"Para mí, para mis amigos, para cualquiera interesado en leerlo.
Nada especial, solo hobby."

-AldhaRoku

lunes, 2 de abril de 2018

Capítulo 34


34

     Horas antes había despertado el iracundo e irracional muchacho quien a pesar de su inconmensurable ira mostraba una mirada aún inocente con ojos aguanosos y tristes, un oscuro fulgor se sentía del mismo y aunque enojado y vuelto una bestia su decrepito estado lo hacía más frágil que una hoja. Yo naturalmente mantuve mi distancia, poco podía hacer un lisiado en contra de un hombre demente como él, mis precauciones habían sido tomadas. Aún no me interesaba bombardear al sujeto con las mil y un preguntas, ¿qué le había pasado? Y más aún ¿por qué actuaba así? Pero le di su tiempo, habían pasado dos largos días desde que lo encontré y tan solo llevaba cuatro horas de despierto pero aún era incomodo que no mencionara una sola palabra.

     – Luziko, Luziko ¿te acuerdas de mí? – Preguntaba cada cierto tiempo sin respuesta alguna, apenas podía imaginar los horrores que habían llevado al pobre muchacho a tal estado de decadencia mental, lo había encerrado dentro de un cuarto y le hablaba desde afuera, a pesar de ello golpeaba cada cierto tiempo la puerta pero su estado esquelético solo propiciaba que se hiciese daño.

     – ¡Quédate quieto maldita sea! – Le gritaba, no parecía entender ni razonar. – Carajo, Luziko ¡REACCIONA! – ¿Quién era más loco, él o yo por intentar dialogar con el sujeto? Me resigne, me encogí de brazos y exhale dando indicios de desesperanza.

     Rato después traté de hablar de nuevo con él, le había lanzado una botella de agua y un poco de comida para ver si así recobrase la cordura, o al menos el habla, pero no seguía callado y solo habría la boca para lamentarse, hasta que eventualmente ni eso, cayó la noche, el sujeto llevaba horas sin decir una sola palabra, se había sumergido en su soledad como un lobo que carece de estima, me froté la frente, << que desesperante mi situación >> Peor era pensar que los demás podrían estar peor, pensé. ¿Quedarme con el demente esperanzado de que dijera algo, o simplemente partir de mi búsqueda bajo la penumbra de la noche y arriesgarme a que salgan los comegentes? Cualquier opción era una basura, pero prefería la supuesta seguridad de una casa, hice una especie de barricada en la puerta y ventana para esperar más conforme el otro día pero igual, no podía sentirme más cómodo con aquel demente en la misma casa. Torpemente ande hasta el mueble donde me disponía a pesar la noche, antipáticamente antes de acostarme me acerque a Luziko le dije – Buenas noches dulce príncipe. – Y eché a dormir.

     Veía como los caníbales le arrancaban la piel a mis seres queridos, como devoraban a mis amigos, aún con vida suplicando por una rápida muerte, los gritos de dolor que propiciaba mi novia y Nicole, también la pequeña Michelle al ser violadas repetidas veces por aquellos barbaros monstruos era horrible, la blasfemia de sangre, semen y excremento era un paisaje solo concebible en el averno, y yo no podía hacer nada, entre más cojeaba para llegar hacía ellos más me alejabas, y escuchaba sus gritos, gritos que penetraban en mi corazón y lo hacía añicos, me volvía loco, volteaba a ver a Nelson quien llorando me pedía que por favor le matase, Joan no tenía conciencia, era un maniquí que ya lo había perdido todo, la imagen de Megan siendo violada múltiples veces por tres y cuatro hombres al mismo tiempo lo había marcado eternamente mucho más que el hecho de estar desollado, era eso, o quizás ya había muerto solo que al no tener parpados no le cerraba los ojos y daba la imagen de que aún seguía con vida. Los gritos aumentaban.

     – ¡Cállense! ¡Cállense! ¡Cállense! – Y los bestiales hombres de proporciones ciclópeas se mofaban de mí hasta que no pude más y explote a un grito mudo. Desperté, mi respiración era fuerte, y agitada como si acabase de ver un espíritu, estaba sudando en frío, y a pesar de estar en medio de la total obscuridad di un vistazo a mis manos, estaban temblando como nunca, una larga lágrima recorrió mi mejilla, y aún con el alivio de haber despertado y analizar que solo fue un terrible y abominable sueño, aún no paraba de sudar y temblar, aún no para de sollozar y ver aquellas imágenes que representaban mi más grande pesadilla, como pude corrí hacía el inodoro, vomite.

     Luego de Vomitar me quedé sentado en las baldosas sucias y polvorientas ennegrecido por la basta obscuridad,  seguía temblando y un frío inenarrable recorrió mi cuerpo, en ese mismo momento empecé a escuchar lamentos y alaridos, eran los lloriqueos de un hombre desconsolado, era Luziko quien se escuchaba a lo lejos en la habitación, y decidí ir a él, como pude me arrastré frente al mismo y le pregunté en voz baja y sin esperanzas de una respuesta real

     Luziko amigo… ¿te acuerdas de mí? Soy yo Aldha. – En ese momento dejó de llorar, y volví a preguntar Luziko maldita sea, ¿te acuerdas de mí? Di algo, lo que sea. – Pero el sujeto no emitía ningún sonido. – ¡CARAJO! – Grité, pateé la puerta con gran ira y me resintió en la herida de mi pierna, había olvidado que estaba delicada, mis quejidos se volvieron entonces gruñidos de dolor, y me senté en la pared de la habitación donde estaba el silencioso muchacho.
     – Jorgen, ¿cómo estás mi amigo? – Le dije dejando salir una risa sincera aunque solitaria. El sol parecía ya estar saliendo, al menos se veía que el negro cambiaba a gris, de modo que debían ser las cinco y media de la mañana más o menos.

     – Lárgate… – Afirmo una voz rasposa, desentonada y extraña, pero sabía que era Luziko.

     – ¿Despertaste he? – Le dije sarcásticamente, pero él solo Dijo:

     – Lárgate… – y cada vez más repetía más. – Lárgate, Lárgate, Lárgate… –Hubiera seguido  con mi insistencia pero sus frases se volvían gritos agudos y cada vez más eran más y más fuertes – ¡LARGATE!... – Empezó a tratar de derribar la puerta del cuarto, era una puerta improvisada así que mucho no haría, de modo que empecé  a quitar la pequeña barricada, me iría a la verga como quien dice, no podía arriesgarme a nada. Así que sin más, me fui, y esperando que tuviese un poco de raciocinio no le encerré, apenas cerré la puerta pero sin cerrojo ni candado cualquier cuerdo podría salir. Sin pena ni gloría entonces salí, desplazándome como un zombi caminé a casa de Nelson, una mierda. El lugar estaba no solo vacío, sino saqueado y destrozado. La carretera estaba llena de sangre seca y me dije en mi cabeza << así que no estaba loco, sí vi esa horda gigante >> y bajé las sepulcrales y solitarias calles de aquella maldita localidad empinada, pensé en que tal vez debería ir a qué Megan, pero no me apetecía agarrar hacía la cárcel, no era racional de mi parte ni la de ellos o al menos eso pensé. Entonces partí al centro para eventualmente ir a casa de María, En el camino me rugían las tripas y empecé a hablar solo

     – Carajo vomité toda la maldita comida que tenía en el estómago, como quisiera una puta taza de café, solo una maldita TAZA de café, con MUCHA AZÚCAR COÑO. – Decía y gritaba a lo largo del camino, creo que realmente me importaba menos si alguien o algo me veía o escuchaba, yo ya estaba muerto para lo que me importaba. 

     – No te bastó con nacer en este puto país de mierda con la peor calaña bananera de gobierno, sino que putos zombis, o lo que mierda sean, porque sí, cada vez que creemos que tocamos fondo, ¿adivina qué? ¡CAEMOS MÁS! Puta… Gritaba y carcajeaba por todo el camino solitario mientras tropezaba con mis propias piernas como un ebrio. No tardo mucho hasta que llegase a casa de María, me sorprendió el inmenso número de cadáveres que había, la mayoría esqueletos en sí y otros parecían carcazas, pero mi mente tampoco estaba para divagar o analizar la situación, ¿qué era? No sabía, no me importaba, el punto es que no había nadie allí. Solo dos esqueletos y nada más, me adentré al fondo al cuarto de María para ver si había algo, aunque ya sabía que lo habían saqueado, pero igual fui.

      – Yo mismo desbalije está mierda ¿qué estoy haciendo? – Me hacía esa pregunta, entonces partí de aquel aparatoso y triste lugar, anhelaba un auto más que la comida misma porque estaba decidido a ir a casa de Joan ahora, más allá de tres picos, pero ya no había nada, comida, autos, gasolina, agua, todo lo tenían ellos, y si no lo tenían los hijos de puta del estadio lo tendrían los religiosos mugrientos, de modo que partí a pie a casa de Joan esperando que fuese mi último destino.

      Vía a casa de Joan y bastón en mano me di cuenta de que la tierra estaba muriendo,  se veía medio blanquecina aunque tal vez podría ser por la falta de agua, hacía tiempo que no llovía. Pero eso es arena de otro costal, en algún punto un corola destrozado y antiquísimo se paró frente a mí. Debía tener buena trasmisión porque no lo escuche venir, del mismo salió una mujer con una pistola y me apunto, yo simplemente me detuve y me quede quieto, la mujer quien me veía supongo yo, como un vagabundo por mis fachas no hizo ninguna pregunta, entonces levante mi brazo y saque mi pulgar pidiendo una cola, una mujer quien pronto me daría cuenta era la madre de dos adorables chiquillos Ben y Ramón de ocho años los dos, sonrió y no tuvo problema en que me montara, quizá si había un Dios allí arriba era eso o el hambre me estaba haciendo pensar estupideces, pero lo importante es qué me diría a mi último destino.

lunes, 26 de marzo de 2018

Capítulo 33


33

     Escuchaba a media una conversación susurrante que parecía provenir de un pasillo cercano. << ¿Estoy vivo? >> Me pregunté, no tenía idea de qué demonios estaba pasando o en qué lugar me encontraba a pesar de que me traía una ligera sensación de familiaridad. Traté de levantarme y no noté que mi pierna estaba vendada, grité, el dolor era agudo y me dejo gruñendo un largo rato en el suelo, era como si estuviese rota y entonces una oleada de recuerdos vinieron a mi mente, recordé el incidente y me dolió la cabeza la cual también noté al tocar que estaba vendada, de un pasillo cercano se asomó un rostro conocido. Aquel muchacho era Dante, quien creí muerto y de su boca pronunció:

     – Padre, ¡no te muevas! – Así era como me llamaba dado la confianza que nos teníamos, atrás de él vi una chica que decir conocer sería poco, pero su presencia fue una sorpresa si bien grata, extraordinaria, Isabella quien cargaba una caja de zapatos y me dijo:

     – Acuéstate Aldha que todavía estás muy débil. –  << ¿Qué demonios estaba pasando? >> Me preguntaba, << ¿cómo llegué ante estos dos seres tan apreciados por mí? >> Lo sentí como un milagro.

     Dante sostenía mis brazos mientras yo mordía un trozo de tela para aguantar los gritos, Isa cambiaba la venda de mi pierna y a pesar de que no apretaba fuertemente, el dolor era sublime y extraplanetario, colocó dos tablones de madera en mi muslo lo cual me hizo entender de inmediato que mi fémur estaba roto. Cuando el dolor bajó se sentaron a acompañarme en aquella sala,  una vez aclimatado pude discernir que me encontraba en la casa de Isa, y no pude esperar que la misma preparase algo de comer para hacer las necesarias preguntas.

    – ¿Qué fue lo que me pasó? – Pronuncié. A lo que Dante sonrió y procedió a contarme.

     – Debería yo preguntarte eso a ti, íbamos a prestar un servició cuando vimos a una horda de “lobos” muertos, por mera curiosidad nos acercamos a la camioneta destrozada que supuse los llevo por medio y allí dentro, más molido que carne para pasta estabas tú. Refresco.

     – Ja… ¿Lobos? ¿Con que así se hacen llamar esos caníbales? Espera… ¿cómo que servició? – Pregunté.

     – No sé cómo se llaman, yo así les pongo porque es cómo se comportan. Y por servicio me refería a un servicio médico. Déjame explicarte…

     – ¡¿Los están ayudando?! – Interrumpí a Dante abruptamente.

     – No levantes la voz que puede haber salvajes cerca, y me temo que sí padre, pero no es por gusto. Muchas cosas pasaron y la base cayó, yo y un grupo logramos escapar pero nos separamos, con el tiempo me encontré con Isabella << sonrió >> quien confieso pensé que estaba muerta, y desde entonces estábamos juntos, ella ya tenía muchas cosas, comida, medicamento y fue quien por así decirlo me rescató cuando nos encontramos, te diré que estuve la borde la muerte, peor que tú ahora mismo. Desde que me recuperé he estado haciendo de recolector para que lo poco que hay se mantenga o tengamos más preferiblemente, pero las cosas empeoraron, cada vez habían menos salvajes, comegentes como tú les llamas. << Se agarró el entrecejo >> llegue a pensar que toda esta porquería se acabaría, que ya por fin todo estaba llegando a su fin. Pero no. Las cosas solo fueron empeorando, todo en caída, de mala en peor. Grupos de dementes se formaron y cada vez era más difícil salir y buscar recursos. De hecho a pocos metros de aquí tenemos a un grupo altamente peligroso…

     – ¿Los católicos? – Pregunté interrumpiendo.

     – Nosotros los llamamos los creyentes pero es irrelevante. Ese grupo engaña, roba, y mata por placer disfrazando sus actos como un preludio de Dios, son asquerosos como no tienes una idea…

     – Creo que me la doy. – Agregué.

     – Habían muchos más grupos, pero algunos se dispersaron a otros lugares, otros fueron aniquilados por otros miembros de otros grupos, toda la locura, todo el centro en especial esta zona del puente hasta la gran mariscal era una zona de caza y matanza.

     – ¿Y te uniste a los lobos para no ser su presa imagino? – Pregunté.

     – Te equivocas nuevamente. – Respondió.

     – ¿Entonces?

     – Verás, una noche escuchamos ruidos muy estruendosos, era una horda que quería entrar a la casa, respondí con una lacrimógena que tenía guardada pero no fue suficiente, me quedaban unas tres balas de un revolver calibre 38 que le robe a un compañero y Ja… disparé por la ventana, mi idea es que fuera una advertencia, que pensaran que había más de dónde vino eso, pero solo se arrecharon, a punta de balas rompieron la cerradura y entraron a la casa, me apuntaron con todo, literalmente pensé que allí fue, pero Isa apareció y se la jugó. Mis disparos le dieron a uno quien se estaba desangrando, Isa dijo que éramos enfermeros y que sabíamos tratar heridas. Le propuso a quien parecía ser el cabecilla qué si nos brindaban protección y nos dejaban en paz tendrían servició médico siempre que quisieran. Eso no me libro de la golpiza que llevé por el disparó que auspicié << Reía >> Y felices para siempre Isa quedó como la enfermera personal de esos monstruos y yo como su noble rata buscando medicinas y recursos para ellos, robando una que otra para no morirnos de hambre. Dante agarró una lata vacía de comida para gato y la lanzó contra  la computadora.


     – Wau, que sorprendente. No imaginé que pasaran tanta roña, pero al menos están vivos gracias a eso.

     – Esto no es vida padre. – Interrumpió Dante. Quien no disimulaba su enojo.

 Un pequeño silencio nos acogió hasta que apareció Isa con unas panquecas con sardinas de lata. Ella tenía una porción pequeña al igual que Dante y a mí me dieron la más grande. No entendía el porqué de ese acto y tampoco me parecía justo.

     – Nosotros ya hemos comido hoy, además, tú llevas dos días dormido ¿sabes? Come o será peor tratarte. – Afirmó amablemente Isa a quien a pesar de qué debí despreciar su amabilidad, el hambre me hizo tragar sin compasión aquella rara mezcla culinaria que de hecho, me supo a gloría.

     Varios días habían transcurrido, al menos recuerdo ver la noche unas seis veces. Me sentía como un palurdo parasito, Isa y Dante siempre salían a hacer lo que tenía que hacer y yo no hacía más que pudrirme sentado en una colcha que cada vez apestaba más, comía su comida y abusaba de su hospitalidad. Una gran parte de mí quería darse un tiro pero adjuntado el hecho de que no tenía arma, realmente tenía mucho que hacer como encontrar a mi grupo. Mi pierna parecía no mejorar aunque ya no dolía gratuitamente, si la dejaba quieta entonces se mantenía normal. Los muchachos habían plantado dentro de la casa unas matitas de paracetamol, con lo cual me hacían un té y un ungüento que quizás era lo que disfrazaba el dolor.

     Exhalaba como un perro triste cuyos días ya estaban contados, de modo que decidí dar un esfuerzo extra así me jodiera más, con la poca fuerza de voluntad que tenía, pero el orgullo hasta la coronilla decidí hincarme en una pierna y me levanté.

     – Perfecto, no me duele. –  Hice unos ejercicios suaves para ver si podía mover la pierna y aunque era un movimiento bastante torpe, realmente era mejor que estar postrado allí. Podía desplazarme un poco, no obstante no podía ni debía recostar mi peso en esa pierna, convenientemente, ví que entre toda la basura que tenía Isa en su sala había un bastón. ¿Por qué no? Me pregunté. De modo que como pude caminé hacía él, el trayecto que debió haber sido de cinco segundos se volvió de casi un minuto, pero no era por dolor, era por precaución, por más que fuese. Más que un parasito me hubiese golpeado más causarle más problemas los muchachos.

     Con el bastón en la mano empecé a desplazarme y aunque como un setentón, ciertamente podía caminar. En algún punto perdí el equilibrio, me había mareado y me fui de boca, como pude traté de caer de lado y amortiguar con los brazos para minimizar el daño en la pierna.
     Caí, tuve la buena fortuna de que no me hice ningún daño considerable, aclimatado me volví a erguir y decidí hacer una clásica mía. Me puse a cocinar, había pocas cosas pero como pude me las arregle para hacer algo y se las dejé, tapadas con un trapo. Esa noche ellos no llegarían.

     Desperté abruptamente, tuve una pesadilla. Los muchachos no habían llegado ayer y eso me dio material para un sueño infernal, mi condición no era mejor que la de ayer de modo que no quise volverme loco y partir a buscarlos, en esté estado tan patético si un solo comegente me atacaba estaba frito. De modo que esperé, y esperé, y esperé. Nuevamente de noche, me fui a dormir.

     Tres días habían pasado desde la última vez que vi a Dante e Isa, mi paciencia no daba para tanto, de modo que quite las cadenas de la puerta y salí a por ellos, a por alguien, por lo que sea, con un bastón que me ayudaba a caminar y un cuchillo como única arma, realmente no tenía muchas esperanzas. Pero seguí adelante, debían ser  tal vez la una de la tarde, el sol estaba caliente, tanto así que tuve que devolverme y buscar unos trapos. Con los mismos me cubrí la cara asimilando un turbante, y con mi bastón en mano fui adelante.

     La plaza, ambas para ser exacto estaban peladas, vacías, no había un alma en ellas y los banquitos ya eran blancos por la arena y polvo que ni las ventoleras quitaban. Mi desplazamiento era patético pero enérgico, podía fácilmente hacerme pasar por un viejo sobreviviente, miraba  constantemente a los lados, atrás  y sobre todo arriba de los árboles para ver si no había algún loco cantando la zona.

     – ¿Dónde mierda estarán? – Pregunté en mi soledad. Me senté en un banquito más que a descansar, a pensar. ¿Cuál sería mi destino? Por más que fuese realmente no sabía a dónde ir, el bodegón de la familia de Nelson era un buen lugar para comenzar, aunque lo ponía en duda, casa de María era otro lugar posible, quizá por el estadio encontraría a Dante e Isa, pero ni en mi demencia más grande iría solo y herido allá, no luego de lo que les hice. ¿Casa de Nelson? ¿Casa de Joan? A todos y exactamente cada uno de esos puntos podría ir caminando en unas horas, pero no. En mi estado podía ir quizás a dos lugares, con suerte a los tres más cercanos, casa de Nelson, casa de María y en su defecto el Bodegón.

     Recordé que la última vez que fui a casa de Nelson había no una horda, sino un enjambre de docenas, quizás cientos de comegentes, en cambio sabía que de camino al Bodegón a lo más vería a tres o dos moribundos. Decidí caminar al local aún bajo el riesgo de que los caníbales estuvieran cerca.

     Tarareaba una fea canción por todo el camino, era lo único que podía hacer caminando a diez centímetros por segundo, no obstante a ello el paso de vencedores estaba dando frutos, ya me encontraba a la vuelta de la esquina con el Bodegón,  mantuve mi distancia, no me importaba morir, pero no lo iba a poner tan fácil, de modo que  como pude me mantenía oculto ante el más mínimo ruido, me quite los trapos que me servían de turbante porque limitaban mi audición. Guarde mi distancia, cogí el cuchillo que tenía guardado y lo empuñe con gran fuerza porque veía a lo lejos una figura masculina, aquel era un hombre alto y delgado, se veía hasta desnutrido pero no podía fiarme, el sujeto cargaba un bate en la mano derecha, lo presionaba con fuerza por lo marcado que se veía su brazo. El hombre  que no hacía más que estar parado frente a la Bodega empezó a flaquear y cayó aparentemente desmayado. “Es mi oportunidad” Pensé. De modo que cojeando así me hiciese más daño llegue hacía él, iba a matarlo antes de que volviera en sí. Pero al ver su rostro pálido y desnutrido con sus labios rotos y llenos de pus el cuchillo se me cayó y casi caigo yo también… Susurré:

     – Qué carajo te pasó Luziko.

domingo, 31 de diciembre de 2017

Capitulo 32

     Silenciosos y tomados de las manos tragamos saliva cultivando un último deseo, << Qué este maldito y locuaz plan salga bien >> Sudando en frío sosteniendo las armas con asombroso aferro y con la mirada fija hacía la Santamaría esperábamos impacientes la llegada de aquellos bastardos.

     Horas antes el equipo finalmente se había reunido, no era precisamente un bonito reencuentro, Kamui estaba medio muerto, Hernán inconsciente, pero era nuestro equipo, tan pronto “desempacamos” Nelson, María, Michelle y Nicole empezaron a comer con notable desespero. Podías discernir que de verdad tenían hambre, tanto así que de hecho, se abrió el apetito de todos y aprovechamos de comer algo. Puse a hervir una leche que tenía guardada, ya había expirado pero contaba fielmente que el hervirla ayudará de algo, cuando la vertí en la olla parecía queso o yogurt, olía rancio pero quería darme un lujo, si es que así se le puede llamar. Lo diluí en agua y empecé a hervir hasta que burbujeo y se tornó de un color natural. Entonces en la misma olla vertí una caja de cereal que encontré hace un tiempo, “también la estaba reservando” Era unas azucaradas, vertí toda esa mierda sobre la leche y revolví. Extendí la mano hacía María para levantarla, ella estaba comiendo unos fideos instantáneos cuando me devolvió la mirada.

     – Te invito un poco.  Le manifesté y le devolví una sonrisa. Nos apartamos un poco del grupo para tener algo que no habíamos tenido en mucho tiempo, privacidad, entonces empezamos a comer, uno tras otro como cerdos, sin decir una sola palabra hasta casi terminárnoslo. 

     – ¿Y qué será de nosotros ahora? – Pregunto ella, volteé a verla y reí.

     – ¿Importa? Yo creo que hace mucho que debimos haber muerto si me lo preguntas a mí.  Respondí. 

     – Ja, entonces no soy la única, hace bastante deje de sentirme mal. << Sonrió >> había dejado de preocuparme por mi bienestar o el de los demás, creí que habías muerto en más de una ocasión y era ridículo, porque deseaba de verdad, de verás y con toda mi alma volverte a ver y ahora te tengo aquí y no sé qué hacer, quiero besarte pero no tengo la motivación. De verdad siento que una parte de mi murió ya hace mucho… Reclamo ella.

     – Te entiendo, << Miré hacía el techo >> ya me ha tocado ver a tanta gente morir, me ha tocado matar a tantos, cuerdos o no, he estado tan cerca de la muerte que mi ateísmo se está convirtiendo en agnosticismo, siento que morí hace mucho y estoy en un maldito bucle, un limbo ridículo que no se quiere terminar Ja… << Reí >> Es molesto. – Añadí.

     Ella se recostó en mi hombro y dijo:

      – ¿Sabes? Aunque me sienta así, no quiero morir, tampoco estoy preparada para ver a alguien más morir, para verte a ti morir. Sin embargo sé que eso es imposible.

     – ¿Tú crees? Nunca es fácil ver a alguien partir, pero… No sé, creo que solo hay que ser paciente y ver cómo sale todo. Quizás, quizás los planetas se alineen para darnos la victoria sin que nadie perezca jaja… – Afirmé.

     La abracé con sinceridad aunque confieso sin ánimos, mis esperanzas no eran mejores que las de ella, pero aquí estábamos y eso era suficiente de momento.

     – ¿Qué le pasó a Hernán? – Preguntó María rato después.

     – Lo noqueé, tuve que. – Respondí.

     – ¿Y eso por qué? – Preguntó extrañada.

     – Esto, esta mierda nos va a terminar por volver locos a todos, Hernán empezó a masacrar a un grupo que nos estaba persiguiendo y bueno, Joan le dijo que parara, que ya estaban muertos, y le dijo unas cosas y entonces él se alteró. Al menos así lo ví yo, estaba armado y se acercaba con mala cara y no sé, vi muy malas intenciones, se acercó hacía Joan y sentí que haría algo horrible, solo fue reflejo lo golpeé y quedo aturdido. Afirmé dudoso al no saber explicar bien. 

     – ¿Así nomás? ¿Qué tiempo lleva actuando así o fue solo esa vez? – Pregunto María.

     – De hecho no, desde lo de Yue Hernán ha estado actuando raro, ni Megan puede calmarlo, parece un maldito emo asqueroso, hasta cuando te salva sientes como si quisiera matarte.

     – ¡¿Y él es estúpido o qué?! – Interrumpió María indignada.

     – Iré a hablar con él. – Afirmó María quien se levantó y fue a despertarlo, no me propuse a hacer nada, solo me quede contemplando el suelo y esperando que Nelson nos dijera que hacer, si irnos o qué.


      El rato pasó  creo que ya empezaba a anochecer, Nicole caminó hacia mí y se sentó a mi lado. 

     – Hola amiguito. – Afirmó desanimada.

      – Pulga ¿qué tal? Siento mucho pesar en ti. – Afirmé y al decirlo noté que apretó con cierta fuerza sus manos formando puños.

      – Supongo que no es nada. – mencionó ella. 

     – ¿y a quien pretendes engañar con eso? Si te sentaste aquí seguramente es porque necesitas desahogarte ¿no?  Pregunté. 

     – Te equivocas, solo quería saludar. 

     – Cuéntame, solo hazlo, sabes que lo sabré tarde o temprano. – Dije. 

     – Solo, solo estoy molesta Aldo, se me pasará, siempre es así. – Afirmo ella casi al punto de entrar al sollozo.  

     – ¿Tiene que ver con Luis Elias verdad? – Pregunté y aparté mi mirada para darle más espacio, y su respuesta solo fue crujir los dientes, creo que jamás la había visto tan enojada en los años que llevaba conociéndola. 

     – El murió defendiendo una causa, necesitaban esos alimentos… 

     – ¡Lo sé! – Gritó, – ¿Crees que no lo sé? Sé que tenía que ir, que no es un inútil, pero es que… ¿por qué tenía que ser él? Maldito el momento, quizás si hubiéramos ido todos… 

     – Te equivocas, fue él porque así tenía que pasar, si no hubiera sido él hubiera sido otro, así de simple, Y si hubieran ido todos, quizás hubiera sido peor. Quizás hubieran muerto más. – Afirmé sin una pisca de pesar. 

     – No lo entenderías, tú tienes a María Manifestó, y aquel comentario me enfureció. Exhale y disimulando mi enojo solo hable lentamente. 

     – Es el mismo estúpido argumento por el cual se rigió Hernán, egoísta y sin sentido, Sí, tengo a María ¿Por cuánto tiempo más? Cada minuto pienso en todas las posibles formas en las que la puedo perder, en que alguno de los dos podría morir, en que alguno se podría transformar. Es tanto así, que no sé qué siento hacía ella, es como si viera un muerto, y sé que ella así me ve, somos dos muertos que nuestro único propósito o meta es ayudarlos a ustedes. ¿Tú tienes a María? Tú también la tienes, siempre estuvo allí contigo, yo la dí por muerta en varias ocasiones y ella a mí, aquí la tengo y siento que todo este recorrido fue en vano, porque sí, así es la vida ahora. Siempre lo fue así, pero ahora más, no vale nada. Luis Elias solo era otro cuerpo caminando que ahora está despojado de su humanidad, Míranos, en lo que a mí respecta estaríamos mejor muertos, no más preocupaciones, pero aquí estamos aferrándonos a un futuro incierto y seguramente horrible… – Su mirada mostraba que me había pasado de la raya con todo aquello que le dije, hubo un silenció fúnebre durante unos segundos, todos me había escuchado, y no tenía que voltear a ver para darme cuenta de ello. 

     – ¿No tienes corazón? – Afirmó Sollozando y posteriormente llorando.

      – Quizás no. Por eso sigo vivo, por eso, seguimos vivos. 

     – ¿Entonces que nos hace diferentes a ellos? << Frunció el ceño >> Preguntante ¿Cuánto falta hasta que nosotros tengamos que comer personas también? 

     – Eso no va a pasar, pregúntate tú. Si le desearías esto a Luis Elías, pregúntate tú, si ayudas de alguna forma cargando esa actitud ridícula, pregúntate tú, si en lugar de estar molesta por la muerte de Elías realmente lo que estas es decepcionada de no haber muerto con él, porque sí es así, eres una egoísta y pensé que eras mejor que eso. Manifesté y me retiré dejándola sola viendo la pared, Michelle me observó y bajo la mirada la suelo al notar que le devolví la mirada. No sabía si había dicho una verdad cruda o había quedado como un imbécil frente a todos de modo que no hubo más que volver al silencio.

     El tiempo pasó a través de las cámaras notamos que había oscurecido, era de noche, luego escuchamos las motos, una, dos, tal vez cuatro, murmullos, gritos, “Saca la cierra” se distinguía entre los barbáricos gritos, entonces Nelson nos voltio a ver. 

     – Es hora, ya, ya, todos en guardia… – Susurro rápidamente.

     Anteriormente habíamos planificado algo absurdo y obtuso pero no teníamos muchas salidas, María abrió la puerta principal y Michelle había apagado todas las luces de adentro,  solo nos protegería la Santamaría en plena obscuridad, María se posiciono atrás contra la pared con su confiable arma, yo y Joan con pistolas estábamos en la entrada en cada esquina,  Nelson y una asustada Megan estaban en la zona céntrica del bodegón pecho tierra con Armamento pesado de metrallas rezando porque no fueran muchos. Entonces escuchamos aquella cierra como se encendía, no lo hizo a la primera, no lo hizo a la segunda, entonces cuando agarro, notamos como las chispas se hacían presenten, aquella cosa cortaba el metal como madera, con una facilidad fuera de lo normal,  parecía que iba a hacer algo grande así qué Nelson y Megan se ocultaron tras un estante de licores vacío, y eventualmente paso lo que tenía que pasar, y nosotros con el corazón en la garganta, cayó la sección del Santamaría, nuestra única protección. 

     – Está mierda parece vacía.  afirmó el gordo que cargaba la cierra, dio un paso adelante y atrás se le abalanzo otro sujeto. 

     – No creo...  y antes de que pudiera reaccionar, decir algo o ver bien, siquiera que aclaran la visión un disparo de parte del Fal de María le atravesó la cabeza al de la cierra y esa fue la señal, Nelson empezó a disparar al otro junto con Megan, volviedolos lo que llamaríamos vulgarmente queso, los otros que yacía atrás gritaron y Joan y yo nos vimos las caras, pistola en mano salimos afuera y justo cuando se estaban montando en sus motos Pude ver con el rabillo del ojo que eran unos seis, y sin apuntar, sumidos en la adrenalina lanzamos empezamos a disparar llevándonos a todo aquel presente, evidentemente reaccionaron pero tuvimos la fortuna de haber disparado primero, matamos a cuatro al instante, Los otros dos lograron montarse en una moto y arrancaron, el de atrás nos disparó pero tuvimos mejor puntería le disparamos en un ojo pero no habíamos logrado lo cometido pues el que conducía logró escapar.

     – ¡MALDITA SEA! – Grité, – Joan dile a los demás que se vallan...  afirme sin antes ver a Joan quien había caído de rodillas contra la acera,  no pude ver bien qué, pero su hombro estaba ensangrentado y su brazo se tiñó de rojo hasta la mano. Salió Nelson y Megan quienes nos veían, Joan volteó atrás y la pálida y cara de Megan tapándose su boca fue lo último que pudo ver antes de caer contra el suelo. Todo en ese momento se volvió lento, Nelson parecía desconcertado y con la mirada perdida, y lo agarré por los hombros y le gritaba como un demento una y otra vez

     – ¡NELSON, NELSON!... – 

     Megan se abalanzo llorando a abrazar a Joan y nadie me escuchaba, el único que sabía que uno quedo con vida y escapó era yo, así que como pude corrí a todo lo que el cuerpo me dio a buscar un auto, por suerte teníamos la camioneta aparcada relativamente cerca. La encendí como pude y la conduje hasta el bodegón, entonces empecé a escuchar el fúnebre sonido de las motos, se estaban acercando, y yo sabía mejor que nadie que estaban cerca, afín de cuentas, el estadio quedaba a nada, todo esto había pasado en cuestión de dos minutos, Note que no iba a dar tiempo montarlos a todos, el corazón me dolía quería vomitar así que  aceleré la camioneta  como pude  me voltee para ver en fracciones de segundos a los muchachos pensando en que quizás podía ser la última vez que los viera, noté a Megan llorando sobre un Joan cada vez más bañado en sangre, y pude ver asomándose a la puerta María quien no me vio, su cara solo era de perdición ante el incidente. Giré en L y puse las manos al volante con como si no solo mi vida, sino la de todos dependiera de ello, y pude ver aquella seguidilla de motos, no conté, pero debían haber más de doce aceleré y pude ver que aquellos que iban adelante disparándole a la misma se cagaron en sus pantalones y empezaron a frenar, pero ya era tarde, estábamos lo suficientemente cerca como para colisionar, y quizás con un poco más de suerte de la que ya había tenido, llevármelos a todos, hubo un choque, la camioneta y rodó, escuche crujir un hueso de mi pierna, pero no sentía nada, el chiste solo acabó cuando todo se volvió negro.

domingo, 8 de octubre de 2017

Capítulo 31








31


     Huecos, escombros, sangre seca y mucha, pero mucha mierda. Es lo primero que me llega a la mente al tratar de describir el paisaje, creo que lo más triste que puedo discernir es el hecho de que una pequeña, minúscula parte de mí podía ver esta ciudad con mejores ojos que antes. Íbamos en una Hilux, esa maldita camioneta no se dejaba joder por nadie, la encontró Kamui tan pronto decidimos irnos de nuestro acogedor agujero. << Que buen ojo tiene esa perra >> Joan, Megan, Kamui, Hernán, Samara y claro, Yo. En plena luz del día nos lanzábamos a nuestro destino, el plan era más que claro, de modo que tomamos toda la comida que teníamos disponible, todos los medicamentos, sobre todo los antibióticos y nos lanzamos a esa mierda, cada uno excepto Samara y Megan quien no sabía disparar tenía un arma, ya no nos quedaba mucho que digamos, yo tenía una pistola cargada completamente, pero los demás no. Joan solo tenía cuatro balas, Hernán ni idea, pero sé que esa mierda no estaba del todo recargada, Kamui era el peor, tenía solo dos balas, aunque para su estado las balas eran el menor de los problemas.

     – ¿Entonces?... ¿A matar no? – Preguntó Joan con sumisa inseguridad, quité la mirada del camino un segundo para devolverle la misma y me tome un segundo de silenció.

     – Has de cuenta que si cualquiera de los suyos nos agarra no nos preguntaran por nuestro día, tiraran a matarnos. Son ellos o nosotros. – Afirmé.

     – De eso estoy consciente, pero ¿tú de verdad crees que estamos listos para matar así? Como en una guerra. – Preguntó Joan.

     – Te diré que no. Ni siquiera sé que lo lograremos, tampoco sé siquiera si llegaremos con los demás antes de que nos embosquen por el camino, solo sé… Que si nos quedamos esperando moriremos de hambre o peor ellos nos encontraran y nos usaran de alimento. – Afirmé.

      – Pura basura. – Interrumpió Hernán desde el asiento trasero. El silencio nos atormento un largo recorrido hasta que llegamos a la costa.

      – Que bonita se ve la playa. – afirmó Megan.

      – De hecho. – Susurró Joan. Ambos sonreían solo por ver aquel cambio en el paisaje, el agua se veía limpia y el viento que había hacia que danzara con imponente belleza, no parecía que nada de esto estuviera pasando.

      – Amiguito… ¿por qué me trajiste? – Pregunto adolorido Kamui.

      – ¿Cómo qué por qué? – Pregunté.

      – Mírame, no puedo mover un brazo y he perdido tanta sangre que no tengo fuerzas, seré un estorbo. – Afirmó Kamui de manera exánime y calmada.

      – ¿Qué te dio la marisquera? – Manifestó Joan.

     – Tú eres quizás el que más ha hecho en este grupo, ¿qué íbamos a hacer, dejarte solo allá desangrándote? – Pregunté retóricamente.

      – Me trajiste para pelear ¿verdad? – Preguntó Kamui.

     – Eres Esencial, pero si no te repones pronto no te obligaré a hacer una estupidez, quiero, quisiera de verdad que nadie muriera en esta, esta MIERDA que vamos a hacer, pero no son idiotas, y sé que conocen los riesgos…

      – ¡ALDHA! – Interrumpió Joan quien me hizo frenar de golpe.

      – ¿Qué pasa? – Pregunté mientras me sobaba el golpe que me di con el volante del auto. 

     – Retrocede, vi algo. – Alegó Joan quien se notaba bastante serio en la mirada. Estábamos llegando, quizás cuatrocientos metros o menos, pero no iba a dudar de Joan, de modo que metí retroceso y tan pronto como la camioneta empezó a retroceder, ocultos de la nada empezaron a salir sujetos desconocidos armados, la lluvia de balas no se hizo esperar, pero tuvimos la ventaja de la distancia, cuando empezaron a salir esas motos tras nosotros  fue cuando tuve que dar toda chola al auto. Samara entro en estado de Hiperventilación, mientras que Hernán se exhalaba y decía una y otra vez que acelerase. Los disparos se volvían ruido de fondo en mi cabeza, la adrenalina del momento estaba haciéndome hiperventilar también, Kamui preguntaba desesperando algo que no podía escuchar, no estaba escuchando ninguna voz, una, dos, tres balas rompieron el vidrio trasero y al voltear la mirada atrás solo podía verlos agachados, Megan Gritaba pero yo no llegaba a escuchar nada. Sin pensarlo antes de llegar a algún cruce giré a todo lo que dio el volante y casi hago que se volcase el mismo. De modo que pude verlos de frente, eran seis motos que venían hacía mí. Doce malditos, un conductor y el pequeño psicópata atrás disparando, no dio tiempo estabilizar el volante, todo fue muy rápido, nos volcamos.



     Los disparos se hacían más claros, cada vez, mi visibilidad estaba volviendo, parece que me había quedado inconsciente por un momento. Volteaba a los lados, solo veía sangre, atrás pude ver a Megan quien sacudía a Samara la cual estaba sufriendo un ataque, Kamui estaba desmayado o al menos es lo que yo esperaba. Abrí mis ojos tanto como pude y fue entonces cuando volví a la realidad. Los disparos, los insultos, los gritos, Abrí la ventana del auto, me sangraba la cabeza, y tenía una leve jaqueca, pero de esto estaba excelente, pude ver entonces como Hernán y Joan acribillaban a tiros a unos sujetos. Entonces pude analizar la escena, nos volcamos sí, pero nos llevamos a esos idiotas por el medio, Joan y el negro estaban acabando con los que sobrevivieron. Al menos eso parecía, Fui con ellos. Hernán se adelantó hacía uno de los que nos dispararon quien se movió un poco. Entonces casi sobre él empezó a dispararle a la  cabeza, una y otra vez sin piedad.

     – ¡Hernán Basta! ¡Basta! – Empezamos a gritarle Joan y yo, le puse la mano en el hombro y me dio un codazo con el pecho, entonces gasto su última bala en aquel más que muerto hombre, y seguía y seguía jalando el gatillo.

     – ¡¿Qué coño te pasa?! ¿Qué? ¡¿Sigues arrecho por lo de Yue?! – Advirtiendo con la mirada a Joan con el más puro hedor a odio se le acercó empuñando su arma como si tuviera intención de matarlo, corrí hacia él y con toda la fuerza que podía darle le golpeé la cabeza haciéndolo caer contra el suelo. Hernán cayó contra el piso y luego se desmayó.

      – Lo siento… – Declaré cansado y mirando con inseguridad a Joan quien a pesar de no decir nada, sabía que entendía por qué lo hice.

      – Tómemos sus armas antes de que vengan más. – Afirmó Joan.

     – Ayudemos primero a los demás.

      – Cierto, vamos. – Complementó Joan.

      Fuera del vehículo nos encontrábamos abatidos si se puede decir así, Kamui estaba como la propia mierda, Samara y Hernán desmayados y los demás solo bajo el sol, esperando.


      – No vinieron más. – Afirmó Joan.

     – Quizás están esperando que sus cazadores regresen, quizás solo nos están tendiendo un trampa. No sé. – Complementé.

     – Y entonces ¿qué haremos? – Preguntó Megan mientras trataba las heridas de Kamui y abanicaba a Samara.

     – Bueno somos seis y tres están indispuestos, creo que deberíamos comenzar por buscar un auto, solo uno, al menos dos deben quedarse armados esperando por si se pone fea la cosa. – Respondí.

     – ¿Y sí nos vamos a un lugar menos visible? – Preguntó Joan.

     – Podríamos agarrar por el anfiteatro, atrás creo que estaríamos a salvo a menos que no quieran mojarse por la playa. – Manifestó Megan, lo pensé un momento y analizando la situación tenían completa razón.

     – Cierto, vamos a cargar a los muchachos y ocultémoslos. – Afirmé, de modo que así fue. Despacio y con cuidado llevamos los llevamos a una zona rocosa atrás del anfiteatro, la marea estaba baja así que el agua ni nos tocó, y una vez posicionados afirmé. – Veré si consigo un auto, de todos modos. Ambos estén al pendiente y desde arriba y mantengan las armas bien cargadas, si esto se pone feo Joan, has de distractor.

      – No tienes que decírmelo, así será. – Completó Joan. – Los alejaré a toda costa de Megan y los otros. – Continuó.

     – Perfecto, entonces me voy. – Dije despreocupado.

     – ¿Solo te llevarás esa pistola? – Preguntó Megan antes de irme.

     – Llevo un cuchillo y está cosita, está totalmente cargada, de todos modos, no voy a buscar problemas, solo iré por un auto, si las cosas se ponen feas correré. No sería la primera vez. – Terminado de hablar, me retiré y me dirigí hacía los barrios bajos adyacentes al Marina, desde la carretera lance la mirada hacía el anfiteatro y no se veía nada, eso me dio una sensación de seguridad impecable, y entonces empecé a trotar, a revisar  todo vehículo en la zona. No había personas, no había animales, no había comegentes, aquel barrió estaba más muerto que cualquier cosa, me fui de allí. Decidí encaminar un viaje hacía Hidrocaribe y recordé que Dante tenía un grupo de sobrevivientes que tenía esa zona tomada. A largos pazos troté hacía aquel edificio, pero al llegar no vi nada, todo estaba destrozado, la puerta principal yacía negra, quemada producto de molotov probablemente, algo asustado, más bien sorprendido me adentré al lugar, las rejas y portones las habían tumbado por completo, daba la impresión de que un tanque o un vehículo blindado les paso por encima, y al entrar me topé con un horror tan descorazonador que más que miedo, me hizo sentir deprimido e infinitamente triste. Las Salidas estaban bloqueadas, y se veían restos, despojos de personas pidiendo clemencia, al ver esa piel carbonizada pegada a los huesos, calacas algunos tú podías entender el sufrimiento que debieron pasar esas personas. No sabía si me sentía mal por esas personas, por esos despojos o era por mi amigo, mi hermano Dante, quien hasta ese momento creí estaba mejor que yo. Pero continué con mi camino.


     En todo el mercado y la trinidad no había un maldito auto funcional, siempre faltaba algo de modo que tuve que encaminarme hasta el local, nuestra vieja base a buscar la camioneta del Nelson, que por suerte seguía allí estacionada, un poco rayada y con el techo algo hundido, pero hermosa sin duda. Me monté sobre la misma y preocupado por sucesos del pasado empecé a revisar los asientos traseros, << no había nada >> de modo que la encendí y me fui directo con los muchachos. Se estaba haciendo tarde, mi plan era estar con los demás para antes del mediodía, debían ser ya la una de la tarde más o menos, al menos eso evidenciaba el sol. Pero elemental, llegue con los demás, estacioné la camioneta justo en el anfiteatro para que se nos hiciera más fácil cargar a los muchachos y empecé a imaginar que no estuviesen allí, que estuviesen sus cadáveres ensangrentados o que algún maniático los esté sometiendo a punta de rifle, empecé a sudar, pero me di una cachetada a mí mismo y tome las riendas de mi imaginación, salí de la camioneta dejando la pistola sobre la guantera, levante mis manos en señal de que estaba desarmado y entonces lo vi.

     – Sube a ayudarnos pue’ – Gritó Joan desde arriba, estaban excelentes. Así que subí escalón tras escalón y llegué con ellos. Todo estaba bajo control de modo que empezamos a cargarlos y los subimos a la camioneta, Hernán parecía como que se despertaba, pero no era el caso volvía a caer rendido. Me senté en el asiento del conductor.

     – Aldha, no es por nada, ¿pero me dejas conducir a mí? – Preguntó Joan. Me lo quedé viendo y le dije.

     – Bueno, supongo no…

     – Es que conozco un atajo para llegar por el estadio, no pienso volver a tener de frente a esos locos. – Afirmó, me baje y me puse de copiloto con Megan, a quien le pedí un rifle de asalto que le robamos a uno de los perseguidores. Joan encendió la camioneta y preguntó:

     – ¿Sabes usar eso?

     – No… Pero aprenderé en el camino si es necesario. – Respondí, luego arrancamos.


     Nuevamente nos encontrábamos por la vía en una camioneta, la diferencia es que ahora íbamos por el camino contrario y con tres caídos en lugar de uno.

     – ¿Se habrán roto los potes de comida? – Preguntó Megan.

     – ¿Los de vidrio? – Preguntó Joan.

     – Esos mismos. – Respondió ella.

     – Bueno, esos los cubrimos bien con sábanas y estaban cubiertos de enlatados, de paso todo estaba dentro de mochilas así que no creo, y si sí, entonces debemos llegar rápido para no perder los embutidos. – Respondió Joan, estábamos llegando a barrios que jamás había visto, pero luego me ubiqué de dónde estábamos, salimos por la iglesia le pedí a Joan que detuviera el auto.

     – ¿Qué pasa Aldha? – Preguntó.

     – Te diré dos cosas, la primera es que esa puta iglesia está llena de locos, que a mi parecer podrían también ser caníbales o solo asesinos, no sé nada de ello más que parecen peligrosos, la otra cosa es que no debes pasar por el estadio directamente, NO LO HAGAS, cualquier cosa si vez a algún extraño aléjate o atropéllalo si está solo. – Afirmé, con esas palabras puse nervioso a Joan, pero igual, puse la mirada al frente, arrancó el vehículo y afirmó.

     – Continuaré. – Joan empezó a manejar suavemente tratando de no hacer ruido pero entonces las puertas de la iglesia se abrieron de golpe y algunos transeúntes salieron corriendo, sin perder tiempo y dando todo lo que podía dar la chola Joan acelero hasta salir de toda la zona del sucre, siguiendo mis instrucciones Joan se guío hasta que eventualmente llegamos al bodegón, lance la mirada antes de bajarme, todo parecía estar como cuando me fui a excepción de una gran “X” con un circulo dibujados con grafiti sobre la Santamaría, Baje solo del vehículo como de costumbre esperando lo peor, me asomé hacia una de las cámaras de seguridad y empecé a disque bailar, luego toqué la Santamaría como quien toca una puerta y me quede esperando frente a la cámara. Entonces empecé a escuchar candados y cadenas, estaban abriendo, tomé mi distancia y apunté con el rifle nuevamente esperando lo peor.

     – ¿Qué vas a matar a tu capitán? – Preguntó Nelson quien salió como carajito en su casa <<en pijama y guardacamisa >> del bodegón. – ¡Aldha que le hiciste la camioneta! – Levantó la voz Nelson. – Solo una cosa te pedí, una cosa y ve como la pusiste. – Complementó.

     – Luego tendré tiempo para disculparme, vamos a llevar a los muchachos dentro. – Pedí, sin perder tiempo las muchachas nos ayudaron, María se preocupó bastante al ver a Kamui medio muerto y quizás más aún al ver a Hernán desmayado pero actuó rápido, ayudo a llevarlos mientras que Michelle y una desanimada Nicole tomaron las mochilas y las llevaron adentro.

     – Mira lleva la camioneta lejos de aquí para que no le vente sospechas. – Me pidió Nelson.

     – Eso iba a hacer, pero tengo una pregunta, ¿qué es esa equis en la Santamaría. – Pregunté, Nelson al voltear a ver << quien no se había dado cuenta >> solo pudo afirmar.

     – Coño e’ la madre…

     – ¿Qué pasa con eso? – Pregunté. Y me respondió.

     – Ese es el símbolo que usan los de arriba para marcar un lugar pendiente por revisar, casas, negocios, lo que sea que les parezca interesante, le ponen esa marca que significa pendiente por revisar.

     – ¿ Y cómo sabes eso? – Pregunté.

     – Lo he visto, ya más o menos sé cómo trabajan. – Respondió Nelson. Sin más preguntas, fui a llevar rápidamente la camioneta hacía una farmacia cercana, la estacione allí, le saque la batería para que no nos la robaran << por suerte tenía mis guantes >> y me piré de regreso con los muchachos. Nelson cerró todo, absolutamente todo, encendió el aire acondicionado que hacía calor y allí estábamos, Nelson, María, Kamui, Hernán, Megan, Michelle, Nicole, Samara y yo. Dos desmayados, uno desangrándose aún y tres con más hambre que ganas de vivir.  Nelson abrió una de las tres mochilas, saco una bolsa de papitas fritas y empezó a comer y con la boca llena dijo.

     – Está es la cosa señores, vamos todos a morir.