro problema.

     – ¿No se supone que los pecados debemos optar por la seguridad de las demás personas? – Pregunté en tono sarcástico. 

     – Ellos querían irse, aquí estábamos seguros, muriendo pero seguros. – Respondió. 

     – Haha… Claro, ¿y qué te vas a dormir? – Pregunté. 

     – No, ya no. Perdí el sueño… No sé, no sé qué haremos mañana marico, no sé qué será de nosotros, no tenemos comida, somos la caza de un ejército de locos. Llevo no sé. ¿Un mes encerrado en está mierda? ¡Me estoy volviendo loco! – Añadió Nelson. 

     – ¿Qué tan loco? – Pregunté. 

     – Lo suficiente como para morir por una empanada. – Respondió Nelson. 

     Empecé a reír.

     – Yo tengo una idea, no es buena, pero es una idea ¿te digo? – Pregunté. 

     – Si no hay de otra. – Respondió.

     – Mano, aquí hay más armas que gente y si vamos y Por los demás, Joan, Hernán y Kamui… 

     – ¿Y entramos a tiro a esa cuerda de mamaguevos? – Interrumpió Nelson. 

     – Eso, somos ¿Cuántos que sabemos disparar un arma? ¿Seis no? Tú, yo, María, Joan, Kamui y Hernán. – Añadí. 

     – No sé, no me cae del todo bien ese negro. – Respondió Nelson. 

     – ¡Nelson!

     – Hahaha… Es jodiendo, tranquilo. La primita de María también sabe disparar, Mariale le enseño.  – Agrego Nelson. 

     – ¿Y Michelle? – Pregunté.

     – Ella sabe correr… – Respondió. 

     – ¿Será que voy solo a buscarlos y de paso traigo la comida que tenemos allá? – Pregunté. 

     – Yo había pensado en que nos fuéramos todos y armados solo para no volver a este lugar. – Agrego Nelson. 

     – Te puedo decir mano, que aquí estamos mejor que allá, al menos aquí tienes electricidad, a medias, pero tienes. Además, tienes la Santamaría. – Respondí. 

     – A mí lo que no me cuadra es que tengamos tan cerca a esos fanáticos de Madmax. – Respondió Nelson. 

     – Me sorprende que conozcas Madmax pero no es mi punto, si lo que quieres es sacrificarte y morir de pie antes que esperar a que la muerte nos coja, solo si existe la mínima, la mínima posibilidad de lograr esto necesitaremos dónde poner la comida, este bodegón es el lugar mano, aquí es… 

     – Me da una arrechera cuando tienes razón. – Agrego Nelson, me hizo reír. 

     – ¿Cuándo sería? – Preguntó Nelson. 

     – Ahora mismo mano, todos tenemos hambre y no podemos seguir así, esperando a ser comida de alguien o algo. – Respondí. 

     – ¿Cómo te vas a ir? 

     – ¿Me prestas la camioneta? – Pregunté.

     – ¡Coño tú si jodes! Pero me la devuelves como te la entregué, carro que llega a tus manos, carro que se pierde, te roban, explota o cualquier cosa, me traes esa mierda con o sin Hernán. – Respondió Nelson.

     – Coño ¿vas a seguir con el pobre negro? – Pregunté y me partí de risa.

     – ¿Sí María pregunta? – Preguntó Nelson. 

     – Dile que fui por un helado y ya vengo.

     Entonces sin más rodeos aprovechando que aún no salía el sol, salí corriendo hacía el auto que estaba estacionado cerca del bodegón. Nelson cerró rápido y sin tapujo, entonces encendí esa cosa con miedo a que hiciera ruido, tuve suerte, era un modelo bello su trasmisión y arranque era limpia, casi ni sonó. De modo que agarré mi camino hacía el local con los muchachos.



     Ya al volante agarré hacia la Gran mariscal, tome atajo hacía el mar porque iría vía Marina Plaza. Y me sorprendí de algo, mientras sentía el aire frío de la mañana antes de que se asomará el sol, baje la velocidad para esquivar tranquilamente todos los escombros y esqueletos de automóviles y buses en el camino. Pude ver a lo lejos sobrevivientes, había uno que otro grupito de personas con mochilas corriendo entre las casas y ocultándose entre matorrales, algunos inclusive iban por techo y otros por canales del caño, trataban de ocultarse de mí, quizás me veían como un potencial enemigo, así que no les llame o pregunté nada, solo seguí mi camino. Fue una sorpresa agradable, y me puse a pensar, quizás hay más gente de la que pienso aquí, bueno, era evidente. << Si nosotros estábamos ocultos como ratas ¿por qué otros no? >> De modo que de cierta forma, me dio esperanzas sobre nosotros. 



     Llegue al Marina plaza, todo iba bien, por fin pude darme un respiro, porque sabía que el trayecto que venía era un pueblo fantasma. Recordé que cuando toda esta locura comenzó estábamos pasándola de mejor en el Marina, hablábamos sobre qué tan asqueroso es Venezuela, este hermoso país cuyo gobierno fundió hasta la ruina, el chiste es que ahora estaba peor... << ¡Ja! >> Seguí mi camino, casi llegando al mercado una mujer con al parecer un bebé enrollado en trapos me vio y empezó a pedir ayuda. A mí no me engañaba, aceleré con la camioneta y casi me la llevo por el medio, no escuché bien pero creo que me llamó mamagüevo lo qué es seguro es que saco su supuesto “bebé”, tenía una pistola guardada allí y aunque le dio al chasis no fue nada grave, la perdí eventualmente, ¿Un bebé en esta época? Creo que ni ella se lo cree.



     Logré salir de la zona de escombros y vehículos fantasmas, había llegado a la Virgen del valle, aquí el camino era tranquilo y directo, de modo que aceleré la camioneta a lo que dio, el sol ya empezaba a salir, << Se estaba tardando >> Hacía frío y mi cuerpo lo resentía, temblé un poco por los escalofríos. El número de cuerpos en la carretera se había multiplicado un poco.

     – ¿Pero qué mierda? Solo me fui un día. – Afirmé.

     La camioneta aplastaba restos de cuerpos y esqueletos de ocasiones anteriores como si no hubiera más en el camino. Entonces llegué al local, me paré y pude ver por la ventana desde adentro que Hernán se encontraba apuntando a la camioneta con recelo, se veía algo paranoico, abrí lentamente la puerta y grité:

     – ¡Hernán soy yo!

     Salí y entonces un disparo salió y casi me da,  pude escuchar como conecto contra el suelo.

     – ¡¿Qué te pasa negro?! ¿Te volviste loco? – Le grité. 

     Hernán levantó la mirada y abrió los ojos como platos. 

     – Coño man disculpa, disculpa ¡ES ALDHA! – Gritó hacía abajo.

     – Vamos, lanza la escalera. – Le pedí. 

     – Se la robaron. – Respondió Hernán.

     – ¿Cómo que se la robaron? – Pregunté. 

     – Hay… busca la manera de subir y te explico. – Afirmó Hernán. 

     Tuve que acercar el auto casi chocando contra la pared y subir en el techo de la camioneta, salte para agarrarme de un muro y después contra el otro muro, me sentía mexicano. Una vez arriba entré, y cerré la compuerta. 

     – ¿Por qué tanto salvajismo? – Pregunté.

     Mi cara se volvió la viva imagen de la preocupación al ver a Kamui bañado en sangre y con un brazo totalmente vendado y rojo con vendas más negras que blancas. – ¿Qué demonios pasó aquí? Pregunté. 

     – Amiguito Tss… ja… – Kamui sonrió, pero estaba golpeado como nunca. Megan le estaba limpiando las heridas, y a lo lejos pude ver a una chica desconocida llorándole a un cuerpo tirado en la oscuridad y bañado en sangre, no se distinguía quien era y entonces me alteré y pensé en voz alta. 

     – ¿Dónde está Joan? ¡¿Dónde está Joan?! 

     – ¡Hernán! – Se escuchó desde afuera, Hernán subió y yo le seguí. Era Joan quien estaba afuera buscando medicamentos para Kamui. Lo ayudamos a subir. Pero entonces, ¿Quién era esa chica? ¿De quién era ese cuerpo? ¿Qué había pasado ayer aquí desde que me fui con Jonás?



     La chica se llamaba Samara, tenía veinticinco años, el cuerpo al que le estaba llorando era el cadáver de su hermano menor, Después de que yo me fui con Jonás, ese mismo día en la tarde Joan siguió la exploración solo, consiguió a Samara y su hermano cautivos dentro de la casa de un demente quien por suerte no estaba, de una balazo rompió el cerrojo y los pudo rescatar, el niño estaba traumado, y ella casi totalmente desnuda, era una chica hermosa, solo la imaginación daría pruebas de lo que pudo haber pasado. No había comido en dos días, parece que el desgraciado quien los tenía cautivos murió porque más nunca fue y si no era por Joan hubiera muerto de hambre encerrados allí entre sus propias eses y desgracias, los muchachos les dieron de comer, les ofrecieron agua para que se ducharan y refrescaran, ropa. Agradecido sería poco para expresar como se sentía por haberlos sacado de una muerte segura, Megan curo las heridas del niño, la chica parecía estar bien, más allá de los suaves signos de anemia. Esa noche, mientras dormían no hicieron el rutinario, Las chicas dormían en un lado distinto al de los chicos, Hernán como se había dispuesto personalmente, estaba haciendo guardia, el pequeño entonces se transformó, le paso aquello que tanto tememos y deseamos que no nos pase a ninguno, se transformó y ataco al que tenía más cerca, Kamui. Empezó arrancándole un pedazo del brazo derecho, precisamente el antebrazo,  le araño toda la cara y cuando trato de defenderse, el niño gritando como una bestia furiosa casi le arranca una oreja, las chicas se despertaron y gritaban, no entendían que estaba pasando. Hernán bajo de golpe y se dobló el tobillo, y en la desesperación del momento Joan tomó un cuchillo y mientras el niño le arrancaba pedazos de piel del pecho a Kamui. Joan le clavó al niño el cuchillo en la cabeza matándolo de inmediato, Samara lloró y gritó, por un momento todo pareció estar en perfecto estado y ahora tenía el cuerpo sin vida de su infante hermano entre sus brazos. Todo eso pasó horas antes de que yo llegara, al menos eso me contó Joan. La situación era evidentemente tensa, y mi proposición era alocada, pero tenía que hacerla.

     – ¿Y Jonás? – Preguntó Joan. Me quedé frío con esa pregunta. 

     – Cosas, cosas pasaron Joan, y… << Exhale con fuerza >>... Jonás no lo logró, ya estaba muerto antes de que yo pudiera hacer algo. – Empecé a temblar y hablaba inentendible, los ojos se me llenaron de lágrimas pero más por la ira que por la pena y el dolor de una perdida, estaba enojado, estaba furioso. 

     – Entiendo, no se puede hacer nada. – Afirmó Joan. 

     Hubo un minuto de silencio, lo único que se escuchaba eran los sollozos de Samara. 

     – Me encontré con María, Michelle, Nicole y Nelson, están a salvo, pero no duraran mucho sin comida. 

     – ¿Qué? ¿María sigue viva? – Preguntó Hernán. 

     – ¿Enserio? Aquí tenemos como para tres o cuatro días si los contamos a ellos. – Afirmo Joan. 

     – Lo sé, y tenemos un plan, plan que no creo que alegre muchos, podría morir alguno, o varios, o todos… Pero si se da, no tendremos que preocuparnos más por comida por meses. 

     – Morir estúpidamente o vivir como ratas de las cloacas, yo opto por morir. – Respondió Kamui sonriente en su ensangrentado estado. 

     – No estés hablando. – Lo regañó Megan. 

     – ¿Y cuál es el plan? – Pregunto Joan. 

     – Primero que nada debemos ir con los demás, tienen electricidad, tienen  seguridad, tienen armas, solo les falta comida… 

     – ¿Tienen Ron? – Preguntó Kamui interrumpiendo. 

     – Sí, tienen mucho Ron, es un bodegón. Considero que debemos recoger todo lo que sirva en esta tienda e irnos todos en la camioneta a planear el ataque que haremos. 

     – ¿Ataque? – Pregunto Megan.

     – Hay gente muy mala Meg, gente muy pero muy mala con cosas que necesitamos, son ellos o nosotros y sé que lo sabes pequeña. 

     – ¿Y qué hacemos con Samara? – Pregunto Hernán. 

     – Dudo que esté menos loca que tú que casi me matas, así que llevémonosla. Es obvio que no podemos dejarla sola aquí llorando la pérdida de su hermano. 

     – ¿Cuándo nos vamos? – Pregunto Joan. Su tono era repelente o de dolor, quizás era por haber acabado con las esperanzas de una chica inocente, pero si no hubiera actuado, quizás Kamui hubiera muerto. 

     – Ahora bro, no podemos perder tiempo. – Afirmé. De modo que empezamos a recolectar, empacar y sacar todo con valor, para irnos del lugar, ¿peligroso durante el día? No, no era peligroso era un suicidio, pero de por sí lo que haríamos después era aún peor y mucho más riesgoso, así que ¿Por qué darse mala vida?

miércoles, 16 de agosto de 2017

Capítulo 29



29



     La penumbra se encontraba presente, aquello parecía una escena sacada directamente de una película gótica, era de noche, pero aquel cielo reflejaba un color ceniza, el agua caía a cantaros con lujoso delirio, sería perfectamente justo decir que el cielo se estaba cayendo, los rayos rompían y reventaban en el suelo trayendo consigo ruido a nuestro sepulcral silenció. Lo que debió haber sido un bonito reencuentro se había convertido en una fúnebre despedida, algunos lloraban, otros solo callaron, porque tan solo hace una hora Indriago había muerto, el amigo que se abalanzo al rescate como nuestra única esperanza para salir de aquel mortífero lugar, cumplió su misión y a su vez murió. Algunos no entendía lo que estaba pasando, yo no era la excepción, no les miento. Me encontraba junto a María y Nicole, mi pequeña novia y su prima, se encontraban a mi lado, pero no había tiempo para abrazos o saludos, lo que se sentía era tenso, no importa cuántas veces muriese un amigo, siempre era doloroso verlo. 

     ¿Cuántos meses habían pasado desde que nos encontrábamos viviendo este infierno? Y aún, aún era doloroso. 

     Nelson estaba con Michelle en la sala, no estaban haciendo nada, veía que Nelson en particular respiraba profundo, buscaba las palabras que decir para romper la tensión, pero se callaba, porque simplemente no había nada que decir o hacer. Nos encontrábamos seguros dentro de una tienda que parecía solo estar llena de alcohol, aquello era el bodegón el cual Nelson me había platicado en pasadas ocasiones, maldita sea tenía tantas preguntas, estaba deprimido y emocionado al mismo tiempo, quizás una conducta demasiado hija de puta para la situación del momento, pero así me sentía. 

     – Daniel era, era un gran sujeto, nunca, realmente nunca le pedimos nada, pero siempre veló por ayudarme a mí y sobre todo a mi novia, jamás tuvo porque, pero siempre nos dio la mano.– Esas fueron las palabras de Fabio, aquel chico que parecía ser amigo de Indriago y el cual escapó con nosotros durante su desenlace final, la novia de Fabio, Carla, empezó a llorar, no teníamos idea que clase de relación existía entre ellos dos e Indriago, pero parecían ser buenos amigos, realmente buenos amigos. Naturalmente pregunté:

– ¿Qué clase de relación tenía con Indriago?–

– Mínimo no.– Afirmó Nelson repentinamente, estaba serio, realmente me pareció bastante extraño.

– A Daniel lo conocimos solo hace unas semanas, nunca supimos mucho de él, yo y Carla nos encontrábamos huyendo de una horda de salvajes.–

– ¿Comegentes?– Pregunté.

– Sí, como les llamen, aquellos caníbales putrefactos, recuerdo que la horda era inmensa, debían ser al menos veinte de ellos, eran rápidos, casi nos acorralaban entonces él grito “Hey, por aquí” cuando volteamos a ver, era aquel alto chamo que nos gritaba desde la seguridad de una casa, era él, Daniel Indriago, nos abrió las puertas del portón de aquella vieja pero gran casa y gracias a ello pudimos escapar de los salvajes. Escuchábamos todos con silenció y respeto, nada de interrupciones, y de hecho, nos familiarizábamos más con él.–

– Recuerdo que no confiaba para nada en él. Inclusive, nos ofreció comida y le dije a Carla que no comiera, aunque nos estuviéramos muriendo de hambre, no fue hasta que casi desfallecíamos que sin más opción confiamos en él, y desde entonces, nos entablamos como una familia, recolectábamos y nos cuidábamos los unos a los otros, pero ese modo de vida no duro más de cinco días… Capturaron a Carla los dementes asquerosos del estadio, Indriago y yo tratamos de hacer lo posible para salvarla, pero eran muchos, no sé si eran ocho o eran diez en el momento que se llevaron a Carla, pero  << Fabio empezó a llorar mientras contaba >> –… Pero sin miedo a sus armas entablamos búsqueda, ese mismo día en la noche encontramos su base, al lado del estadio, cuando Daniel y yo llegamos dos de esos perros estaban violando a mi Carla… – << Ella ocultaba su rostro con su largo y negro cabello mientras él contaba lo sucedido >>

– Fabio se quedó paralizado e Indriago fue quien con un pico ataco a los dos cerdos aquellos…–Afirmó la chica mientras moqueaba un poco. Hubo un aletargado silencio y María pregunto.

– ¿Y qué paso después?–

– Daniel había matado a los dos sujetos, y parecía estar muy alterado por lo que hizo, veía sus manos ensangrentadas con tanta sorpresa que se estaba hiperventilando. Entonces llegaron más sujetos, y me aprisionaron a mí y a Carla…

– ¿E Indriago?– Pregunté.

– Lo volvieron uno de ellos… – El silenció volvió a hacerse presente, Fabio tosió. Pero no fue más que una pausa para retomar la historia. – Él no era un asesino, de modo que para evitar que lo mataran a él, y negociando con los sujetos para que no nos mataran a nosotros, decidió quedarse y apoyarlos, claro que él no participaba en asesinatos, pero por lo que le contaba a Carla y a mí de vez en cuando hacía de carnicero, le lanzaban los cuerpos y bueno… Todos sabemos lo que hace un carnicero. Estuvo así toda una semana, alimentando a esos cerdos caníbales insaciables, pero en cada día de esa maldita e infernal semana, planeábamos nuestro escape… Tú te viste involucrado en ese escape por casualidad. Afirmó mientras me apuntaba a mí. 

–  Y esa es nuestra historia con Indriago, no parece mucho, pero realmente le teníamos un fuerte apreció. – Afirmó Carla.


     Retomando el silenció ya la conversación había acabado, no sabía si era un minuto de silencio hacía los caídos o quizás era la hora. Sin luz o reloj era difícil saber con exactitud qué hora era, pero debían ser más o menos las cuatro y media de la mañana, me encontraba conversando con María luego de tanto tiempo, nos abrazamos, nos reímos a pesar de estar sumergidos en mierda. Era una situación agridulce, entre felicidad y tristeza, siempre bajo el amparo del respeto. Ella quería contarme todo por lo que habían pasado desde la última vez que nos vimos, y era natural, pero se le veía muy cansada, casi no podía con su cuerpo.

– Ve a dormir un momento por favor. – Le dije.

– No, ¿sabes qué tiempo llevo esperando volverte a ver, te creía muerto aunque…– Le tapé la boca y no la dejé continuar.

– Mañana me cuentas todo.

– ¿Y tú no piensas dormir? – Preguntó.

– Yo si te puedo asegurar que no tengo sueño. – Con esas últimas palabras la lleve a la colcha en uno de los cuartos del bodegón para que durmiera, Nicole y Michelle ya estaban durmiendo convenientemente, por otro lado Fabio y Carla se encontraban descansando en su privacidad en una esquina sin molestar a nadie. Normal, aún no tenía la confianza suficiente como para hacer más.

– Taishou.– Le dije a Nelson quien estaba viendo algo en un monitor, se le veía muy serio, triste sobre todo, él siempre a pesar de su forma de ser ha sido una persona con muchos pesares, pero ahora en su mirada no podía aparentarlos, estaban allí y sabías que estaba mal.

– ¿Los tierruos no mueren verdad? – Preguntó.

– JA… << Resople >> A qué se debe tanta tristeza Nelpastel.

– Bueno no sé si te has dado cuenta de qué todo el mundo se está muriendo, casi no hay recursos, los pocos que siguen vivos se están volviendo locos, asesinos caníbales y de paso llegaste tú pa’ terminarla e’ cagarla. – No dije nada, pero ese comentario tan natural me hizo darme cuenta de que no estaba tan mal como yo pensaba, presento una larga pausa y exhaló – Ayer mataron a Ángel y a Luis Elías…

– ¿Perdón? – Pregunté sorprendido.

– Tú me preguntas porque me veo así, porque estoy mal, no me importa que el país este sumergido en una mierda, qué quizás toda mi familia está muerta, que si no me quedaba nada AHORA ME QUEDA MENOS, pero, hoy murió Jonás, ayer Luis Elías y Ángel, ¿Entonces qué? ¿Mañana quién? – Afirmó Nelson y realmente se le veía un poco destruido.

– Sí, de paso también Indriago.

– ¿Y ese  a quien le importa?– Interrumpió.

– Mamaguevo ja… – Reí un poco.

– Lo siento, pero es qué coño, ¿Qué más quieren de mí? ¿Por qué no me matan de una vez? – Preguntó en retorica Nelson.

– Mano, si yo sigo vivo…–

– Verga sí, tú eres peor que una cucaracha.– Me reí de su comentario, aunque no mucho, me dolía la cabeza, “¿Así que Ángel y Luis Elías también eh?”

– ¿Y qué sabes de los demás?– Preguntó Nelson.

– En un refugio por la Trimestral estamos los otros sobrevivientes, Joan, Kamui, Megan… Solo que ellos deben pensar que Jonás y yo debemos estar muertos, jajaja…– Hubo otro minuto de silencio, – Jamás debí dejar que Jonás viniera conmigo, imaginé que quizás podríamos toparnos con un grupo de comegentes y los mataríamos rápidamente, pero, ¿caníbales? ¿Cómo me hubiera esperado eso? Es… Es mi maldita culpa que esté muerto.– Afirmé.

– Fuera de juegos, dudo que sea tú culpa, y conociendo a Jonás, seguramente se ofreció a ir contigo voluntariamente, sin embargo, Ángel, Luis Elías no tanto, pero Ángel está muerto por mi descuido estúpido…

     Veía a Nelson con la cara reflejando una sarta de dudas, y antes de que pudiera decir algo el abrió la boca.

– Después de qué nos separamos decidí venir aquí, me pareció el mejor lugar entre los pocos que había, comida, fuente de poder, protección con Santamaría, pensamos que tú y más aún Joan habían muerto, aunque María por lo menos no perdía la fe de que siguieras aún con vida. Cuando llegamos tuve la suerte de qué uno de mis primos estaba refugiado aquí, él fue quien nos abrió las puertas y todo el chiste... También murió, es como si hubiera resistido solo para entregarme las llaves, estaba enfermo, mi tío le había despedazado a mordidas partes del cuerpo y se le infectaron, se trató con alcohol pero se murió el marico ese. – Nelson apretó los puños, lo decía a la ligera, pero cada vez que mencionaba a un muerto se enojaba. – Perdí la noción del tiempo hace mucho realmente, no sé qué tiempo ha pasado, ni siquiera recuerdo cuando llegamos aquí, pero te puedo decir qué cuando llegamos todo estaba chévere, había comida, suficiente gasolina para la bomba, así que también teníamos luz eléctrica, teníamos armas, una perfecta barricada… María fue quien propuso un grupo de exploración para buscar más comida y recursos, y es que si es por mí, gastamos todo y ni cuenta me doy. En las búsquedas nos topamos con Luis Elías, se encontraba sobreviviendo solo, me dijo que llevaba tiempo buscando a alguien, pero solo veía a locos que lo intentaban cazar, estaba bastante sucio y enfermo cuando lo encontramos, de modo que lo pusimos en una cuarentena improvisada, quien se hizo cargo de él fue la primita de María, a pesar de todo, seguíamos manteniéndonos bien, no nos faltaba la comida, la gasolina, productos de higiene, recargábamos agua en las casas cercanas, no nos faltaba una mierda, pero pronto el agua empezó a dejar de fluir en la zona, la gasolina se volvía más escasa cada vez,  puedo decir que literalmente estábamos en la mierda cuando nos topamos con Ángel.

– ¿Cómo fue eso?– Pregunté,

– Casi llegando al peñón, lo vimos por coincidencia, tas’ claro que Cumaná es chiquita es un pueblo, como sea, Ángel estaba reventándole la cabeza a pedradas a Angélica contra la carretera, ella se había vuelto loca, trataba de comérselo y no reaccionaba a nada, él trato de controlarla pero cuando le arranco un pedazo de oreja fue que no aguanto e hizo lo que hizo, BUENO, eso dijo él, sabrá Dios si es verdad o qué, bueno el punto es que nos topamos con él, trató de darnos explicaciones y tal, pero no nos importaba realmente, afín de cuentas nada más éramos Michelle y yo, María se había quedado con Nicole cuidando a Elías, más bien, Nicole a Elías y María a Nicole.–

– Marisco que bien, la imagen la hubiera destruido.– Interrumpí.

– ¡Sí mamaguevo! Por qué la misma imagen no destruyo a Michelle… Ahhh…– Exhaló. – Luis Elías se había mejorado, Ángel  se había unido al grupo, habíamos en contratado un pequeño galpón con alimentos, al menos para andar tranquilos un mes, pero adivina qué.

– ¿Comegentes?– Pregunté.

– Peor, aquellos malditos mamaguevos de mierda… los de hoy, con Indriago. Ya sabíamos de su existencia y de lo peligrosos que eran, de modo que ya para entonces cazábamos de noche porque el día le pertenecía a esos marginales, pero dio la coincidencia de qué justo la noche qué fuimos por las cajas de comida, cuando cargábamos la camioneta de comida se apareció un grupo, no sé cuántos eran, pero era un coñazo y estaban en moto. Ángel y yo estábamos sacando unas cajas cuando escuchamos el disparo, le dispararon sin pensar o advertencia a Luis Elías, cuando escuchamos el tiro tan cerca, Ángel y yo no hicimos más que pegar a correr y efectivamente nos burlamos a un par que sé llego frente a nosotros, si no empujamos esa mierda entre los dos nos plomean como unos mariscos también, cuando voltee a ver veo que los que tumbamos estaban llamando a más, y veo como aquel coñazo de motos con su gente nos siguen, dejamos la camioneta medio cargada de comida en esa vaina, y si no es porque saltamos pa’ una urbanización y después agarramos pa’ unas veredas nos agarran o plomean feo…

– ¿Y estás seguro de qué Elías está muerto? ¿Viste su cuerpo o algo?– Pregunté, Nelson se apretó las cejas.

– Mano, cuando voltee a ver como un marico vi un cuerpo tirado allí, de la cintura para arriba no se veía por la camioneta pero esos pantalones y esos zapatos son los mismos que tenía Elías, además ¿Quién coño e’ la madre más podría ser? No es como si hubiera mucha gente andando por ahí. –Añadió.

– Mano, cálmate.– Agregué.

– Perdón, pero que arrechera, todo se fue esa noche maldita sea, por eso ahorita estamos como estamos, en estos dos días solo he comido una lata de caraotas y un poquito de arroz que hicimos para todos.– 

– ¿Y qué pasó con Ángel?– Pregunté, Nelson me quedó viendo.

– Lo maté por mí misma arrechera…

– ¿Perdón?– Pregunté.

– Deja y te explico, cuando llegamos a duras penas, más sudaos’ y jodidos que el coño no sentía más que arrechera, y no me dio nada más que planear el cómo hacer que no saliéramos tan jodidos… ¡Y la cagué! Eso fue…–

– ¿Cómo que la cagaste man?–  Pregunté.

– Mi plan fue ir a la base de aquellos hijos de puta con solo una pistola con tres balas, y una navaja a robarles a esos coños de madre, iba a robarles las armas y la comida hasta dejarlos desvalijados, y le rogué, fastidié que jode a Ángel para que fuera conmigo porque sabía que solo me iban a joder, y el otro día en la noche, se hizo lo que el pendejo de Nelson quería…

– Mano cálmate, cuenta tranquilo.– Le dije a Nelson quien estaba demasiado exaltado. Se tomó un momento para respirar profundo, y decidió continuar contándome.

– Aquella noche, justo al otro día de que mataran a Luis Elías, Ángel y yo nos fuimos a la base aquella, no sé qué hora era, pero era burda de tarde marico, calculo yo las cuatro de la madrugada Ángel no quería ir, insistía que era demasiado pronto, pero el hambre le estaba también jodiendo, así que no tenía de otra, la base nos quedaba relativamente cerca del bodegón así que para evitar hacer ruido nos fuimos caminando, no tardamos mucho en llegar, había un solo guardia en la entrada, y estaba dormido, a ese lo agarré con la navaja en la cien, murió rápido pues, lo revisamos pero no tenía ningún arma, lo que si tenía encima eran las llaves de algo, llaves que descubrí eran de una camioneta que estaba estacionada en todo el frente, hice algo previo que por más que lo pienso no puedo pensar más que una malísima idea, pero a la larga creo que funciono, probé las llaves de la camioneta y al darme cuenta de que encajaban para no hacer ruido no lo encendí y de paso, dejé las llaves pegada. Seguimos hacia dentro, y en el primer cuarto encontramos un coñazo de armas, un fal, metralletas, pistolas y municiones, y bueno, pensamos ¡La hicimos! Llevamos todo ese mierdero para la camioneta, que ahora que me acuerdo era la misma camioneta con la que fuimos a buscar las cajas de comida… Cuando pusimos aquel coñazo de armas en la camioneta Ángel me dijo “Mano la hicimos, vámonos de aquí” pero le dije que no podíamos irnos hasta que consiguiéramos comida, ya por ahí, su bienestar se vio afectado por mí, así que sí pasaba algo a partir de aquí sería mi culpa por ambicioso, pero no, no pasó nada, ambos cargábamos una metralleta por si las cosas se complicaban, y yo, pues a fuerza de cuchillos estaba barriendo a los que habían en la entrada, por suerte cada quien por su lado, no había ningún junto a otro, Ángel y yo estamos en media imagínate, para no hacer ruido innecesario, conseguimos al ratico una caja del Clap y no esperamos, montamos esa mierda en la camioneta y nos devolvimos, “ Loco vámonos “ me dijo Ángel de nuevo, pero fui ambicioso, eran como veinte cajas, y solo habíamos conseguido una, debían haber más por allí, de modo que le dije que confiara en mí, y allí, allí fue cuando la cagué, caí a navajazo a uno, pero el carajo se despertó justo antes de que lo matara y pego un grito, eso despertó a los que estaban cerca y me alteré, empecé a echar tiro como si las balas fueran infinitas, sombra que viera, plomo que llevaba, y bueno, Ángel conmigo, pero entonces nos lanzaron una granada, UNA MALDITA granada… ¿de dónde unos malandros sacaron una granada? Bueno, empezamos a correr, y por correr y césar el fuego ahora nos estaban baleando a nosotros, me devolví para echar tiro, pero el peine no duro mucho, se acabaron las balas de la metralleta mía y lancé esa mierda al piso, llegamos a la camioneta Ángel se montó atrás disparando para mantenerlos a raya y poder yo arrancar tranquilo, y bueno, tuvimos suerte, la camioneta aún tenía gasolina, nos fuimos pal’ coño, por si nos seguían agarré para la gran mariscal y de allí crucé y agarré para le Marina, di un poco de vuelta hablando solo…– La mirada de Nelson se había vuelto vacía.

– ¿Le dieron a Ángel verdad?– Pregunté.

– Yacía muerto desde hace rato, tenía un disparo en el ojo, y no, no digas que no fue mi culpa porque te golpeo…– Nelson se tapó los ojos y después empezó a rascarse la cabeza. – Luego bueno, en la tarde ya, la misma tarde de hoy, fue que llegué al bodegón, bajamos las armas y la caja de comida, hicimos una comida horrible allí y eso… La noche de ese día armados como unas perras María y yo decidimos suicidarnos básicamente, íbamos a matar a ese poco de marginales y a recuperar lo que quedaba de comida, eso o morir como unos pendejos, y allí te vimos, en resumen, estaba feliz hasta que llegaste, pero bueno, la vida es bella, el feo eres tú y hay que seguir pa’lante.–

– ¿Tan desesperado estás?– Pregunté.

– ¿De qué hablas?– Preguntó Nelson.

– Recuerdo que te pedí que protegieras a las muchachas, ¿y dejaste solas a Nicole y Michelle que son carajitas y te arriesgaste junto con María por una estupidez?– Pregunté indignado.

– ¿te salvamos no?– Preguntó chocantemente Nelson.

– …–

– No te lo tomes tan literal Aldha, por suicidarnos me refiero a qué no lo íbamos a tener fácil, pero sabes que necesitábamos hacer eso, y aún pienso hacerlo, esos marginales no tienen derecho a seguir viviendo, y además tienen recursos que necesitamos, sabes que son ellos o nosotros…– 

– No digo que no, ¿pero por qué no esperar a ser más personas?– Pregunté. 

– Porque para mí hasta hoy estabas muerto, Joan, Kamui y Jonás también lo estaban así como sí lo estaba Ángel y Luis Elías… Sí esperaba un día más era darles un día más para prepararse, ellos tienen como, nosotros no, cada vez somos menos.– Afirmó Nelson, aquellas palabras me callaron la boca, de modo qué solo aparte la mirada me levante y dije.

– Me voy a dormir Nel… Y recuerda, si quieres volver a intentarlo, cuentas conmigo.– Sin más me retiré a descansar un poco.

viernes, 16 de junio de 2017

Capítulo 28





28


     Penumbra, era lo único que pasaba por mi cabeza, parecía estar en un calabozo obscuro y mugriento. ¿Estoy solo? Pensé, en la lejana obscuridad avasallante escuche un castañeo, eran los dientes de un sujeto y forzando mi vista y esperando que mis pupilas se acostumbraran a la oscuridad, noté vagamente que se trataba de Jonás, no tenía ni puta idea de que estaba pasando, dónde estábamos o si él estaba bien, pero si me di cuenta de algo inquietante, no éramos los únicos. En aquel cuarto parecía haber más personas que solo nosotros dos. Una puerta se abrió, la luz enceguecedora vislumbró una habitación plata llena de personas encadenadas, nosotros formábamos parte de ello. De la misma una sombra se hizo presente, aquel era un hombre musculoso y mugriento, se acercó a un patético y tembloroso hombre esbelto que se encontraba encadenado frente a él, el pequeño hombre le devolvió la mirada y se alteró al ver aquel mamut frente a él, tenía un cuchillo de carnicero enorme en una mano y una llave en la otra. 



     El hombre gritó y lloro, “No por favor, por favor no… ¡YO NO!” Gritó y gritó, entonces aquel monstruo levanto la mano y clave aquel enorme cuchillo justo en su cabeza, la sangre salió a cántaros bañando en negro y rojo al pobre sujeto, todos los presentes  a su alrededor gritaron y lloraron, los sollozos de algunos otros más se escuchaban a lo lejos, ¿qué demonios estaba pasando? Pensé. Entonces delicadamente usando la llave el mamut aquel abrió las cerraduras del ahora cadáver ensangrentado y montó su exánime cuerpo sobre sus hombros, como si se tratase de un animal muerto. “Parecemos ganado” Pensé, y entonces todos se aclaró para mí,  ya sabía de qué se trataba esto, debía ser eso, todo apuntaba a lo mismo, efectivamente debíamos ser ganado, por eso no nos mataron en aquel instante, por eso toda esta gente. Casi no me inmute ante esta situación, pero me sentía parecido a aquella vez por el terminal, cuando aquel imbécil me secuestro en el mercado. Mi respiración se hacía más fuerte, me estaba sofocando, en un impulso de supervivencia trate de mantener la calma. 

      – Jonás, Jonás… Jonás despierta viejo… – Afirmé, pero el mismo no respondía, un pequeño brillo en su reflejo oscuro me hacía ver que estaba despierto, pero estaba en shock, empecé a patearlo, él estaba lo suficientemente cerca como para hacerlo, – Despierta maldita sea, tenemos que salir de aquí.– Le grité, empecé a ver a los lados, pura maldita oscuridad, no podía distinguir nada además de Jonás, << Y Vagamente por cierto >>¡MALDITA SEA! – Grité, pero Jonás no se inmutó. Yo empezaba a sudar, me estaba alterando mucho, pero eventualmente sucumbí.



     No sé qué hora era, sé que dormí, pero no sé con exactitud qué tiempo pasó desde entonces, me dolía mucho la cabeza, debió ser por gritar, quizás por estar encadenado con las manos arriba, ya me hormigueaban y temblaban por el mal flujo de sangre, voltee a medio ver a Jonás, parecía estar despierto.

     – Sabes, yo… yo también tengo miedo, pero no es la primera vez que paso por esto, incluso así, pensar que podría morir en cualquier momento, por más frío que lo diga, sigue doliendo, pensar en tu propia muerte, es doloroso… Da impotencia, pero no todo está perdido, todavía podemos salir de aquí pa’ Pero necesito tu ayuda, necesito que estés conmigo viejo. Uno no podrá hacer nada contra ellos, pero quizás los dos…– Callé, mis palabras no llegaban a nada y, entre más hablaba, menos me lo creía yo mismo, mis ojos se llenaba de lágrimas que negaba dejar salir, el vacío que se siente cuando piensas en la muerte jamás había sido tan grande como ahora. Pero no podía hacer nada. María, me pregunto si estás viva. Pensé, entonces un fuerte golpe abrió la puerta  de la habitación, entraron muchos hombres armados y encendieron la luz, la luz me encegueció de modo que entrecerré los ojos, pero pensé, “estos desgraciados hasta tienen generador” 

      – Hora de comer ¡Párense! – Afirmó uno, Pusieron una gran olla en medio del cuarto, nada de platos o cubiertos, solo esa olla de lo que parecía ser sopa. Apestaba, decir que olía como el culo sería una ofensa al mismo, era mierda. Uno se acercó a mí, no pude evitar petrificarme, mi respiración pasó de profunda a nula, era como si  fuese un T-rex, y yo el explorador manteniendo la calma. 

     – Esté está muerto. – Afirmó el hombre, lo dijo justo a mi lado, mi curiosidad me impulsaba a voltear a ver, mi cuello temblaba, pero podía hacerlo, seguí inmóvil. 

     – Agarrarlo pues, aún sirve. – Afirmó otro de los hombres aquellos, en ese momento el tiempo se congelo, escuchaba como las cadenas hacían ruido y como el hombre a mi lado hacía esfuerzo para montárselo encima. 

     – Esté mamaguevo está muy gordo, no lo puedo cargar. – Afirmó el hombre, de modo que empezó a arrastrar el cuerpo, yo seguía inmutable, pero era cuestión de tiempo, pude ver lo que ya sabía, me temía y no quería aceptar, era Jonás, estaba muerto y lo estaban arrastrando como si fuera un pedazo de carne, un vacuno, algo así. Mi respiración se salía de control, empezaba a temblar, ira, pena, miedo, ¿cómo debía sentirme entonces? No hice nada. 

     – Quítale las cadenas. – Afirmó el que parecía ser el líder del grupo, entonces nos apuntaron con sus armas, Kalashnikov Ak 103, era armamento bolivariano, entonces uno a uno empezaron a liberarnos.

     – Dónde está mi mujer, ¿qué le hicieron a mi mujer?… – Afirmó un hombre de no más de cuarenta años, se veía desesperado y enojado, aunque temblaba de miedo al mismo tiempo, le apuntaron con un arma, y entonces el que lideraba le dio la orden de que no lo hiciera, aquel hombre dio unos pasos y le dijo. 

     – ¿Tu mujer? Aquella perra como goza conmigo desde que me la lleve, ¿sabes? Le encanta columpiarse en mí, sobre todo le gusta que le den entres tres al mismo tiempo… – Los sujetos armados que se encontraban atrás empezaron a reír desmesuradamente. 

     – ¡Mentira! – Grito el hombre quien se abalanzo hacía el líder, pero este lo pateo con tal fuerza que le desvió la mandíbula y lo dejó en el piso llorando. Aquel hombre en el piso lloraba y sangraba diciendo una y otra vez, “mentira, mentira, mentira…” Aquello era una imagen tan deprimente que no tenía pies o cabezas para definirla. 

     – Dos días, esa comida será lo único que tendrán en dos días, así que no la desperdicien. Mañana vendrá un grupo a encadenarlos de nuevo. – Afirmó el sujeto, quien sin más se marchó, cerró la puerta y aunque dejo la luz encendida, también solo dejo nada más que tristeza y desesperanza, aquel lugar maldito era sucio y caluroso, era patético, y yo pertenecía a aquello. 



     El bombillo amarillento titilaba, las tripas gruñían y entonces la gente no aguanto, algunos empezaron a comer, agarrando aquel purulento caldo con sus manos y tomándolo con aquel desespero, uno inclusive metió el brazo hasta adentro y agarro un pedazo de carne velludo y empezó a mordisquear con furia. Algunos que veían el festín holocaustico simplemente se fueron en vómito, pero no les salía más que agua, otro metió el brazo también, rebusco en medio del sancocho y tomo una cabeza, una evidente cabeza humana, la lanzo fuera de la olla hacía la puerta y la gente gritaba y vomitaba, más claro imposible, aquello era un purulento festín canibalístico,  no aguanté. 

     – ¡Tenemos que salir de aquí! – Afirmé, había más o menos doce personas presente, contándome. – vamos, esos tipos son unos idiotas, nos dejaron libres a nuestras anchas a un grupo así de grande, podemos escapar. – Afirmé nuevamente, el hombre a quien le voltearon la mandíbula afirmó casi inentendible 

     – Ellos tienen armas… – Volteaba a los lados y solo veía desesperanza en sus rostros. 

     – Dijo que mañana enviarían un grupo, si todos, todos nosotros que somos más de diez nos lanzamos ante ellos podremos por lo menos quitar un arma para defendernos, ¡No estoy diciendo que todos vallamos a lograrlo pero…! Pero si eventualmente todos vamos a morir, si aunque sea una parte logra salir valdrá la pena. – Afirmé, uno de los que comía se detuvo y me confrontó en habla. 

     – Oye… Héroe, ¿y acaso tú sabes disparar una de esas? Te vez muy confianzudo.

     – No soy un héroe… Y sí, sí sé disparar una de esas. 

     – Bien, pero ¿solo tú? ¿Qué haremos si mueres? ¿Terminar muertos todos por ti? Qué tal esto, Soy nuevo aquí, me hago el héroe y le digo a todo el mundo que se disparar una metralleta, así darán su vida para protegerme y yo podré salir ileso de aquí. ¡Eres un pendejo si crees que alguien te va a ayudar! – Afirmó aquel hombre, quien siguió comiendo después de hablar. Hubo un rato de silenció, literalmente me calló la boca, pero no podía dejarlo así. 

     – No estoy pidiéndole a nadie que me salve, solo quiero que nos unamos para hacer algo, y considero que cada quien debe estar por su lado, ¡Quienes quieran convertirse en caníbales y esperar unos días a ser los próximos en ser comidos! ¡Si quieren! Quédense con este idiota, quienes quieran intentar algo, aún podemos hacerlo. – Afirmé sin escrúpulos. Pero nadie me hacía caso, mis palabras eran basura omisa, y era entendible, allí había gente que había presenciado horrores antes, había personas que habían visto pasar a otros como yo, que quisieron intentarlo y fracasaron, puta mierda. Pensé.



     Pasaron las horas, la olla debía estar más o menos la mitad de su contenido total, debía ser de madrugada, yo estaba dormitando, bostezaba una y otra vez, entonces alguien abrió la puerta. La cautela y la paciencia con la que abrió la misma no tenía nombre, definitivamente no era uno de los salvajes, medio desperté y me puse en guardia, entonces se asomó un ser conocido, muy conocido por mí. Tenía el cabello un poco largo y estaba un poco más delgado, pero su cara, era él. Era Indriago a quien había dado por muerto. Uno de los chicos que estábamos como prisionero se levantó rápidamente y le susurro 

     – Daniel, Daniel hermano, ¿ya es hora? 

     – Sí, sí, ya nos vamos, Carla está conmigo… – Afirmó Indriago. 

     – Mano, ¿y yo puedo ir? – Pregunté, entonces voltearon a verme, Indriago puso sus ojos como platos y susurro fuertemente 

     – ¿Aldhair? ¿Qué coño haces tú aquí?...



     Se había prendido demasiado está mierda, por Indriago supe que eran las tres y treinta de la madrugaba, estaban durmiendo todos, no sabía qué demonios estaba pasando, por qué Indriago tenía las llaves de los cerrojos y conocía tan bien el lugar, era como si perteneciera a aquel grupo de mamuts. Estábamos en alguna parte del quinto coño, no sabría explicarlo, yo pensé que nos encontrábamos en los tras bastidores del estadio, pero no. 

     – ¿Qué pasará con los otros? – Preguntó la chica con quien íbamos. 

     – Esa gente no se valora, ya estaban muertos antes de venir aquí. – Afirmó Indriago, recuerdo que me dio risa porque fue irónico que él lo dijera. Pregunté susurrando dado a que teníamos que ir con mucha cautela. 

     – Oye Indriago ¿No tienes un arma?  

     – No realmente, pero tengo un cuchillo. 

     – ¡Indriago eso es un arma! – Grite susurrante. 

     – ¿Me la prestas? – Pregunté. 

     – Tómala, no pienso volver a usar esa cosa jamás. – Afirmó, preferí no preguntar. 

     – Hay un guardia en el pasillo, pero aquí todos son flojos está durmiendo. –  Afirmó Indriago. 

     – Yo me encargó. – Susurré. De modo que les hice señas a los muchachos para que no se movieran, estaba descalzo porque me habían robado los zapatos aquellos idiotas, pero era más ventajoso para mí, no hacía ruido, con cuchillo en mano me acerque a su asiento y sin apatía o duda clave el cuchillo con todas mis fuerzas en su sien al mismo tiempo que cubría su boca por si acaso. Estaba listo, le hice entonces seña a los muchachos para seguir el camino, obviamente Indriago se adelantó, él era quien conocía el lugar. 

     – Lo mataste. – afirmó la chica. 

     – No seguiría vivo hoy en día si no hubiera ya matado a unos cuantos. – Afirmé. Lo único que me molesto es que aquel pseudoguardia  de mierda no cargaba un arma encima. De modo que volví a sacar el cuchillo como nuestra única arma. 

     – Allí muchachos, allí esta salida, por fin se acabó esta mierda. – Susurro Indriago, corrimos entonces hacía las afuera, el aire estaba fresco y limpio, la luna brillaba como un maldito oasis. Corrimos, solo escapamos de aquel puto infierno. 

     – ¡Alto o disparo! – Gritó uno atrás, no nos dimos cuenta de él, sabrá el demonio que rayos hacía afuera aquel sujeto, pero empezó a dispararnos, corrimos con todo pulmón  a dónde fuese, nada importaba, aquel idiota se montó en su moto y atrás se veía un hombre desnudo a quien le temblaban las piernas e inútilmente empezó a correr, << Se lo debió haber estado cogiendo. >>  Como sea, teníamos a aquel imbécil en su moto atrás disparándonos sin cesar. Un auto aparentemente blindado venía hacia nosotros, ya teníamos bastantes problemas como para cultivar otro. Entonces unos disparos le dieron a Indriago, el mismo cayó al suelo, y yo me detuve para verle, del blindando dispararon también y le dieron en toda la cabeza a nuestro perseguidor. Pero lo ignoré, quienes eran los del blindado, me sabía a mierda, tenía a Indriago frente a mí, cubierto de sangre, le dispararon en el cuello, pulmones y el corazón, todo desde la espalda. Esperaba que dijera algo, pero estaba muerto, estaba completamente muerto. Fue instantáneo. De pronto todo se ensordeció para mí. Casi no escuchaba nada. Entonces fueron poco a poco aclarando unos gritos, gritos que se hacía cada vez más familiares.

     – ¡Sube rápido que ya se debieron haber despertado! ¡Sube! – Lentamente volteé a ver quién me gritaba, el shock de perder otro amigo no me dejaba reaccionar bien. Pero no perdí la cordura o la compostura, porque al ver que quien me estaba gritando no era más que Nelson, y bajando del blindado se encontraba María armada con un FAL. Perdí poco a poco la conciencia, no me había dado cuenta de que una bala también me había dado a mí.

jueves, 1 de junio de 2017

Capítulo 27

27



     El sol entraba por los agujeros del techo de aquella vieja casa clásica, portaba un estilo anticuado, algo antiquísimo que recordaba a la época colonial, esas grandes ventanas y aquella exageradamente enorme puerta, un bribón rayo de luz se proyectó justo en mi ojo y me levante sagaz e hiperactivo porque recordé que la noche anterior caí sin darme cuenta, me había quedado dormido y no recuerdo haber hecho el protocolo de sueño, no tenía vendas ni estaba amarrado, si me hubiera transformado en un comegente en la noche le hubiera costado la vida a muchos, era un descuido que no volvería a cometer…  

     –  ¿Sigues vivo chango? – Pregunto sentado a lo lejos en aquella gavera sucia Kamui, quien se veía repuesto y bien despierto.

     – ¡Hermano! ¿Cómo estas vale? – Pregunté evidentemente ante mi preocupación. 

     – He estado mejor y también he estado peor Aldhita, lo importante es que he estado. – Respondió con buen ánimo y empezó a estirarse. 



     Fui a la sala y me alivie al ver que allí, echados como cerdos de granja se encontraban aparentemente en estado de mucha paz Meg, Joan y Jonás, era hasta enternecedor poder verlos dormir tan apaciguadamente, preferí no despertarles para que retomarán la mayor cantidad de fuerza posible, yo estaba más que excelente así que no necesitaba descansar más, me tome la molestía de ir a la cocina para ver si podía prepararle algo a los muchachos y aunque no estaba vacía, ciertamente todo estaba podrido, lo que no se pudría fácilmente como los granos y esas cosas estaba celosamente bien comido por ratas e insectos rastreros.

     – Puta mierda. – Afirmé en voz baja.



     Rato después me encontraba conversando con Kamui en el suelo viendo a través de la ventana la cual nos dimos el lujo de abrir, solo para ver el panorama “Hermoso” de afuera, la calle hecha mierda, uno que otro comegente pasajero moribundo, a veces que se veía una moto a lo lejos, pero eso era lo divertido, Cumaná ya no era el centro de un enjambre zombi caníbal como se diga, tampoco era la cumbre de la violencia pandillera post-apocalíptica de un libro de ficción, ahora era un hueco vacío, las únicas veces que sentías que el lugar estaba vivo era cuando pegaba una ventolera, y sin embargo solo hacía un eco que agradaba el aire a soledad de la misma. Los muchachos se despertaron, voltee a verlos.

     – Ya era hora ¿no? – Les pregunté en tono de regaño. Se estrujaban los ojos y caminaban como verdaderos zombis.

     – Quisiera cepillarme. – Afirmó Megan.

     – ¿Cepillarte? ¿Esos lujos todavía existen? – Reafirmo Kamui.

     – No perdamos más el tiempo, deberíamos irnos de aquí, no hay nada porque quedarse aquí. – Añadí.

     – Apoyo al hombre serio. – Afirmo Jonás.

     – ¿Dónde? – Preguntó bromeando Kamui. No obstante no esperamos mucho, era un refugio de mierda casi en ruinas, sin comida ni armas, quedarse allí era tan interesante como ver el pasto crecer, de modo que cada quien arreglo sus cosas y nos encaminamos a la guarida << El estúpido local chino con el negro emo >>

     – Nos fuimos. – Agrego Jonás.


 
     Al salir lo primero que notamos es la mamarra soledad y el repulsivo silencio desesperante que había, nos dirigimos directo al puente para cruzar los escombros e ir al otro lado, caminando al local nos tomaría unos 20 minutos a lo mucho.

     – Papá ¿y dónde está mamí? – Preguntó Meg refiriéndose evidentemente a María, sonreí y le contesté de manera irónica.

     – Espero que no muerta hijita, aunque ya la conoces, con su testarudísmo y su suerte ella de seguro nos debe estar buscando a nosotros. – Le dije.

     – ¿Y cómo fue que se separaron? – Preguntó Megan.

     – ¿Joan no te contó? Bueno, yo te digo…– Mientras caminábamos le empecé a contar entonces todo por lo que pasamos, Jonás ya tenía una leve idea pero ahora le di detalles, todos callaron mientras contaba aquella historia, era como si contar anécdotas se hubiera convertido el único pasatiempo real.

     – Tengo unas ganas de Jugar Magic marisco, o una partida de Warcraft…– Añadió Jonás por el camino. Empecé a reír y afirmé

     – ¿Qué soy el único que aún tiene sus cartas en un lugar seguro?

     – ¿Marisco de pana? ¿Aún tú cargas eso encima? – Preguntó sorprendido Joan.

     – Mano yo tengo en el local guardado celosamente mi deck de Yugi y de Magic, y mis cartas sobrantes están todas en mi casa en una caja fuerte. Añadí.

     – Tú lo que eres es un maldito enfermo vale. – Agregó Kamui y nos partimos de la risa toditos.

      – Qué callado está todo por aquí… – Afirmó Megan rato después, estábamos a punto de llegar, cruzando una esquina nos topamos con tres comegentes, estaban en estado de putrefacción inicial, su respiración se escuchaba torcida y aferrada y estaban temblorosos, sus miradas eran perdidas y a veces sacaban las lenguas y se lamían sus labios, parecían estar en un estado de drogadicción por cocaína grave. Joan desenfundo la pistola y afirmó.

     – Aún me quedan unas balas en esta… 

     Quédate tranquilo, que pa’ casitos así trajimos los cuchillos. – Interfirió Kamui. Aquellos tres tristes imbéciles despojados de su humanidad inhalaron durante un buen par de segundos y luego se lanzaron corriendo con todo hacía nosotros. No fue necesario que hiciera algo, rápidamente Kamuí patio a uno haciéndolo caer mientras le chavaba en la cien una confiable navaja a otro de ellos,  por otro lado Johan se dio vida tranquilamente clavándole la navaja entre los ojos al tercero, fue gracioso escucharlo gritar “¡NOJODA!” como si celebrara, luego Kamui acabo con el pateado y pudimos continuar nuestro camino. Estábamos cerca de la casa de María, lo que significa que el local estaba a la vuelta de la esquina “Técnicamente” solo esperábamos que el Hernán estuviera pendiente para bajarnos la escalera, cosa que dudo, pero no va de más soñar.


     Por el edificio, casi llegando al local vimos a un ente cubierto de telas << Posiblemente para cubrirse del sol >> quien observaba al horizonte como esperando algo, algo que  quizás éramos nosotros, puesto a que volteo a vernos y no se despegó más, además su cara ya se empezaba a distinguir, era nuestro jodido negro, Hernán. Entre más nos acercábamos más se distinguía, su expresión era fría y dejaba ver un ligero entrecejo iracundo, pero era entendible, porque aún no lo superaba, – Baja la escalera mano. Le afirme estando ya cerca. Con una paciencia increíble y quizás hasta una pisca de desprecio nos devolvió la mirada, pero en sus ojos solo se podía distinguir la tristeza, si había algún otro sentimiento estaba bien oculto y no lo quería dejar salir.


     Dentro del local me hallaba meditando << ¿Qué demonios hacemos ahora? >> voltee la mirada hacia la izquierda, allí se encontraba Megan llenando de anécdotas a Hernán, anécdotas que parecían no llegar a ningún lado. Ella no había terminado de hablar cuando él solo se levantó y se fue, era como si escucharla lo atosigara.

     – ¡Qué mierda te pasa a TI marisco! – Le gritó Joan quien ya estaba hasta la corona de la actitud de Hernán. Hernán solo se limitó a dejar de caminar, ni siquiera tuvo la decencia de devolverle la mirada

     – Lo siento, solo iba por agua… – Le dijo. Pero sus palabras solo hicieron que Joan se enfadara más.

     – ¡Yo sé que Yue lo era todo para ti, pero deja de pagar tu arrechera en nosotros ridículo! ¡Pareces un piace emo de mierda! – Le grito Joan. Pude ver que Hernán se pico, no respondió con palabras, pero empuño sus manos y le temblaron. Me levante.

     – No vale la pena Joan, Hernán solo necesita tiempo. Afirmé. Yo sé que Hernán quería decir muchas cosas, pero se mantuvo callado y creo que fue lo más maduro que pudo haber hecho, su pena no justificaba su comportamiento hacía nosotros. Cuando las cosas dejaron de estar tan inflamadas y sentí que Hernán ya no saltaría a caerse a coñazos con Joan, entonces decidí irme.

     – Bueno, hasta luego muchachos…– Afirmé.

     – ¿Te vas man? – Preguntó Jonás.

     – Si pa’ tengo todavía mucho que hacer.

     – ¿Qué harás para ver si te ayudo? – Pregunto Jonás.

     – Yo sé que en algún lado Nelson, María, Michelle, todos y cada uno de los muchachos deben estar igual que nosotros, sobreviviendo y esperando el reencuentro. No es necesario que vengas pero si quieres hacerlo te diré << Reí >> qué estoy bien salao’. – Cuando dije eso Jonás empezó a reír también.

     – ¿Y eso qué? Yo voy contigo, ¿y qué pasará con los muchachos? – Preguntó.

     – Bueno, no les falta nada aquí, mientras no se maten entre ellos. Creo que podrían seguir bien.


 
     Jonás y yo salimos del local, no sin antes comer algo, nos hicimos unos ramen instantáneos que kamui había conseguido hace unos días, espirados mis pelotas, valla ramen más rico. Empezamos a caminar, la intención no era irnos caminando sino más bien encontrar un auto por el camino, nunca imaginamos que no encontraríamos una mierda en un radio de cuatro kilómetros, más o menos.

     – ¿Y quién está con Nelson? Pregunto Jonás. Trate de hacer memoria rápidamente y le afirmé.

     – Si todo está bien, con él deberían estar, María, Nicole, Michelle, y… Y, y no sé quién más marico, llevo días pensando en solo esas cuatro personas, no recuerdo si había alguien más, en estos días han pasado muchas cosas, una tensión tras otra, creo que cualquier otro estaría más pendiente de su vida que de reencontrarse con gente que quizás esté muerta.

     – Entiendo, ¿y sabes dónde empezar a buscar? – Pregunto Jonás.

     – Ese es el peo… – Me detuve un momento, el viento soplo. – la maldita ciudad se ve más grande estando así de vacía y no tengo idea de dónde mierda buscar… – Me senté en un banquito callejero cerca de Hidrocaribe,  Jonás se sentó a mi lado. Pero dijo algo que me hizo pensar, algo que me despertó de inmediato…

      – ¿Tú te imaginas que mientras nosotros estamos aquí pasando la pela esté él y los demás de lo más relajao’ en uno de los locales de su familia?... – Afirmó carcajeánte. Abrí mis ojos como plato, voltee a verlo. Me levante rápidamente de aquel sucio banquito.

     – Jonás… Eres puto genio. – Afirmé.

     – ¿Por qué? – Preguntó.

     – Pensaba con mente de supervivencia ¿dónde podían estar? Cuando siempre debí pensar como Nelson, lujo más supervivencia, no va a estar en un puto agujero, debe estar en un lugar que lo tenga todo. – Afirmé animado.

     – ¿Y tú sabes dónde coño quedan los locales de su familia? – Pregunto Jonás.

     – No sé cuántos hay, ni mucho menos dónde, pero Nelson siempre me hablo de uno en particular, el Bodegón de sus tíos. – Respondí.

     – ¿Y dónde coño queda eso? – Preguntó Jonás.

     – Si no mal recuerdo, por el estadio metió hacía pa’ ya. – Respondí.

     – ¿Qué? – Pregunto Jonás.

     – Tranquilo marisco, yo sé dónde es, vamos pa’ esa mierda que aún es temprano. – Añadí, sin más, continuamos la búsqueda de un maldito auto para llegarnos al estadio, como no se veía nada por los alrededores, preferimos devolvernos y caminar por en medio del centro, si no conseguíamos auto llegaríamos a nuestro destino a pie. Ahora que teníamos destino Cumaná volvía a ser pequeña, pensé. El viento soplaba, era frío y húmedo, por otro lado el sol brillaba con suma intensidad. A la altura del BOD me pregunta Jonás.

     – ¿El centro desde cuando es así man?

     – ¿cómo así? – Pregunté.

     – Solo, desierto, parece que todo rastro de vida se extinguió. – Añadió él. Empecé a mirar hacia los lados, y solo se veía soledad.

     – La verdad no sé, pero desde que es así solo me siento incomodo, Cuando se veían pandillas y comegentes sabías de que correr y a dónde correr, pero con esta fría soledad, no hago más que pensar en que algo podría salir en cualquier momento. – Respondí, sentí escalofríos en la espalda, creo que me estaba sugestionando demasiado, aunque quizás era el frío viento.

     – ¿Que grande se ven los edificios verdad? – Pregunto Jonás.  << Sonreí >>

     – Fíjate que no me había dado cuenta, pero sí, que grandes se ven las edificaciones estando todo tan vació. – Reímos, y seguimos caminando.


      Casi llegando al puente pudimos notar que a la altura de la iglesia salía humo, mucho humo, era negro y voluminoso como un incendio, pero lo ignoramos.

     – ¿Man que es eso? – Preguntó Jonás al momento, yo no me había dado cuenta, dejamos de caminar y le pregunté.

     – ¿El qué pa? – Nos callamos, hubo silenció y entonces el viento empezó a soplar, podíamos distinguir un sonido extraño a lo lejos, sonidos que cada vez se hacían más claros, aquellos no eran más que gritos desgarrantes de alguien que suplicaba clemencia. Empezamos a correr para ver de qué demonios se trataba, cruzando, casi llegando a la iglesia lo vimos. Nos ocultamos a penas bajo el luminoso sol esperando no revelar nuestra posición. Aquello era típico de una película de temática satánica,  un grupo de personas de rodillas rezando y murmurando entre ellos cosas sobre el día del juicio final, nos daban la espalda, y en medio de ellos, en medio de aquel semicírculo se encontraba un hombre amarrado y postrado sobre una rueda de tractor o quizás de retroexcavadora encendido en fuego. Era la viva imagen de un sacrificio. El hombre seguía vivo, pero su vida se expiraba con cada gripo, no sabía si aterrarme o enojarme, pero no poder hacer nada me hacía sentir muy pene pequeño.


     – Va… Vámonos de aquí…– le balbuceé a Jonás, a medida que nos íbamos los gritos parecían ir en aumento. ¿Pero que podíamos hacer él y yo? Era una situación de pura impotencia. Nos devolvimos y entonces caminamos hacia la plaza Pichincha, sé que Jonás me estaba hablando pero yo no escuchaba nada, en mi cabeza solo retumbaban los gritos y de mis ojos no se borraba la imagen de aquel hombre bañado en tonos rojizos y rosas por las quemaduras, nuevamente sentí escalofríos.


    Cruzando hacía la plaza al lado de la policía pudimos ponernos a nuestras anchas, el lugar estaba libre y no había ni un alma, la cantidad de atajos que tomamos para no estar de frente a la iglesia fue impresionante, pero eventualmente pudimos salir del perímetro, poco más tarde conseguimos un auto y entonces pudimos dirigirnos tranquilamente hacía el estadio.

     – ¡ALDHA! – Grito Jonás…

     – ¿Qué? ¿qué sucede mano? – Pregunté.

    – Coño, pendiente del camino y de lo que te digo, llevo rato hablándote y ni bola me paras. – Afirmo Jonás.

     – Coño disculpa pa’ es que aún no me quito la imagen de ese hombre quemado, incluso ahora, me da unos escalofríos del coño. – Afirmé.

     – Mira, ¿a dónde vas? pasamos el estadio hace rato, de hecho casi llegábamos caminando. – Pregunto Jonás.

      – No es precisamente en el estadio pa, es más adelante y en la otra calle, solo busco un cruce que no esté lleno de escombros tan grandes. – Añadí. Escuchamos un disparo en el latón del vehículo, luego fueron dos más, definitivamente eran disparos, luego fue un disparo justo cerca de mi cara y de frente, partieron el vidrio parabrisas, pude ver cómo nos empezaron a rodear las motos, esta mierda se había puesto peligroso. << ¿De dónde salió todo esta gente >> me preguntaba. Como sea,  el sujeto que parecía ser el líder se bajó, tenía una escopeta recortada, era un maldito psicópata, entre pasos disparaba al frente del carro, y nosotros no hicimos más que ocultarnos de alguna bala perdida, mi instinto me dijo que arrancará, trate de hacerlo de hecho, pero quizás le había dado a algo importante. El auto ya no encendía. El sujeto entonces se acercó por completo, estaba a mi lado, yo era el conductor designado, con la culata de la escopeta partió el parabrisas y abrió la puerta.

     – Bajen. – Fue lo único que dijo, Jonás y yo  nos vimos rodeados de armamento superior, él y yo apenas teníamos dos cuchillos y una pistola con tres balas, con las manos arriba y lentamente lanzándonos al piso hicimos caso omiso y no intentamos nada estúpido, quien sea que fuera este imbécil con estética de motociclista americano ochentero, me causaba mala espina, parecía de aquellos brutos que no razonan solo hacen lo que quieren, y sus más de quince amigos armados parecían respetarle. Esta mierda no se veía nada bien. No sé qué sería de Jonás pero a mí, personalmente perdí el conocimiento cuando fui pateado por ese mamut en la cara.

sábado, 27 de mayo de 2017

Capítulo 26

     Debían ser alrededor de las once y medía sin exagerar, la hora de hecho era poco relevante, pero a pesar de ello el mal sabor de boca del pasado quedaba. Observé con asombró e inentendimiento a Jonás quien me había terminado de contar su historia, había remaches que no me cuadraban pero había algo crucial. 

     – ¿Cómo que Luziko enloqueció? ¿De qué hablas man? – Pregunté anonadado por su afirmación. 

     – Pues, por eso no quería decirlo directamente, sé que él es un amigo cercano tuyo y no quería impresionar – Afirmó Jonás.

     – Hermano, no, no quiero rodeos, solo explícame, ¿cómo que enloqueció? – Retomé mi pregunta.

     – No lo sé Aldha, no sé, creemos que fue por ver a Laura morir ante sus ojos, quien sabe, él solo, él solo empezó a actuar raro después de eso, primero fue la depresión, casi de inmediato la ira y siempre andaba sumergido en la negación, estalló hermano, el hombre enloqueció. – Aclaró Jonás quien se veía presionado al hablar, quizás por mi actitud amenazante, pero es que el juicio no me daba para procesar tal historia.

     – ¿Estás seguro de que no estás exagerando? – Pregunté sin tapujo

     – Hermano trato de atacarnos, reía como un demente, el man enloqueció, ¡El man enloqueció! – Afirmó Jonás, y al momento en que alzó la voz muchos de los transeúntes presentes voltearon a vernos, pero volvieron a formarse sumisos en su ignorancia, solo fue una chispa de chisme, naturalmente volvieron a sus asuntos. Yo por mi parte no podía aceptarlo, le creía a Jonás, pero como amigo me dolía aceptar que Luziko cayera en un destino tan miserable, pero me tragué la amarga verdad, voltee la mirada y observé las nubes en el horizonte.

     – Demonios chamo, cómo pudo haber terminado así de mal… – Afirmé.

     – A muchas otras personas les fue peor, al menos no fue devorado vivo. – Agregó Jonás.

     – ¿Y tú qué crees que hubiera sido mejor? Sete sincero a ti mismo y responde. – Le dije a Jonás, él apartó la mirada y lo pensó, no dijo nada, pero podía apostar en que pensó que la muerte hubiera sido un mejor final. 



     Dejando algunos puntos al lado, Jonás y yo caminamos con los muchachos, Joan y Megan. Le hice señas a Kamui para que viniera también dado a que lo vi bastante apartado, además, teníamos que planificar que haríamos ahora. 

     – Lamento la intromisión muchachos. – Le dije a Joan y a Meg.

     – No vale, no pasa nada. – Afirmaron ambos al unísono.

     – ¿Cuál es su plan? O en el mismo orden de ideas, ¿qué hacían aquí? – Pregunté.

     – No sé bro – Dijo Jonás.

     – Realmente, creo que nada, lo mismo que hacen todos los de aquí, sobrevivir ¿no? – Complementó Megan.  

     – ¿Desde que están aquí han obtenido algún beneficio? Armas, comida, medicamentos… ¿o solo asilo? – Pregunté.

     – La verdad mano es que llegamos hace nada, llegamos ayer, desde entonces no nos han dado o dicho nada. – Afirmó Jonás.

     – ¿Qué seguimo’ haciendo aquí pues? – Recalcó Kamui.

     – Yo escuché algo sobre un rescate, a lo que dijeron, una broma de un líder que estaba esperando un helicóptero algo así, algo de llevarse a todas estas personas a un lugar seguro. – Añadió Megan.

     – A mí me dijo una chama que cada dos días un helicóptero les traía comida y bebidas y que aquí nadie pasaba hambre. – Añadió Kamui.

     – ¿Quién te dijo eso? – Preguntó Joan.

     – Una chama, eso son ustedes que pierden el tiempo en lugar de buscar información – Afirmo Kamui de manera cómica.

     – Yo, no sé, yo personalmente no me fío del todo de este lugar, y siendo sincero, tengo una extraña teoría pero, yo, no me fio para nada de la comida entregada por el gobierno. – Afirmé.

     – ¿Por qué? – Preguntó Megan.

     – Yo sé que el gobierno la caga pero, mano, ¡es comida gratis! – Exclamo Jonás.

     – Luego les cuento, primero que nada, yo creo que deberíamos irnos de aquí, no sé, quizás sea mi paranoia, pero creo que es mejor regresar con Hernán e irnos pal’ carajo a buscar a los demás. – Afirmé. 

     – ¿Hernán Está vivo? – Preguntó Megan quien se alegró mucho de oír eso. 

     – Larga historia, pero, ¿ustedes que creen? – Pregunté. 

     – Bueno, si a los muchachos no les molesta. – Recalco Joan.

     – No estamos haciendo nada aquí. – Complemento Kamui.

     – No lo sé muchachos, yo como que prefiero optar por lo seguro y quedarme. – Dudo Jonás.

     – ¿Te quedarás entonces hermano? – Pregunté, Jonás lo pensó unos segundos, su cara era el completo reflejo de la duda, pero hablo. 

     – Qué carajo, si me muero será por su culpa. – Carcajeo  y se unió a nosotros.

     – Por cierto, ¿dónde está ese tal líder? – Pregunté.

     – Estará en el baño, de todos modos mejor es irnos ahora antes de que venga, es un odioso grandulón hijo de papi. – afirmó Megan. Salimos de la terraza, y bajamos hacía el Traki, me despedí de las personas allí presentes como si fuéramos amigos, solo quise demostrarles que la cortesía aún existía, uno se alegró y me saludo, sin más, llegamos a la planta baja.



     Estábamos los cinco reunidos en la planta baja como quien dice “viéndonos las caras”

     – Maldición, cómo pude olvidarme. – Afirmé y corrí hacía las escaleras, los muchachos parecían no entender lo que iba a hacer, pero creí que era obvio, subí hacía el Traki y pedí una ayuda. Necesitaba a alguna de las personas presentes arriba para que me ayudará a cerrar la puerta, ¿por qué?, simple, escapar iba ser un corre-vuela, algunas de esas cosas << hongos >> quizás seguía allí esperando, los hongos eran débiles, eran frágiles, pero en gran cantidad podían ser peligrosos, no era ni la mitad de peligrosos que los comegentes, pero era el doble de feos, al menos así los veo yo. Necesitaba a alguien quien velara por la seguridad del grupo, debía cerrar la puerta para que al momento de nosotros escapar aquellas cosas no entrar al centro comercial, no podía cargar con la culpa que aquello me podía provocar. Tuve suerte, no tuve que explicar mucho para que alguien aceptará bajar y cerrar la puerta, bajamos.



     Ahora éramos cinco personas y un sujeto que se encargaría de cerrar con pasador la puerta.

     – ¿Por qué bajaste con él Aldha, lo conoces? – Preguntó Megan.

     – Pasa lo siguiente, tras esa puerta hay un enjambre de cosas, básicamente debemos ir a toda mecha para que no nos agarren. – Afirmé, Joan me vio con  entendimiento, ya había captado por qué subí. 

     – ¿cómo qué cosas? – Preguntó Jonás, Megan se veía sorprendida por no decir quizás aterrada. Me rasqué la cabeza.

     – Bueno, parece que el virus, o lo que sea que dio origen a los comegentes evoluciono, o retrocedió, yo qué sé, estas “cosas” son parecidos a los comegentes pero más feo, en resumen, tienen la cara y el cuerpo lleno de verrugas, tumores, físicamente son muy débiles y blandos, pero son muy agresivos, en manadas podrían ser peligrosos así que vamos a darle con todo y correremos pasando a esas cosas para salir de aquí. – Afirmé.

     – ¿Tú estás loco mano? – Afirmó Jonás.

     – ¿cómo vamos a pasar algo así? – Preguntó Megan.

     – Bueno, ¿Estamos aquí no? – Respondí. 

     – No hay otra forma amiguita. – Añadió Kamui. Debió tomar, alrededor de seis u ocho minutos que se mentalizaran bien para aceptar que hicieran lo que hicieran íbamos a pasar por allí. 

     – ¿Entonces? – Pregunté.

     – ¿Tamos listos? – Agregué, asentando con la cabeza entre todos, abrimos esa puerta improvisada que hicieron los sobrevivientes del centro comercial y con todo pronóstico contra nosotros, sin seguridad total de éxito y sobre todo, armados fuertemente corrimos hacía la luz mientras la puerta tras nosotros se cerraba, era como un jodido videojuego, nos pusieron en medio de la mierda para echarnos a tiros, aquellas criaturas de aspecto mórbido y deleznable empezaron a saltar una tras otra hacía nosotros, Megan gritó y Jonás se exalto del miedo, ciertamente tenía razón para hacerlo, ellos no tenían conque defenderse y aquellas cosas eran tan horribles que si bien no te mataban por un ataque, te mataban del susto de lo asquerosas que eran. 



     La poca luz no dejaba ver qué pasaba, pero disparábamos a diestra y siniestra a todo aquello con protuberancias en la cara, solo pude ver que Joan le agarró la mano a Megan y junto con Jonás se adelantaron hacía el portón de la entrada, Kamui estaba en medio disparando y mareando a aquellas cosas sin juicio. ¿Qué demonios pasaba? No lo sabía del todo, yo tenía mis propios problemas, me estaba quedando atrás y me llegaban uno tras otro, entre disparos que me aturdían por el eco y embestidas patrocinadas tanto por mí hacía ellos como por ellos hacía mí, no me estaba dando cuenta de que me estaban anclando, tenía a uno que me abrazaba por la pierna y otro que me agarró el brazo izquierdo sin que me diera cuenta, disparé al que me sostenía la pierna y logre quitarme también de un balazo a que me mordía el brazo, pero estaba jodido, se me habían acabado las balas, fácilmente hubiera perecido, pero antes de llegar a la salida Kamui  volteo a verme y fue a socorrerme, no sé si fue la adrenalina del momento, si fue la estrés, pero todo se volvió más lento, empecé a ver borroso, escuchaba mal, era un sonido distorsionado, lo último que recuerdo fue a Kamui a mi lado quien me ayudo a levantarme del piso para irnos del garaje aquel, todo después está fraccionado como si de fotos se tratase, ambos corriendo hacía la luz, ambos saltando hacía dónde pegaba el sol, vi una imagen de aquellas cosas volviéndose a ocultar en las sombras, luego todo fue blanco, me desmayé. 



     Las imágenes se multiplicaron una tras una, una dónde caminamos por el parqué, una llegando al Ayacucho bajamos hacía el puente, una bajo el puente, luego todo era negro, ¿estaba ciego o me volví a desmayar?, no lo sabía. 



     Desperté tosiendo en una casa desconocida, estaba sudando como cerdo y estaba cubierto por una manta acolchada, al abrir los ojos lo primer que paso fue que la vista se me perdió, parecía haber estado dando vueltas por mucho tiempo, y era inclusive peor, continué tosiendo, y luego fue que me active, pude notar que estaba en una habitación extraña, al pararme las piernas se me fueron un poco, presentaba síntomas de fiebre, “pero ¿qué mierda?” Pensé, con la nariz moqueando y la frente excesivamente caliente caminé hacía la sala porque de allí provenía algo de luz. Me recargué del marco de la puerta en la habitación donde estaba y noté que reunidos ante un velón se encontraban los muchachos, parecían estar completamente a salvo. Megan, Joan, Jonás, ellos estaban rodeando el velón hablando sobre quien sabe qué, Kamui por su lado estaba arropado con una sábana en una esquina, parecía estar durmiendo. Tosí, atraje las miradas de los muchachos que se pararon para preguntarme cómo estaba, y con un tono bastante en la mierda respondí que bien. Aspiré mis mocos y pregunté: 

     – ¿Qué pasó mientras me fui? – Estornude y pedí disculpas.

     – Yo no sé bien que paso, pero todo apunta a que tiene que ver con los hongos. – Afirmó Joan.

     – ¿Los hongos? – Pregunté, por acto casi involuntario me vi el brazo izquierdo, me di cuenta de que tenía muchas mordidas, me habían inclusive quitado un pedazo de piel y carne, pero no sentía dolor allí. 

     – ¿Qué le paso a Kamui? – Pregunté moquiento. 

     – A eso iba lo que te dije, nosotros estamos bien, tú y Kamui quedaron hechos mierda, lo único raro que hay entre ustedes y nosotros es que a nosotros no nos mordieron, a ti y a Kamui sí, ósea, la lógica me dice que es eso. – Afirmó Joan.

     – ¿Entonces qué? ¿Las mordidas de los hongos son venenosas? – Pregunté.

     – Yo no diría venenosas, pero si tiene algo pues. – Recalcó Joan.  

     – ¿Entonces los dos caímos? ¿Por eso nos quedamos en esta casa? – Pregunté moquiento y bostecé.

     – Si pero… – Dijo Joan antes de que Jonás le prosiguieran.

     – Kamui te cargo hasta dónde pudo pero también empezó a sentirse mal, se fue en vómito y se cayó, a él lo mordieron menos que a ti, pero también se vio afectado, la vaina es que íbamos a ver cómo le hacíamos para llevarlos hasta un carro lo que sea para irnos pero vimos a los lejos a una cuerda de malandros, Joan dijo que nos escondiéramos y nos arreglamos para bajarlos y escondernos un rato bajo el puente, cuando Joan confirmó que se fueron yo fui a buscar dónde quedarnos porque obviamente no íbamos a poder llegar hasta la perimetral marico, así que bueno, le echamos bola para traernos acá y henos aquí. – Contó Jonás, yo no paraba de toser, pero físicamente me sentía mejor. 

     – ¿Será que nos vamos? – Pregunté.

     – Es muy tarde papá. – Afirmó Megan, quien por cierto me enterneció que me llamara todavía papá, a pesar del peo dónde estábamos metidos. Debían ser por los estimados que me dieron los muchachos las Once, quizás las doce, dormí bastante por lo que veo, razón por la cual también me preocupó porque Kamui no había despertado, pero no me iba a preocupar en vano, se veía bastante apaciguado como para molestarle el sueño, empecé a ver como los muchachos bostezaban, y les pedí que si iba a dormir que se ataran algo en la boca, Meg y Jonás no entendía el porqué, pero Joan les dio una breve explicación del porqué. Todos amordazados por así decirlo nos fuimos a dormir << Excepto yo, que ya había dormido bastante >>, dejando como única esperanza aquel medio derretido velón blanco.