"Para mí, para mis amigos, para cualquiera interesado en leerlo.
Nada especial, solo hobby."

-AldhaRoku

domingo, 8 de octubre de 2017

Capítulo 31








31


     Huecos, escombros, sangre seca y mucha, pero mucha mierda. Es lo primero que me llega a la mente al tratar de describir el paisaje, creo que lo más triste que puedo discernir es el hecho de que una pequeña, minúscula parte de mí podía ver esta ciudad con mejores ojos que antes. Íbamos en una Hilux, esa maldita camioneta no se dejaba joder por nadie, la encontró Kamui tan pronto decidimos irnos de nuestro acogedor agujero. << Que buen ojo tiene esa perra >> Joan, Megan, Kamui, Hernán, Samara y claro, Yo. En plena luz del día nos lanzábamos a nuestro destino, el plan era más que claro, de modo que tomamos toda la comida que teníamos disponible, todos los medicamentos, sobre todo los antibióticos y nos lanzamos a esa mierda, cada uno excepto Samara y Megan quien no sabía disparar tenía un arma, ya no nos quedaba mucho que digamos, yo tenía una pistola cargada completamente, pero los demás no. Joan solo tenía cuatro balas, Hernán ni idea, pero sé que esa mierda no estaba del todo recargada, Kamui era el peor, tenía solo dos balas, aunque para su estado las balas eran el menor de los problemas.

     – ¿Entonces?... ¿A matar no? – Preguntó Joan con sumisa inseguridad, quité la mirada del camino un segundo para devolverle la misma y me tome un segundo de silenció.

     – Has de cuenta que si cualquiera de los suyos nos agarra no nos preguntaran por nuestro día, tiraran a matarnos. Son ellos o nosotros. – Afirmé.

     – De eso estoy consciente, pero ¿tú de verdad crees que estamos listos para matar así? Como en una guerra. – Preguntó Joan.

     – Te diré que no. Ni siquiera sé que lo lograremos, tampoco sé siquiera si llegaremos con los demás antes de que nos embosquen por el camino, solo sé… Que si nos quedamos esperando moriremos de hambre o peor ellos nos encontraran y nos usaran de alimento. – Afirmé.

      – Pura basura. – Interrumpió Hernán desde el asiento trasero. El silencio nos atormento un largo recorrido hasta que llegamos a la costa.

      – Que bonita se ve la playa. – afirmó Megan.

      – De hecho. – Susurró Joan. Ambos sonreían solo por ver aquel cambio en el paisaje, el agua se veía limpia y el viento que había hacia que danzara con imponente belleza, no parecía que nada de esto estuviera pasando.

      – Amiguito… ¿por qué me trajiste? – Pregunto adolorido Kamui.

      – ¿Cómo qué por qué? – Pregunté.

      – Mírame, no puedo mover un brazo y he perdido tanta sangre que no tengo fuerzas, seré un estorbo. – Afirmó Kamui de manera exánime y calmada.

      – ¿Qué te dio la marisquera? – Manifestó Joan.

     – Tú eres quizás el que más ha hecho en este grupo, ¿qué íbamos a hacer, dejarte solo allá desangrándote? – Pregunté retóricamente.

      – Me trajiste para pelear ¿verdad? – Preguntó Kamui.

     – Eres Esencial, pero si no te repones pronto no te obligaré a hacer una estupidez, quiero, quisiera de verdad que nadie muriera en esta, esta MIERDA que vamos a hacer, pero no son idiotas, y sé que conocen los riesgos…

      – ¡ALDHA! – Interrumpió Joan quien me hizo frenar de golpe.

      – ¿Qué pasa? – Pregunté mientras me sobaba el golpe que me di con el volante del auto. 

     – Retrocede, vi algo. – Alegó Joan quien se notaba bastante serio en la mirada. Estábamos llegando, quizás cuatrocientos metros o menos, pero no iba a dudar de Joan, de modo que metí retroceso y tan pronto como la camioneta empezó a retroceder, ocultos de la nada empezaron a salir sujetos desconocidos armados, la lluvia de balas no se hizo esperar, pero tuvimos la ventaja de la distancia, cuando empezaron a salir esas motos tras nosotros  fue cuando tuve que dar toda chola al auto. Samara entro en estado de Hiperventilación, mientras que Hernán se exhalaba y decía una y otra vez que acelerase. Los disparos se volvían ruido de fondo en mi cabeza, la adrenalina del momento estaba haciéndome hiperventilar también, Kamui preguntaba desesperando algo que no podía escuchar, no estaba escuchando ninguna voz, una, dos, tres balas rompieron el vidrio trasero y al voltear la mirada atrás solo podía verlos agachados, Megan Gritaba pero yo no llegaba a escuchar nada. Sin pensarlo antes de llegar a algún cruce giré a todo lo que dio el volante y casi hago que se volcase el mismo. De modo que pude verlos de frente, eran seis motos que venían hacía mí. Doce malditos, un conductor y el pequeño psicópata atrás disparando, no dio tiempo estabilizar el volante, todo fue muy rápido, nos volcamos.



     Los disparos se hacían más claros, cada vez, mi visibilidad estaba volviendo, parece que me había quedado inconsciente por un momento. Volteaba a los lados, solo veía sangre, atrás pude ver a Megan quien sacudía a Samara la cual estaba sufriendo un ataque, Kamui estaba desmayado o al menos es lo que yo esperaba. Abrí mis ojos tanto como pude y fue entonces cuando volví a la realidad. Los disparos, los insultos, los gritos, Abrí la ventana del auto, me sangraba la cabeza, y tenía una leve jaqueca, pero de esto estaba excelente, pude ver entonces como Hernán y Joan acribillaban a tiros a unos sujetos. Entonces pude analizar la escena, nos volcamos sí, pero nos llevamos a esos idiotas por el medio, Joan y el negro estaban acabando con los que sobrevivieron. Al menos eso parecía, Fui con ellos. Hernán se adelantó hacía uno de los que nos dispararon quien se movió un poco. Entonces casi sobre él empezó a dispararle a la  cabeza, una y otra vez sin piedad.

     – ¡Hernán Basta! ¡Basta! – Empezamos a gritarle Joan y yo, le puse la mano en el hombro y me dio un codazo con el pecho, entonces gasto su última bala en aquel más que muerto hombre, y seguía y seguía jalando el gatillo.

     – ¡¿Qué coño te pasa?! ¿Qué? ¡¿Sigues arrecho por lo de Yue?! – Advirtiendo con la mirada a Joan con el más puro hedor a odio se le acercó empuñando su arma como si tuviera intención de matarlo, corrí hacia él y con toda la fuerza que podía darle le golpeé la cabeza haciéndolo caer contra el suelo. Hernán cayó contra el piso y luego se desmayó.

      – Lo siento… – Declaré cansado y mirando con inseguridad a Joan quien a pesar de no decir nada, sabía que entendía por qué lo hice.

      – Tómemos sus armas antes de que vengan más. – Afirmó Joan.

     – Ayudemos primero a los demás.

      – Cierto, vamos. – Complementó Joan.

      Fuera del vehículo nos encontrábamos abatidos si se puede decir así, Kamui estaba como la propia mierda, Samara y Hernán desmayados y los demás solo bajo el sol, esperando.


      – No vinieron más. – Afirmó Joan.

     – Quizás están esperando que sus cazadores regresen, quizás solo nos están tendiendo un trampa. No sé. – Complementé.

     – Y entonces ¿qué haremos? – Preguntó Megan mientras trataba las heridas de Kamui y abanicaba a Samara.

     – Bueno somos seis y tres están indispuestos, creo que deberíamos comenzar por buscar un auto, solo uno, al menos dos deben quedarse armados esperando por si se pone fea la cosa. – Respondí.

     – ¿Y sí nos vamos a un lugar menos visible? – Preguntó Joan.

     – Podríamos agarrar por el anfiteatro, atrás creo que estaríamos a salvo a menos que no quieran mojarse por la playa. – Manifestó Megan, lo pensé un momento y analizando la situación tenían completa razón.

     – Cierto, vamos a cargar a los muchachos y ocultémoslos. – Afirmé, de modo que así fue. Despacio y con cuidado llevamos los llevamos a una zona rocosa atrás del anfiteatro, la marea estaba baja así que el agua ni nos tocó, y una vez posicionados afirmé. – Veré si consigo un auto, de todos modos. Ambos estén al pendiente y desde arriba y mantengan las armas bien cargadas, si esto se pone feo Joan, has de distractor.

      – No tienes que decírmelo, así será. – Completó Joan. – Los alejaré a toda costa de Megan y los otros. – Continuó.

     – Perfecto, entonces me voy. – Dije despreocupado.

     – ¿Solo te llevarás esa pistola? – Preguntó Megan antes de irme.

     – Llevo un cuchillo y está cosita, está totalmente cargada, de todos modos, no voy a buscar problemas, solo iré por un auto, si las cosas se ponen feas correré. No sería la primera vez. – Terminado de hablar, me retiré y me dirigí hacía los barrios bajos adyacentes al Marina, desde la carretera lance la mirada hacía el anfiteatro y no se veía nada, eso me dio una sensación de seguridad impecable, y entonces empecé a trotar, a revisar  todo vehículo en la zona. No había personas, no había animales, no había comegentes, aquel barrió estaba más muerto que cualquier cosa, me fui de allí. Decidí encaminar un viaje hacía Hidrocaribe y recordé que Dante tenía un grupo de sobrevivientes que tenía esa zona tomada. A largos pazos troté hacía aquel edificio, pero al llegar no vi nada, todo estaba destrozado, la puerta principal yacía negra, quemada producto de molotov probablemente, algo asustado, más bien sorprendido me adentré al lugar, las rejas y portones las habían tumbado por completo, daba la impresión de que un tanque o un vehículo blindado les paso por encima, y al entrar me topé con un horror tan descorazonador que más que miedo, me hizo sentir deprimido e infinitamente triste. Las Salidas estaban bloqueadas, y se veían restos, despojos de personas pidiendo clemencia, al ver esa piel carbonizada pegada a los huesos, calacas algunos tú podías entender el sufrimiento que debieron pasar esas personas. No sabía si me sentía mal por esas personas, por esos despojos o era por mi amigo, mi hermano Dante, quien hasta ese momento creí estaba mejor que yo. Pero continué con mi camino.


     En todo el mercado y la trinidad no había un maldito auto funcional, siempre faltaba algo de modo que tuve que encaminarme hasta el local, nuestra vieja base a buscar la camioneta del Nelson, que por suerte seguía allí estacionada, un poco rayada y con el techo algo hundido, pero hermosa sin duda. Me monté sobre la misma y preocupado por sucesos del pasado empecé a revisar los asientos traseros, << no había nada >> de modo que la encendí y me fui directo con los muchachos. Se estaba haciendo tarde, mi plan era estar con los demás para antes del mediodía, debían ser ya la una de la tarde más o menos, al menos eso evidenciaba el sol. Pero elemental, llegue con los demás, estacioné la camioneta justo en el anfiteatro para que se nos hiciera más fácil cargar a los muchachos y empecé a imaginar que no estuviesen allí, que estuviesen sus cadáveres ensangrentados o que algún maniático los esté sometiendo a punta de rifle, empecé a sudar, pero me di una cachetada a mí mismo y tome las riendas de mi imaginación, salí de la camioneta dejando la pistola sobre la guantera, levante mis manos en señal de que estaba desarmado y entonces lo vi.

     – Sube a ayudarnos pue’ – Gritó Joan desde arriba, estaban excelentes. Así que subí escalón tras escalón y llegué con ellos. Todo estaba bajo control de modo que empezamos a cargarlos y los subimos a la camioneta, Hernán parecía como que se despertaba, pero no era el caso volvía a caer rendido. Me senté en el asiento del conductor.

     – Aldha, no es por nada, ¿pero me dejas conducir a mí? – Preguntó Joan. Me lo quedé viendo y le dije.

     – Bueno, supongo no…

     – Es que conozco un atajo para llegar por el estadio, no pienso volver a tener de frente a esos locos. – Afirmó, me baje y me puse de copiloto con Megan, a quien le pedí un rifle de asalto que le robamos a uno de los perseguidores. Joan encendió la camioneta y preguntó:

     – ¿Sabes usar eso?

     – No… Pero aprenderé en el camino si es necesario. – Respondí, luego arrancamos.


     Nuevamente nos encontrábamos por la vía en una camioneta, la diferencia es que ahora íbamos por el camino contrario y con tres caídos en lugar de uno.

     – ¿Se habrán roto los potes de comida? – Preguntó Megan.

     – ¿Los de vidrio? – Preguntó Joan.

     – Esos mismos. – Respondió ella.

     – Bueno, esos los cubrimos bien con sábanas y estaban cubiertos de enlatados, de paso todo estaba dentro de mochilas así que no creo, y si sí, entonces debemos llegar rápido para no perder los embutidos. – Respondió Joan, estábamos llegando a barrios que jamás había visto, pero luego me ubiqué de dónde estábamos, salimos por la iglesia le pedí a Joan que detuviera el auto.

     – ¿Qué pasa Aldha? – Preguntó.

     – Te diré dos cosas, la primera es que esa puta iglesia está llena de locos, que a mi parecer podrían también ser caníbales o solo asesinos, no sé nada de ello más que parecen peligrosos, la otra cosa es que no debes pasar por el estadio directamente, NO LO HAGAS, cualquier cosa si vez a algún extraño aléjate o atropéllalo si está solo. – Afirmé, con esas palabras puse nervioso a Joan, pero igual, puse la mirada al frente, arrancó el vehículo y afirmó.

     – Continuaré. – Joan empezó a manejar suavemente tratando de no hacer ruido pero entonces las puertas de la iglesia se abrieron de golpe y algunos transeúntes salieron corriendo, sin perder tiempo y dando todo lo que podía dar la chola Joan acelero hasta salir de toda la zona del sucre, siguiendo mis instrucciones Joan se guío hasta que eventualmente llegamos al bodegón, lance la mirada antes de bajarme, todo parecía estar como cuando me fui a excepción de una gran “X” con un circulo dibujados con grafiti sobre la Santamaría, Baje solo del vehículo como de costumbre esperando lo peor, me asomé hacia una de las cámaras de seguridad y empecé a disque bailar, luego toqué la Santamaría como quien toca una puerta y me quede esperando frente a la cámara. Entonces empecé a escuchar candados y cadenas, estaban abriendo, tomé mi distancia y apunté con el rifle nuevamente esperando lo peor.

     – ¿Qué vas a matar a tu capitán? – Preguntó Nelson quien salió como carajito en su casa <<en pijama y guardacamisa >> del bodegón. – ¡Aldha que le hiciste la camioneta! – Levantó la voz Nelson. – Solo una cosa te pedí, una cosa y ve como la pusiste. – Complementó.

     – Luego tendré tiempo para disculparme, vamos a llevar a los muchachos dentro. – Pedí, sin perder tiempo las muchachas nos ayudaron, María se preocupó bastante al ver a Kamui medio muerto y quizás más aún al ver a Hernán desmayado pero actuó rápido, ayudo a llevarlos mientras que Michelle y una desanimada Nicole tomaron las mochilas y las llevaron adentro.

     – Mira lleva la camioneta lejos de aquí para que no le vente sospechas. – Me pidió Nelson.

     – Eso iba a hacer, pero tengo una pregunta, ¿qué es esa equis en la Santamaría. – Pregunté, Nelson al voltear a ver << quien no se había dado cuenta >> solo pudo afirmar.

     – Coño e’ la madre…

     – ¿Qué pasa con eso? – Pregunté. Y me respondió.

     – Ese es el símbolo que usan los de arriba para marcar un lugar pendiente por revisar, casas, negocios, lo que sea que les parezca interesante, le ponen esa marca que significa pendiente por revisar.

     – ¿ Y cómo sabes eso? – Pregunté.

     – Lo he visto, ya más o menos sé cómo trabajan. – Respondió Nelson. Sin más preguntas, fui a llevar rápidamente la camioneta hacía una farmacia cercana, la estacione allí, le saque la batería para que no nos la robaran << por suerte tenía mis guantes >> y me piré de regreso con los muchachos. Nelson cerró todo, absolutamente todo, encendió el aire acondicionado que hacía calor y allí estábamos, Nelson, María, Kamui, Hernán, Megan, Michelle, Nicole, Samara y yo. Dos desmayados, uno desangrándose aún y tres con más hambre que ganas de vivir.  Nelson abrió una de las tres mochilas, saco una bolsa de papitas fritas y empezó a comer y con la boca llena dijo.

     – Está es la cosa señores, vamos todos a morir.

martes, 12 de septiembre de 2017

Capítulo 30

30



     No tengo idea de que día era, cuanto tiempo había pasado, las cuentas se habían esfumado. Ya no importaba realmente quien muriera, cualquiera podía hacerlo, podrías enamorarte de alguien, sí, pero vivirías cada momento con el miedo de que en la noche despierte su instinto caníbal. Cuando todo empezó el problema eran los caminantes, necrófagos, caníbales, locos, como quieran llamarle, aquellos pedazos de carne despojados de su cordura, tu mamá, tu abuela, tu hermanito, la señora que ayer te saludo en el supermercado en una colita, tu enamorada o enamorado, ¿importa?. Había roto tantos cráneos de personas vivas, personas que quizás solo estaban enfermas que me daba asco, existían noches en qué no podía dormir, me sentía como un vil asesino, temblaba, pero ahora no, vi como violaban a personas, a sobrevivientes, mujeres, niñas, niños, todos estaban hambrientos, ¿hambrientos? Vi como los devoraban, ¿Qué caníbal era peor? El inconsciente producto de las setas, o aquel que estaba consciente y lo hacía más que por necesidad, por morbo… Miré hacía mi lado derecho, allí se encontraba mi amada, mi novia, estaba Nicole nuestra primita, tenía a un buen puñado de mis amigos, y sabía que en el otro local estaban los demás, Kamui, Joan, Hernán… ¿Pero importaba? Mi exterior mostraba serenidad, pero dentro de mi cabeza los gritos de mí mismo me hacían retorcerme en las noches. Quizás por eso no quería dormir, y no lo iba a decir, no necesitaba preocupar más a nadie, pensaba, ¿qué más tiempo iba a transcurrir antes de volverme loco? Porque sí, cuando estaba solo empezaba a reír y a golpear cosas, estaba harto, una parte de mí quería que solo muriéramos, ¿cómo sería si nos transformáramos y solo ya dejáramos de pelear. Siempre quise un cuerpo definido, y ahora lo tenía, mi abdomen estaba marcado como lo deseaba, lo que el gimnasio no hizo, y lo odiaba, tenía hambre, mi cara empezaba a mancharse producto de la dermatitis. Era inútil alegrarme de ver a mis seres queridos, ¿Cuántos días faltarían para que murieran? A veces cuando estaba solo en las noches podía escuchar la voz de mis camaradas caídos. Que martirio, que molesto, ¿cuán impotente se puede ser?




     Abrí mis ojos ¿en qué momento me dormí? Me pregunté. No me había puesto los amarres de seguridad, voltee hacía los lados, las personas seguían durmiendo todo parecía estar bien, observé entonces que la pareja amiga de Indriago estaba conversando, no me hice el loco, fui hacía ellos y les pregunte:

     – Hola ¿De qué hablan? 

     – Ahh… Hola no vale, nada. – Respondió Carla.

     La respuesta me fastidió un poco, para mí solo eran desconocidos a pesar de que no parecían ser malas personas.

     – Enserio, ¿de qué hablan? – 

     Volví a preguntar y los miré con el entrecejo fruncido.

     – ¡Queremos irnos! – Respondió de manera rápida y exaltada Fabio. 

     – ¿Ya? ¿En plena madrugada? ¿No deberían esperar a que salga el sol? – Pregunté. 

     – No, no, para nada salir cuando está el sol. Ellos son más activos durante el día, y no creerán que somos tan locos como para salir a la calle el mismo día que nos escapamos. – Añadió Carla. 

     – Entiendo tu lógica pero me parece una estupidez completa irse tan pronto, y aunque no es mi problema ¿si quiera saben a dónde llegar? – Pregunté. 

     – Disculpa chico, pero eso no es algo que tengamos que responder. – Replicó Carla. 

     Exhale.

     – Bueno… – Fui a despertar a Nelson quien estaba dormido y le expuse la situación. No le importó en lo más mínimo la decisión de ellos, solo se paró para abrirles la puerta, bostezó. 

     – ¿Y a dónde van? – Pregunto Nelson.  

     – Escuchamos que hay un lugar seguro con comida y muchos más sobrevivientes en el Hiper Galerías. – Respondió Fabio. 

     – Y a él si le responden… – Susurré. 

     – Yo no confiaría en ese lugar, pero no soy quien para decirles que hacer, ya estuve allí, y saque a mis amigos de ese aparentemente tranquilo lugar. – Agregué.

     Ellos no parecían confiar en mí, pero eso era su problema. Nelson revisó las cámaras de seguridad, y al ver que no había moros en la costa les abrió las puertas y la Santamaría. 

     – Vamos vallan rápido. – Les dijo Nelson, la pareja salió corriendo y se escudriñaron entre las casas y automóviles, ya no eran nuestro problema.

     – ¿No se supone que los pecados debemos optar por la seguridad de las demás personas? – Pregunté en tono sarcástico. 

     – Ellos querían irse, aquí estábamos seguros, muriendo pero seguros. – Respondió. 

     – Haha… Claro, ¿y qué te vas a dormir? – Pregunté. 

     – No, ya no. Perdí el sueño… No sé, no sé qué haremos mañana marico, no sé qué será de nosotros, no tenemos comida, somos la caza de un ejército de locos. Llevo no sé. ¿Un mes encerrado en está mierda? ¡Me estoy volviendo loco! – Añadió Nelson. 

     – ¿Qué tan loco? – Pregunté. 

     – Lo suficiente como para morir por una empanada. – Respondió Nelson. 

     Empecé a reír.

     – Yo tengo una idea, no es buena, pero es una idea ¿te digo? – Pregunté. 

     – Si no hay de otra. – Respondió.

     – Mano, aquí hay más armas que gente y si vamos y Por los demás, Joan, Hernán y Kamui… 

     – ¿Y entramos a tiro a esa cuerda de mamaguevos? – Interrumpió Nelson. 

     – Eso, somos ¿Cuántos que sabemos disparar un arma? ¿Seis no? Tú, yo, María, Joan, Kamui y Hernán. – Añadí. 

     – No sé, no me cae del todo bien ese negro. – Respondió Nelson. 

     – ¡Nelson!

     – Hahaha… Es jodiendo, tranquilo. La primita de María también sabe disparar, Mariale le enseño.  – Agrego Nelson. 

     – ¿Y Michelle? – Pregunté.

     – Ella sabe correr… – Respondió. 

     – ¿Será que voy solo a buscarlos y de paso traigo la comida que tenemos allá? – Pregunté. 

     – Yo había pensado en que nos fuéramos todos y armados solo para no volver a este lugar. – Agrego Nelson. 

     – Te puedo decir mano, que aquí estamos mejor que allá, al menos aquí tienes electricidad, a medias, pero tienes. Además, tienes la Santamaría. – Respondí. 

     – A mí lo que no me cuadra es que tengamos tan cerca a esos fanáticos de Madmax. – Respondió Nelson. 

     – Me sorprende que conozcas Madmax pero no es mi punto, si lo que quieres es sacrificarte y morir de pie antes que esperar a que la muerte nos coja, solo si existe la mínima, la mínima posibilidad de lograr esto necesitaremos dónde poner la comida, este bodegón es el lugar mano, aquí es… 

     – Me da una arrechera cuando tienes razón. – Agrego Nelson, me hizo reír. 

     – ¿Cuándo sería? – Preguntó Nelson. 

     – Ahora mismo mano, todos tenemos hambre y no podemos seguir así, esperando a ser comida de alguien o algo. – Respondí. 

     – ¿Cómo te vas a ir? 

     – ¿Me prestas la camioneta? – Pregunté.

     – ¡Coño tú si jodes! Pero me la devuelves como te la entregué, carro que llega a tus manos, carro que se pierde, te roban, explota o cualquier cosa, me traes esa mierda con o sin Hernán. – Respondió Nelson.

     – Coño ¿vas a seguir con el pobre negro? – Pregunté y me partí de risa.

     – ¿Sí María pregunta? – Preguntó Nelson. 

     – Dile que fui por un helado y ya vengo.

     Entonces sin más rodeos aprovechando que aún no salía el sol, salí corriendo hacía el auto que estaba estacionado cerca del bodegón. Nelson cerró rápido y sin tapujo, entonces encendí esa cosa con miedo a que hiciera ruido, tuve suerte, era un modelo bello su trasmisión y arranque era limpia, casi ni sonó. De modo que agarré mi camino hacía el local con los muchachos.



     Ya al volante agarré hacia la Gran mariscal, tome atajo hacía el mar porque iría vía Marina Plaza. Y me sorprendí de algo, mientras sentía el aire frío de la mañana antes de que se asomará el sol, baje la velocidad para esquivar tranquilamente todos los escombros y esqueletos de automóviles y buses en el camino. Pude ver a lo lejos sobrevivientes, había uno que otro grupito de personas con mochilas corriendo entre las casas y ocultándose entre matorrales, algunos inclusive iban por techo y otros por canales del caño, trataban de ocultarse de mí, quizás me veían como un potencial enemigo, así que no les llame o pregunté nada, solo seguí mi camino. Fue una sorpresa agradable, y me puse a pensar, quizás hay más gente de la que pienso aquí, bueno, era evidente. << Si nosotros estábamos ocultos como ratas ¿por qué otros no? >> De modo que de cierta forma, me dio esperanzas sobre nosotros. 



     Llegue al Marina plaza, todo iba bien, por fin pude darme un respiro, porque sabía que el trayecto que venía era un pueblo fantasma. Recordé que cuando toda esta locura comenzó estábamos pasándola de mejor en el Marina, hablábamos sobre qué tan asqueroso es Venezuela, este hermoso país cuyo gobierno fundió hasta la ruina, el chiste es que ahora estaba peor... << ¡Ja! >> Seguí mi camino, casi llegando al mercado una mujer con al parecer un bebé enrollado en trapos me vio y empezó a pedir ayuda. A mí no me engañaba, aceleré con la camioneta y casi me la llevo por el medio, no escuché bien pero creo que me llamó mamagüevo lo qué es seguro es que saco su supuesto “bebé”, tenía una pistola guardada allí y aunque le dio al chasis no fue nada grave, la perdí eventualmente, ¿Un bebé en esta época? Creo que ni ella se lo cree.



     Logré salir de la zona de escombros y vehículos fantasmas, había llegado a la Virgen del valle, aquí el camino era tranquilo y directo, de modo que aceleré la camioneta a lo que dio, el sol ya empezaba a salir, << Se estaba tardando >> Hacía frío y mi cuerpo lo resentía, temblé un poco por los escalofríos. El número de cuerpos en la carretera se había multiplicado un poco.

     – ¿Pero qué mierda? Solo me fui un día. – Afirmé.

     La camioneta aplastaba restos de cuerpos y esqueletos de ocasiones anteriores como si no hubiera más en el camino. Entonces llegué al local, me paré y pude ver por la ventana desde adentro que Hernán se encontraba apuntando a la camioneta con recelo, se veía algo paranoico, abrí lentamente la puerta y grité:

     – ¡Hernán soy yo!

     Salí y entonces un disparo salió y casi me da,  pude escuchar como conecto contra el suelo.

     – ¡¿Qué te pasa negro?! ¿Te volviste loco? – Le grité. 

     Hernán levantó la mirada y abrió los ojos como platos. 

     – Coño man disculpa, disculpa ¡ES ALDHA! – Gritó hacía abajo.

     – Vamos, lanza la escalera. – Le pedí. 

     – Se la robaron. – Respondió Hernán.

     – ¿Cómo que se la robaron? – Pregunté. 

     – Hay… busca la manera de subir y te explico. – Afirmó Hernán. 

     Tuve que acercar el auto casi chocando contra la pared y subir en el techo de la camioneta, salte para agarrarme de un muro y después contra el otro muro, me sentía mexicano. Una vez arriba entré, y cerré la compuerta. 

     – ¿Por qué tanto salvajismo? – Pregunté.

     Mi cara se volvió la viva imagen de la preocupación al ver a Kamui bañado en sangre y con un brazo totalmente vendado y rojo con vendas más negras que blancas. – ¿Qué demonios pasó aquí? Pregunté. 

     – Amiguito Tss… ja… – Kamui sonrió, pero estaba golpeado como nunca. Megan le estaba limpiando las heridas, y a lo lejos pude ver a una chica desconocida llorándole a un cuerpo tirado en la oscuridad y bañado en sangre, no se distinguía quien era y entonces me alteré y pensé en voz alta. 

     – ¿Dónde está Joan? ¡¿Dónde está Joan?! 

     – ¡Hernán! – Se escuchó desde afuera, Hernán subió y yo le seguí. Era Joan quien estaba afuera buscando medicamentos para Kamui. Lo ayudamos a subir. Pero entonces, ¿Quién era esa chica? ¿De quién era ese cuerpo? ¿Qué había pasado ayer aquí desde que me fui con Jonás?



     La chica se llamaba Samara, tenía veinticinco años, el cuerpo al que le estaba llorando era el cadáver de su hermano menor, Después de que yo me fui con Jonás, ese mismo día en la tarde Joan siguió la exploración solo, consiguió a Samara y su hermano cautivos dentro de la casa de un demente quien por suerte no estaba, de una balazo rompió el cerrojo y los pudo rescatar, el niño estaba traumado, y ella casi totalmente desnuda, era una chica hermosa, solo la imaginación daría pruebas de lo que pudo haber pasado. No había comido en dos días, parece que el desgraciado quien los tenía cautivos murió porque más nunca fue y si no era por Joan hubiera muerto de hambre encerrados allí entre sus propias eses y desgracias, los muchachos les dieron de comer, les ofrecieron agua para que se ducharan y refrescaran, ropa. Agradecido sería poco para expresar como se sentía por haberlos sacado de una muerte segura, Megan curo las heridas del niño, la chica parecía estar bien, más allá de los suaves signos de anemia. Esa noche, mientras dormían no hicieron el rutinario, Las chicas dormían en un lado distinto al de los chicos, Hernán como se había dispuesto personalmente, estaba haciendo guardia, el pequeño entonces se transformó, le paso aquello que tanto tememos y deseamos que no nos pase a ninguno, se transformó y ataco al que tenía más cerca, Kamui. Empezó arrancándole un pedazo del brazo derecho, precisamente el antebrazo,  le araño toda la cara y cuando trato de defenderse, el niño gritando como una bestia furiosa casi le arranca una oreja, las chicas se despertaron y gritaban, no entendían que estaba pasando. Hernán bajo de golpe y se dobló el tobillo, y en la desesperación del momento Joan tomó un cuchillo y mientras el niño le arrancaba pedazos de piel del pecho a Kamui. Joan le clavó al niño el cuchillo en la cabeza matándolo de inmediato, Samara lloró y gritó, por un momento todo pareció estar en perfecto estado y ahora tenía el cuerpo sin vida de su infante hermano entre sus brazos. Todo eso pasó horas antes de que yo llegara, al menos eso me contó Joan. La situación era evidentemente tensa, y mi proposición era alocada, pero tenía que hacerla.

     – ¿Y Jonás? – Preguntó Joan. Me quedé frío con esa pregunta. 

     – Cosas, cosas pasaron Joan, y… << Exhale con fuerza >>... Jonás no lo logró, ya estaba muerto antes de que yo pudiera hacer algo. – Empecé a temblar y hablaba inentendible, los ojos se me llenaron de lágrimas pero más por la ira que por la pena y el dolor de una perdida, estaba enojado, estaba furioso. 

     – Entiendo, no se puede hacer nada. – Afirmó Joan. 

     Hubo un minuto de silencio, lo único que se escuchaba eran los sollozos de Samara. 

     – Me encontré con María, Michelle, Nicole y Nelson, están a salvo, pero no duraran mucho sin comida. 

     – ¿Qué? ¿María sigue viva? – Preguntó Hernán. 

     – ¿Enserio? Aquí tenemos como para tres o cuatro días si los contamos a ellos. – Afirmo Joan. 

     – Lo sé, y tenemos un plan, plan que no creo que alegre muchos, podría morir alguno, o varios, o todos… Pero si se da, no tendremos que preocuparnos más por comida por meses. 

     – Morir estúpidamente o vivir como ratas de las cloacas, yo opto por morir. – Respondió Kamui sonriente en su ensangrentado estado. 

     – No estés hablando. – Lo regañó Megan. 

     – ¿Y cuál es el plan? – Pregunto Joan. 

     – Primero que nada debemos ir con los demás, tienen electricidad, tienen  seguridad, tienen armas, solo les falta comida… 

     – ¿Tienen Ron? – Preguntó Kamui interrumpiendo. 

     – Sí, tienen mucho Ron, es un bodegón. Considero que debemos recoger todo lo que sirva en esta tienda e irnos todos en la camioneta a planear el ataque que haremos. 

     – ¿Ataque? – Pregunto Megan.

     – Hay gente muy mala Meg, gente muy pero muy mala con cosas que necesitamos, son ellos o nosotros y sé que lo sabes pequeña. 

     – ¿Y qué hacemos con Samara? – Pregunto Hernán. 

     – Dudo que esté menos loca que tú que casi me matas, así que llevémonosla. Es obvio que no podemos dejarla sola aquí llorando la pérdida de su hermano. 

     – ¿Cuándo nos vamos? – Pregunto Joan. Su tono era repelente o de dolor, quizás era por haber acabado con las esperanzas de una chica inocente, pero si no hubiera actuado, quizás Kamui hubiera muerto. 

     – Ahora bro, no podemos perder tiempo. – Afirmé. De modo que empezamos a recolectar, empacar y sacar todo con valor, para irnos del lugar, ¿peligroso durante el día? No, no era peligroso era un suicidio, pero de por sí lo que haríamos después era aún peor y mucho más riesgoso, así que ¿Por qué darse mala vida?

miércoles, 16 de agosto de 2017

Capítulo 29



29



     La penumbra se encontraba presente, aquello parecía una escena sacada directamente de una película gótica, era de noche, pero aquel cielo reflejaba un color ceniza, el agua caía a cantaros con lujoso delirio, sería perfectamente justo decir que el cielo se estaba cayendo, los rayos rompían y reventaban en el suelo trayendo consigo ruido a nuestro sepulcral silenció. Lo que debió haber sido un bonito reencuentro se había convertido en una fúnebre despedida, algunos lloraban, otros solo callaron, porque tan solo hace una hora Indriago había muerto, el amigo que se abalanzo al rescate como nuestra única esperanza para salir de aquel mortífero lugar, cumplió su misión y a su vez murió. Algunos no entendía lo que estaba pasando, yo no era la excepción, no les miento. Me encontraba junto a María y Nicole, mi pequeña novia y su prima, se encontraban a mi lado, pero no había tiempo para abrazos o saludos, lo que se sentía era tenso, no importa cuántas veces muriese un amigo, siempre era doloroso verlo. 

     ¿Cuántos meses habían pasado desde que nos encontrábamos viviendo este infierno? Y aún, aún era doloroso. 

     Nelson estaba con Michelle en la sala, no estaban haciendo nada, veía que Nelson en particular respiraba profundo, buscaba las palabras que decir para romper la tensión, pero se callaba, porque simplemente no había nada que decir o hacer. Nos encontrábamos seguros dentro de una tienda que parecía solo estar llena de alcohol, aquello era el bodegón el cual Nelson me había platicado en pasadas ocasiones, maldita sea tenía tantas preguntas, estaba deprimido y emocionado al mismo tiempo, quizás una conducta demasiado hija de puta para la situación del momento, pero así me sentía. 

     – Daniel era, era un gran sujeto, nunca, realmente nunca le pedimos nada, pero siempre veló por ayudarme a mí y sobre todo a mi novia, jamás tuvo porque, pero siempre nos dio la mano.– Esas fueron las palabras de Fabio, aquel chico que parecía ser amigo de Indriago y el cual escapó con nosotros durante su desenlace final, la novia de Fabio, Carla, empezó a llorar, no teníamos idea que clase de relación existía entre ellos dos e Indriago, pero parecían ser buenos amigos, realmente buenos amigos. Naturalmente pregunté:

– ¿Qué clase de relación tenía con Indriago?–

– Mínimo no.– Afirmó Nelson repentinamente, estaba serio, realmente me pareció bastante extraño.

– A Daniel lo conocimos solo hace unas semanas, nunca supimos mucho de él, yo y Carla nos encontrábamos huyendo de una horda de salvajes.–

– ¿Comegentes?– Pregunté.

– Sí, como les llamen, aquellos caníbales putrefactos, recuerdo que la horda era inmensa, debían ser al menos veinte de ellos, eran rápidos, casi nos acorralaban entonces él grito “Hey, por aquí” cuando volteamos a ver, era aquel alto chamo que nos gritaba desde la seguridad de una casa, era él, Daniel Indriago, nos abrió las puertas del portón de aquella vieja pero gran casa y gracias a ello pudimos escapar de los salvajes. Escuchábamos todos con silenció y respeto, nada de interrupciones, y de hecho, nos familiarizábamos más con él.–

– Recuerdo que no confiaba para nada en él. Inclusive, nos ofreció comida y le dije a Carla que no comiera, aunque nos estuviéramos muriendo de hambre, no fue hasta que casi desfallecíamos que sin más opción confiamos en él, y desde entonces, nos entablamos como una familia, recolectábamos y nos cuidábamos los unos a los otros, pero ese modo de vida no duro más de cinco días… Capturaron a Carla los dementes asquerosos del estadio, Indriago y yo tratamos de hacer lo posible para salvarla, pero eran muchos, no sé si eran ocho o eran diez en el momento que se llevaron a Carla, pero  << Fabio empezó a llorar mientras contaba >> –… Pero sin miedo a sus armas entablamos búsqueda, ese mismo día en la noche encontramos su base, al lado del estadio, cuando Daniel y yo llegamos dos de esos perros estaban violando a mi Carla… – << Ella ocultaba su rostro con su largo y negro cabello mientras él contaba lo sucedido >>

– Fabio se quedó paralizado e Indriago fue quien con un pico ataco a los dos cerdos aquellos…–Afirmó la chica mientras moqueaba un poco. Hubo un aletargado silencio y María pregunto.

– ¿Y qué paso después?–

– Daniel había matado a los dos sujetos, y parecía estar muy alterado por lo que hizo, veía sus manos ensangrentadas con tanta sorpresa que se estaba hiperventilando. Entonces llegaron más sujetos, y me aprisionaron a mí y a Carla…

– ¿E Indriago?– Pregunté.

– Lo volvieron uno de ellos… – El silenció volvió a hacerse presente, Fabio tosió. Pero no fue más que una pausa para retomar la historia. – Él no era un asesino, de modo que para evitar que lo mataran a él, y negociando con los sujetos para que no nos mataran a nosotros, decidió quedarse y apoyarlos, claro que él no participaba en asesinatos, pero por lo que le contaba a Carla y a mí de vez en cuando hacía de carnicero, le lanzaban los cuerpos y bueno… Todos sabemos lo que hace un carnicero. Estuvo así toda una semana, alimentando a esos cerdos caníbales insaciables, pero en cada día de esa maldita e infernal semana, planeábamos nuestro escape… Tú te viste involucrado en ese escape por casualidad. Afirmó mientras me apuntaba a mí. 

–  Y esa es nuestra historia con Indriago, no parece mucho, pero realmente le teníamos un fuerte apreció. – Afirmó Carla.


     Retomando el silenció ya la conversación había acabado, no sabía si era un minuto de silencio hacía los caídos o quizás era la hora. Sin luz o reloj era difícil saber con exactitud qué hora era, pero debían ser más o menos las cuatro y media de la mañana, me encontraba conversando con María luego de tanto tiempo, nos abrazamos, nos reímos a pesar de estar sumergidos en mierda. Era una situación agridulce, entre felicidad y tristeza, siempre bajo el amparo del respeto. Ella quería contarme todo por lo que habían pasado desde la última vez que nos vimos, y era natural, pero se le veía muy cansada, casi no podía con su cuerpo.

– Ve a dormir un momento por favor. – Le dije.

– No, ¿sabes qué tiempo llevo esperando volverte a ver, te creía muerto aunque…– Le tapé la boca y no la dejé continuar.

– Mañana me cuentas todo.

– ¿Y tú no piensas dormir? – Preguntó.

– Yo si te puedo asegurar que no tengo sueño. – Con esas últimas palabras la lleve a la colcha en uno de los cuartos del bodegón para que durmiera, Nicole y Michelle ya estaban durmiendo convenientemente, por otro lado Fabio y Carla se encontraban descansando en su privacidad en una esquina sin molestar a nadie. Normal, aún no tenía la confianza suficiente como para hacer más.

– Taishou.– Le dije a Nelson quien estaba viendo algo en un monitor, se le veía muy serio, triste sobre todo, él siempre a pesar de su forma de ser ha sido una persona con muchos pesares, pero ahora en su mirada no podía aparentarlos, estaban allí y sabías que estaba mal.

– ¿Los tierruos no mueren verdad? – Preguntó.

– JA… << Resople >> A qué se debe tanta tristeza Nelpastel.

– Bueno no sé si te has dado cuenta de qué todo el mundo se está muriendo, casi no hay recursos, los pocos que siguen vivos se están volviendo locos, asesinos caníbales y de paso llegaste tú pa’ terminarla e’ cagarla. – No dije nada, pero ese comentario tan natural me hizo darme cuenta de que no estaba tan mal como yo pensaba, presento una larga pausa y exhaló – Ayer mataron a Ángel y a Luis Elías…

– ¿Perdón? – Pregunté sorprendido.

– Tú me preguntas porque me veo así, porque estoy mal, no me importa que el país este sumergido en una mierda, qué quizás toda mi familia está muerta, que si no me quedaba nada AHORA ME QUEDA MENOS, pero, hoy murió Jonás, ayer Luis Elías y Ángel, ¿Entonces qué? ¿Mañana quién? – Afirmó Nelson y realmente se le veía un poco destruido.

– Sí, de paso también Indriago.

– ¿Y ese  a quien le importa?– Interrumpió.

– Mamaguevo ja… – Reí un poco.

– Lo siento, pero es qué coño, ¿Qué más quieren de mí? ¿Por qué no me matan de una vez? – Preguntó en retorica Nelson.

– Mano, si yo sigo vivo…–

– Verga sí, tú eres peor que una cucaracha.– Me reí de su comentario, aunque no mucho, me dolía la cabeza, “¿Así que Ángel y Luis Elías también eh?”

– ¿Y qué sabes de los demás?– Preguntó Nelson.

– En un refugio por la Trimestral estamos los otros sobrevivientes, Joan, Kamui, Megan… Solo que ellos deben pensar que Jonás y yo debemos estar muertos, jajaja…– Hubo otro minuto de silencio, – Jamás debí dejar que Jonás viniera conmigo, imaginé que quizás podríamos toparnos con un grupo de comegentes y los mataríamos rápidamente, pero, ¿caníbales? ¿Cómo me hubiera esperado eso? Es… Es mi maldita culpa que esté muerto.– Afirmé.

– Fuera de juegos, dudo que sea tú culpa, y conociendo a Jonás, seguramente se ofreció a ir contigo voluntariamente, sin embargo, Ángel, Luis Elías no tanto, pero Ángel está muerto por mi descuido estúpido…

     Veía a Nelson con la cara reflejando una sarta de dudas, y antes de que pudiera decir algo el abrió la boca.

– Después de qué nos separamos decidí venir aquí, me pareció el mejor lugar entre los pocos que había, comida, fuente de poder, protección con Santamaría, pensamos que tú y más aún Joan habían muerto, aunque María por lo menos no perdía la fe de que siguieras aún con vida. Cuando llegamos tuve la suerte de qué uno de mis primos estaba refugiado aquí, él fue quien nos abrió las puertas y todo el chiste... También murió, es como si hubiera resistido solo para entregarme las llaves, estaba enfermo, mi tío le había despedazado a mordidas partes del cuerpo y se le infectaron, se trató con alcohol pero se murió el marico ese. – Nelson apretó los puños, lo decía a la ligera, pero cada vez que mencionaba a un muerto se enojaba. – Perdí la noción del tiempo hace mucho realmente, no sé qué tiempo ha pasado, ni siquiera recuerdo cuando llegamos aquí, pero te puedo decir qué cuando llegamos todo estaba chévere, había comida, suficiente gasolina para la bomba, así que también teníamos luz eléctrica, teníamos armas, una perfecta barricada… María fue quien propuso un grupo de exploración para buscar más comida y recursos, y es que si es por mí, gastamos todo y ni cuenta me doy. En las búsquedas nos topamos con Luis Elías, se encontraba sobreviviendo solo, me dijo que llevaba tiempo buscando a alguien, pero solo veía a locos que lo intentaban cazar, estaba bastante sucio y enfermo cuando lo encontramos, de modo que lo pusimos en una cuarentena improvisada, quien se hizo cargo de él fue la primita de María, a pesar de todo, seguíamos manteniéndonos bien, no nos faltaba la comida, la gasolina, productos de higiene, recargábamos agua en las casas cercanas, no nos faltaba una mierda, pero pronto el agua empezó a dejar de fluir en la zona, la gasolina se volvía más escasa cada vez,  puedo decir que literalmente estábamos en la mierda cuando nos topamos con Ángel.

– ¿Cómo fue eso?– Pregunté,

– Casi llegando al peñón, lo vimos por coincidencia, tas’ claro que Cumaná es chiquita es un pueblo, como sea, Ángel estaba reventándole la cabeza a pedradas a Angélica contra la carretera, ella se había vuelto loca, trataba de comérselo y no reaccionaba a nada, él trato de controlarla pero cuando le arranco un pedazo de oreja fue que no aguanto e hizo lo que hizo, BUENO, eso dijo él, sabrá Dios si es verdad o qué, bueno el punto es que nos topamos con él, trató de darnos explicaciones y tal, pero no nos importaba realmente, afín de cuentas nada más éramos Michelle y yo, María se había quedado con Nicole cuidando a Elías, más bien, Nicole a Elías y María a Nicole.–

– Marisco que bien, la imagen la hubiera destruido.– Interrumpí.

– ¡Sí mamaguevo! Por qué la misma imagen no destruyo a Michelle… Ahhh…– Exhaló. – Luis Elías se había mejorado, Ángel  se había unido al grupo, habíamos en contratado un pequeño galpón con alimentos, al menos para andar tranquilos un mes, pero adivina qué.

– ¿Comegentes?– Pregunté.

– Peor, aquellos malditos mamaguevos de mierda… los de hoy, con Indriago. Ya sabíamos de su existencia y de lo peligrosos que eran, de modo que ya para entonces cazábamos de noche porque el día le pertenecía a esos marginales, pero dio la coincidencia de qué justo la noche qué fuimos por las cajas de comida, cuando cargábamos la camioneta de comida se apareció un grupo, no sé cuántos eran, pero era un coñazo y estaban en moto. Ángel y yo estábamos sacando unas cajas cuando escuchamos el disparo, le dispararon sin pensar o advertencia a Luis Elías, cuando escuchamos el tiro tan cerca, Ángel y yo no hicimos más que pegar a correr y efectivamente nos burlamos a un par que sé llego frente a nosotros, si no empujamos esa mierda entre los dos nos plomean como unos mariscos también, cuando voltee a ver veo que los que tumbamos estaban llamando a más, y veo como aquel coñazo de motos con su gente nos siguen, dejamos la camioneta medio cargada de comida en esa vaina, y si no es porque saltamos pa’ una urbanización y después agarramos pa’ unas veredas nos agarran o plomean feo…

– ¿Y estás seguro de qué Elías está muerto? ¿Viste su cuerpo o algo?– Pregunté, Nelson se apretó las cejas.

– Mano, cuando voltee a ver como un marico vi un cuerpo tirado allí, de la cintura para arriba no se veía por la camioneta pero esos pantalones y esos zapatos son los mismos que tenía Elías, además ¿Quién coño e’ la madre más podría ser? No es como si hubiera mucha gente andando por ahí. –Añadió.

– Mano, cálmate.– Agregué.

– Perdón, pero que arrechera, todo se fue esa noche maldita sea, por eso ahorita estamos como estamos, en estos dos días solo he comido una lata de caraotas y un poquito de arroz que hicimos para todos.– 

– ¿Y qué pasó con Ángel?– Pregunté, Nelson me quedó viendo.

– Lo maté por mí misma arrechera…

– ¿Perdón?– Pregunté.

– Deja y te explico, cuando llegamos a duras penas, más sudaos’ y jodidos que el coño no sentía más que arrechera, y no me dio nada más que planear el cómo hacer que no saliéramos tan jodidos… ¡Y la cagué! Eso fue…–

– ¿Cómo que la cagaste man?–  Pregunté.

– Mi plan fue ir a la base de aquellos hijos de puta con solo una pistola con tres balas, y una navaja a robarles a esos coños de madre, iba a robarles las armas y la comida hasta dejarlos desvalijados, y le rogué, fastidié que jode a Ángel para que fuera conmigo porque sabía que solo me iban a joder, y el otro día en la noche, se hizo lo que el pendejo de Nelson quería…

– Mano cálmate, cuenta tranquilo.– Le dije a Nelson quien estaba demasiado exaltado. Se tomó un momento para respirar profundo, y decidió continuar contándome.

– Aquella noche, justo al otro día de que mataran a Luis Elías, Ángel y yo nos fuimos a la base aquella, no sé qué hora era, pero era burda de tarde marico, calculo yo las cuatro de la madrugada Ángel no quería ir, insistía que era demasiado pronto, pero el hambre le estaba también jodiendo, así que no tenía de otra, la base nos quedaba relativamente cerca del bodegón así que para evitar hacer ruido nos fuimos caminando, no tardamos mucho en llegar, había un solo guardia en la entrada, y estaba dormido, a ese lo agarré con la navaja en la cien, murió rápido pues, lo revisamos pero no tenía ningún arma, lo que si tenía encima eran las llaves de algo, llaves que descubrí eran de una camioneta que estaba estacionada en todo el frente, hice algo previo que por más que lo pienso no puedo pensar más que una malísima idea, pero a la larga creo que funciono, probé las llaves de la camioneta y al darme cuenta de que encajaban para no hacer ruido no lo encendí y de paso, dejé las llaves pegada. Seguimos hacia dentro, y en el primer cuarto encontramos un coñazo de armas, un fal, metralletas, pistolas y municiones, y bueno, pensamos ¡La hicimos! Llevamos todo ese mierdero para la camioneta, que ahora que me acuerdo era la misma camioneta con la que fuimos a buscar las cajas de comida… Cuando pusimos aquel coñazo de armas en la camioneta Ángel me dijo “Mano la hicimos, vámonos de aquí” pero le dije que no podíamos irnos hasta que consiguiéramos comida, ya por ahí, su bienestar se vio afectado por mí, así que sí pasaba algo a partir de aquí sería mi culpa por ambicioso, pero no, no pasó nada, ambos cargábamos una metralleta por si las cosas se complicaban, y yo, pues a fuerza de cuchillos estaba barriendo a los que habían en la entrada, por suerte cada quien por su lado, no había ningún junto a otro, Ángel y yo estamos en media imagínate, para no hacer ruido innecesario, conseguimos al ratico una caja del Clap y no esperamos, montamos esa mierda en la camioneta y nos devolvimos, “ Loco vámonos “ me dijo Ángel de nuevo, pero fui ambicioso, eran como veinte cajas, y solo habíamos conseguido una, debían haber más por allí, de modo que le dije que confiara en mí, y allí, allí fue cuando la cagué, caí a navajazo a uno, pero el carajo se despertó justo antes de que lo matara y pego un grito, eso despertó a los que estaban cerca y me alteré, empecé a echar tiro como si las balas fueran infinitas, sombra que viera, plomo que llevaba, y bueno, Ángel conmigo, pero entonces nos lanzaron una granada, UNA MALDITA granada… ¿de dónde unos malandros sacaron una granada? Bueno, empezamos a correr, y por correr y césar el fuego ahora nos estaban baleando a nosotros, me devolví para echar tiro, pero el peine no duro mucho, se acabaron las balas de la metralleta mía y lancé esa mierda al piso, llegamos a la camioneta Ángel se montó atrás disparando para mantenerlos a raya y poder yo arrancar tranquilo, y bueno, tuvimos suerte, la camioneta aún tenía gasolina, nos fuimos pal’ coño, por si nos seguían agarré para la gran mariscal y de allí crucé y agarré para le Marina, di un poco de vuelta hablando solo…– La mirada de Nelson se había vuelto vacía.

– ¿Le dieron a Ángel verdad?– Pregunté.

– Yacía muerto desde hace rato, tenía un disparo en el ojo, y no, no digas que no fue mi culpa porque te golpeo…– Nelson se tapó los ojos y después empezó a rascarse la cabeza. – Luego bueno, en la tarde ya, la misma tarde de hoy, fue que llegué al bodegón, bajamos las armas y la caja de comida, hicimos una comida horrible allí y eso… La noche de ese día armados como unas perras María y yo decidimos suicidarnos básicamente, íbamos a matar a ese poco de marginales y a recuperar lo que quedaba de comida, eso o morir como unos pendejos, y allí te vimos, en resumen, estaba feliz hasta que llegaste, pero bueno, la vida es bella, el feo eres tú y hay que seguir pa’lante.–

– ¿Tan desesperado estás?– Pregunté.

– ¿De qué hablas?– Preguntó Nelson.

– Recuerdo que te pedí que protegieras a las muchachas, ¿y dejaste solas a Nicole y Michelle que son carajitas y te arriesgaste junto con María por una estupidez?– Pregunté indignado.

– ¿te salvamos no?– Preguntó chocantemente Nelson.

– …–

– No te lo tomes tan literal Aldha, por suicidarnos me refiero a qué no lo íbamos a tener fácil, pero sabes que necesitábamos hacer eso, y aún pienso hacerlo, esos marginales no tienen derecho a seguir viviendo, y además tienen recursos que necesitamos, sabes que son ellos o nosotros…– 

– No digo que no, ¿pero por qué no esperar a ser más personas?– Pregunté. 

– Porque para mí hasta hoy estabas muerto, Joan, Kamui y Jonás también lo estaban así como sí lo estaba Ángel y Luis Elías… Sí esperaba un día más era darles un día más para prepararse, ellos tienen como, nosotros no, cada vez somos menos.– Afirmó Nelson, aquellas palabras me callaron la boca, de modo qué solo aparte la mirada me levante y dije.

– Me voy a dormir Nel… Y recuerda, si quieres volver a intentarlo, cuentas conmigo.– Sin más me retiré a descansar un poco.

viernes, 16 de junio de 2017

Capítulo 28





28


     Penumbra, era lo único que pasaba por mi cabeza, parecía estar en un calabozo obscuro y mugriento. ¿Estoy solo? Pensé, en la lejana obscuridad avasallante escuche un castañeo, eran los dientes de un sujeto y forzando mi vista y esperando que mis pupilas se acostumbraran a la oscuridad, noté vagamente que se trataba de Jonás, no tenía ni puta idea de que estaba pasando, dónde estábamos o si él estaba bien, pero si me di cuenta de algo inquietante, no éramos los únicos. En aquel cuarto parecía haber más personas que solo nosotros dos. Una puerta se abrió, la luz enceguecedora vislumbró una habitación plata llena de personas encadenadas, nosotros formábamos parte de ello. De la misma una sombra se hizo presente, aquel era un hombre musculoso y mugriento, se acercó a un patético y tembloroso hombre esbelto que se encontraba encadenado frente a él, el pequeño hombre le devolvió la mirada y se alteró al ver aquel mamut frente a él, tenía un cuchillo de carnicero enorme en una mano y una llave en la otra. 



     El hombre gritó y lloro, “No por favor, por favor no… ¡YO NO!” Gritó y gritó, entonces aquel monstruo levanto la mano y clave aquel enorme cuchillo justo en su cabeza, la sangre salió a cántaros bañando en negro y rojo al pobre sujeto, todos los presentes  a su alrededor gritaron y lloraron, los sollozos de algunos otros más se escuchaban a lo lejos, ¿qué demonios estaba pasando? Pensé. Entonces delicadamente usando la llave el mamut aquel abrió las cerraduras del ahora cadáver ensangrentado y montó su exánime cuerpo sobre sus hombros, como si se tratase de un animal muerto. “Parecemos ganado” Pensé, y entonces todos se aclaró para mí,  ya sabía de qué se trataba esto, debía ser eso, todo apuntaba a lo mismo, efectivamente debíamos ser ganado, por eso no nos mataron en aquel instante, por eso toda esta gente. Casi no me inmute ante esta situación, pero me sentía parecido a aquella vez por el terminal, cuando aquel imbécil me secuestro en el mercado. Mi respiración se hacía más fuerte, me estaba sofocando, en un impulso de supervivencia trate de mantener la calma. 

      – Jonás, Jonás… Jonás despierta viejo… – Afirmé, pero el mismo no respondía, un pequeño brillo en su reflejo oscuro me hacía ver que estaba despierto, pero estaba en shock, empecé a patearlo, él estaba lo suficientemente cerca como para hacerlo, – Despierta maldita sea, tenemos que salir de aquí.– Le grité, empecé a ver a los lados, pura maldita oscuridad, no podía distinguir nada además de Jonás, << Y Vagamente por cierto >>¡MALDITA SEA! – Grité, pero Jonás no se inmutó. Yo empezaba a sudar, me estaba alterando mucho, pero eventualmente sucumbí.



     No sé qué hora era, sé que dormí, pero no sé con exactitud qué tiempo pasó desde entonces, me dolía mucho la cabeza, debió ser por gritar, quizás por estar encadenado con las manos arriba, ya me hormigueaban y temblaban por el mal flujo de sangre, voltee a medio ver a Jonás, parecía estar despierto.

     – Sabes, yo… yo también tengo miedo, pero no es la primera vez que paso por esto, incluso así, pensar que podría morir en cualquier momento, por más frío que lo diga, sigue doliendo, pensar en tu propia muerte, es doloroso… Da impotencia, pero no todo está perdido, todavía podemos salir de aquí pa’ Pero necesito tu ayuda, necesito que estés conmigo viejo. Uno no podrá hacer nada contra ellos, pero quizás los dos…– Callé, mis palabras no llegaban a nada y, entre más hablaba, menos me lo creía yo mismo, mis ojos se llenaba de lágrimas que negaba dejar salir, el vacío que se siente cuando piensas en la muerte jamás había sido tan grande como ahora. Pero no podía hacer nada. María, me pregunto si estás viva. Pensé, entonces un fuerte golpe abrió la puerta  de la habitación, entraron muchos hombres armados y encendieron la luz, la luz me encegueció de modo que entrecerré los ojos, pero pensé, “estos desgraciados hasta tienen generador” 

      – Hora de comer ¡Párense! – Afirmó uno, Pusieron una gran olla en medio del cuarto, nada de platos o cubiertos, solo esa olla de lo que parecía ser sopa. Apestaba, decir que olía como el culo sería una ofensa al mismo, era mierda. Uno se acercó a mí, no pude evitar petrificarme, mi respiración pasó de profunda a nula, era como si  fuese un T-rex, y yo el explorador manteniendo la calma. 

     – Esté está muerto. – Afirmó el hombre, lo dijo justo a mi lado, mi curiosidad me impulsaba a voltear a ver, mi cuello temblaba, pero podía hacerlo, seguí inmóvil. 

     – Agarrarlo pues, aún sirve. – Afirmó otro de los hombres aquellos, en ese momento el tiempo se congelo, escuchaba como las cadenas hacían ruido y como el hombre a mi lado hacía esfuerzo para montárselo encima. 

     – Esté mamaguevo está muy gordo, no lo puedo cargar. – Afirmó el hombre, de modo que empezó a arrastrar el cuerpo, yo seguía inmutable, pero era cuestión de tiempo, pude ver lo que ya sabía, me temía y no quería aceptar, era Jonás, estaba muerto y lo estaban arrastrando como si fuera un pedazo de carne, un vacuno, algo así. Mi respiración se salía de control, empezaba a temblar, ira, pena, miedo, ¿cómo debía sentirme entonces? No hice nada. 

     – Quítale las cadenas. – Afirmó el que parecía ser el líder del grupo, entonces nos apuntaron con sus armas, Kalashnikov Ak 103, era armamento bolivariano, entonces uno a uno empezaron a liberarnos.

     – Dónde está mi mujer, ¿qué le hicieron a mi mujer?… – Afirmó un hombre de no más de cuarenta años, se veía desesperado y enojado, aunque temblaba de miedo al mismo tiempo, le apuntaron con un arma, y entonces el que lideraba le dio la orden de que no lo hiciera, aquel hombre dio unos pasos y le dijo. 

     – ¿Tu mujer? Aquella perra como goza conmigo desde que me la lleve, ¿sabes? Le encanta columpiarse en mí, sobre todo le gusta que le den entres tres al mismo tiempo… – Los sujetos armados que se encontraban atrás empezaron a reír desmesuradamente. 

     – ¡Mentira! – Grito el hombre quien se abalanzo hacía el líder, pero este lo pateo con tal fuerza que le desvió la mandíbula y lo dejó en el piso llorando. Aquel hombre en el piso lloraba y sangraba diciendo una y otra vez, “mentira, mentira, mentira…” Aquello era una imagen tan deprimente que no tenía pies o cabezas para definirla. 

     – Dos días, esa comida será lo único que tendrán en dos días, así que no la desperdicien. Mañana vendrá un grupo a encadenarlos de nuevo. – Afirmó el sujeto, quien sin más se marchó, cerró la puerta y aunque dejo la luz encendida, también solo dejo nada más que tristeza y desesperanza, aquel lugar maldito era sucio y caluroso, era patético, y yo pertenecía a aquello. 



     El bombillo amarillento titilaba, las tripas gruñían y entonces la gente no aguanto, algunos empezaron a comer, agarrando aquel purulento caldo con sus manos y tomándolo con aquel desespero, uno inclusive metió el brazo hasta adentro y agarro un pedazo de carne velludo y empezó a mordisquear con furia. Algunos que veían el festín holocaustico simplemente se fueron en vómito, pero no les salía más que agua, otro metió el brazo también, rebusco en medio del sancocho y tomo una cabeza, una evidente cabeza humana, la lanzo fuera de la olla hacía la puerta y la gente gritaba y vomitaba, más claro imposible, aquello era un purulento festín canibalístico,  no aguanté. 

     – ¡Tenemos que salir de aquí! – Afirmé, había más o menos doce personas presente, contándome. – vamos, esos tipos son unos idiotas, nos dejaron libres a nuestras anchas a un grupo así de grande, podemos escapar. – Afirmé nuevamente, el hombre a quien le voltearon la mandíbula afirmó casi inentendible 

     – Ellos tienen armas… – Volteaba a los lados y solo veía desesperanza en sus rostros. 

     – Dijo que mañana enviarían un grupo, si todos, todos nosotros que somos más de diez nos lanzamos ante ellos podremos por lo menos quitar un arma para defendernos, ¡No estoy diciendo que todos vallamos a lograrlo pero…! Pero si eventualmente todos vamos a morir, si aunque sea una parte logra salir valdrá la pena. – Afirmé, uno de los que comía se detuvo y me confrontó en habla. 

     – Oye… Héroe, ¿y acaso tú sabes disparar una de esas? Te vez muy confianzudo.

     – No soy un héroe… Y sí, sí sé disparar una de esas. 

     – Bien, pero ¿solo tú? ¿Qué haremos si mueres? ¿Terminar muertos todos por ti? Qué tal esto, Soy nuevo aquí, me hago el héroe y le digo a todo el mundo que se disparar una metralleta, así darán su vida para protegerme y yo podré salir ileso de aquí. ¡Eres un pendejo si crees que alguien te va a ayudar! – Afirmó aquel hombre, quien siguió comiendo después de hablar. Hubo un rato de silenció, literalmente me calló la boca, pero no podía dejarlo así. 

     – No estoy pidiéndole a nadie que me salve, solo quiero que nos unamos para hacer algo, y considero que cada quien debe estar por su lado, ¡Quienes quieran convertirse en caníbales y esperar unos días a ser los próximos en ser comidos! ¡Si quieren! Quédense con este idiota, quienes quieran intentar algo, aún podemos hacerlo. – Afirmé sin escrúpulos. Pero nadie me hacía caso, mis palabras eran basura omisa, y era entendible, allí había gente que había presenciado horrores antes, había personas que habían visto pasar a otros como yo, que quisieron intentarlo y fracasaron, puta mierda. Pensé.



     Pasaron las horas, la olla debía estar más o menos la mitad de su contenido total, debía ser de madrugada, yo estaba dormitando, bostezaba una y otra vez, entonces alguien abrió la puerta. La cautela y la paciencia con la que abrió la misma no tenía nombre, definitivamente no era uno de los salvajes, medio desperté y me puse en guardia, entonces se asomó un ser conocido, muy conocido por mí. Tenía el cabello un poco largo y estaba un poco más delgado, pero su cara, era él. Era Indriago a quien había dado por muerto. Uno de los chicos que estábamos como prisionero se levantó rápidamente y le susurro 

     – Daniel, Daniel hermano, ¿ya es hora? 

     – Sí, sí, ya nos vamos, Carla está conmigo… – Afirmó Indriago. 

     – Mano, ¿y yo puedo ir? – Pregunté, entonces voltearon a verme, Indriago puso sus ojos como platos y susurro fuertemente 

     – ¿Aldhair? ¿Qué coño haces tú aquí?...



     Se había prendido demasiado está mierda, por Indriago supe que eran las tres y treinta de la madrugaba, estaban durmiendo todos, no sabía qué demonios estaba pasando, por qué Indriago tenía las llaves de los cerrojos y conocía tan bien el lugar, era como si perteneciera a aquel grupo de mamuts. Estábamos en alguna parte del quinto coño, no sabría explicarlo, yo pensé que nos encontrábamos en los tras bastidores del estadio, pero no. 

     – ¿Qué pasará con los otros? – Preguntó la chica con quien íbamos. 

     – Esa gente no se valora, ya estaban muertos antes de venir aquí. – Afirmó Indriago, recuerdo que me dio risa porque fue irónico que él lo dijera. Pregunté susurrando dado a que teníamos que ir con mucha cautela. 

     – Oye Indriago ¿No tienes un arma?  

     – No realmente, pero tengo un cuchillo. 

     – ¡Indriago eso es un arma! – Grite susurrante. 

     – ¿Me la prestas? – Pregunté. 

     – Tómala, no pienso volver a usar esa cosa jamás. – Afirmó, preferí no preguntar. 

     – Hay un guardia en el pasillo, pero aquí todos son flojos está durmiendo. –  Afirmó Indriago. 

     – Yo me encargó. – Susurré. De modo que les hice señas a los muchachos para que no se movieran, estaba descalzo porque me habían robado los zapatos aquellos idiotas, pero era más ventajoso para mí, no hacía ruido, con cuchillo en mano me acerque a su asiento y sin apatía o duda clave el cuchillo con todas mis fuerzas en su sien al mismo tiempo que cubría su boca por si acaso. Estaba listo, le hice entonces seña a los muchachos para seguir el camino, obviamente Indriago se adelantó, él era quien conocía el lugar. 

     – Lo mataste. – afirmó la chica. 

     – No seguiría vivo hoy en día si no hubiera ya matado a unos cuantos. – Afirmé. Lo único que me molesto es que aquel pseudoguardia  de mierda no cargaba un arma encima. De modo que volví a sacar el cuchillo como nuestra única arma. 

     – Allí muchachos, allí esta salida, por fin se acabó esta mierda. – Susurro Indriago, corrimos entonces hacía las afuera, el aire estaba fresco y limpio, la luna brillaba como un maldito oasis. Corrimos, solo escapamos de aquel puto infierno. 

     – ¡Alto o disparo! – Gritó uno atrás, no nos dimos cuenta de él, sabrá el demonio que rayos hacía afuera aquel sujeto, pero empezó a dispararnos, corrimos con todo pulmón  a dónde fuese, nada importaba, aquel idiota se montó en su moto y atrás se veía un hombre desnudo a quien le temblaban las piernas e inútilmente empezó a correr, << Se lo debió haber estado cogiendo. >>  Como sea, teníamos a aquel imbécil en su moto atrás disparándonos sin cesar. Un auto aparentemente blindado venía hacia nosotros, ya teníamos bastantes problemas como para cultivar otro. Entonces unos disparos le dieron a Indriago, el mismo cayó al suelo, y yo me detuve para verle, del blindando dispararon también y le dieron en toda la cabeza a nuestro perseguidor. Pero lo ignoré, quienes eran los del blindado, me sabía a mierda, tenía a Indriago frente a mí, cubierto de sangre, le dispararon en el cuello, pulmones y el corazón, todo desde la espalda. Esperaba que dijera algo, pero estaba muerto, estaba completamente muerto. Fue instantáneo. De pronto todo se ensordeció para mí. Casi no escuchaba nada. Entonces fueron poco a poco aclarando unos gritos, gritos que se hacía cada vez más familiares.

     – ¡Sube rápido que ya se debieron haber despertado! ¡Sube! – Lentamente volteé a ver quién me gritaba, el shock de perder otro amigo no me dejaba reaccionar bien. Pero no perdí la cordura o la compostura, porque al ver que quien me estaba gritando no era más que Nelson, y bajando del blindado se encontraba María armada con un FAL. Perdí poco a poco la conciencia, no me había dado cuenta de que una bala también me había dado a mí.