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Su nombre era Denis, venía de Puerto la cruz con su marido y sus dos hijos, me
había contado que su esposo una noche se había convertido en una de esas cosas,
que trato de hacerle daño a uno de los pequeños y a ella no le tembló el pulso
a la hora de atravesarle la cabeza con una cabilla mal picada que llevaba rato
usando como un arma, “nunca fue un buen esposo” afirmó algo desanimada, le
había preguntado ¿qué la trajo de Puerto la cruz hasta aquí? En lo que a mi
concernía Cumaná era el epicentro del caos, o al menos eso piensa uno dado a
que los habitantes de aquí son muy bestias. Se arrugo la cara y me dijo:
–
Créeme que las cosas en puerto están mucho peor que aquí. Cumaná es un desierto
no lo dudo y claro que he visto a uno que otro loco, pero yo sé reconocer a una
buena persona de una mala, y créeme, he visto muchas malas. La diferencia
crucial entre Cumaná y Puerto es el simple hecho de qué aunque sea aquí puedes
conducir, Puerto está abarrotada de zombis, parece como si cada dos metros
cuadrado hay uno que no te deja caminar, te digo enserio que no quisieras estar
allá.
– Entiendo, ¿así que ustedes creen que son zombis? – Pregunté deliberadamente, a lo que ella respondió con una risa de antemano.
– No, sé que
no son muertos vivos, pero con tantas películas que ve uno ¿qué va uno a
pensar? Mi esposo, mi madre y mi amiga, créeme que nadie los mordió, ¡nadie nada!
Solo un día despertaron así.
– Ya veo, ¿usted cree entonces que debería
quedarme en Cumaná? – Pregunté.
– No digas usted, que yo no soy tu madre, y si
quedarte o no, es lo mismo que antes de todo este despelote, tú puedes irte del
país si quieres o quedarte a combatir, pero el tiempo que has perdido ya en
esta tierra maldita no lo recuperarás jamás, yo, no me fui del país cuando tuve
la oportunidad porque pensé que las cosas mejorarían, de que yo podía ayudar a
que las cosas mejorarían, no lo hice, y no sé si solo es en Venezuela que está
pasando esto, quizá si me hubiera ido del país estarían mejor, no tengo idea,
quizás estaría peor. Hace poco decidí irme de Puerto, y, aunque esto es un
basurero << carcajeo >> y no hay nada que comer, estoy mucho mejor
que allá, y no sé cómo o con qué, pero no dejaré que mis pequeños pasen hambre. – Allí terminó nuestra conversación, y el rato solo fue silencio apreciando el
paisaje, o al menos podría apreciarlo si fuera un demente amante del gore
realista.
– Déjame por aquí. – Le dije a Denis.
– ¿Seguirás solo con la pierna así? – Preguntó preocupada.
– Tengo fe de que
pueda encontrar a mis amigos aquí, además, me iba a venir hasta acá en este
estado, tú ya hiciste mucho por mí. – La mujer sonrió, sus hijos estaban
dormidos, y entonces se despidió.
– ¿Cuál es tú nombre chico?
– Aldhair. – Respondí. – Espero que
encuentres a tus amigos y puedas estar en paz, tu cara no deja ver más que
preocupación. Aceleró y siguió su curso a quien sabe qué destino.
Me encontraba justo en frente de la
comunidad de Joan, había algo extraño
que me molestaba un poco, en mi estado actual no podía precisamente tomar
riesgos, pero había llegado demasiado lejos como para solo dar la media vuelta,
como pude lancé bastón hacía el otro lado de la misma, y haciendo un esfuerza sobrehumano,
me guindé de las superficies de bloques, maderas y botes de metal que había
para subir arriba, lo había logrado, el problema ahora radicaba no en cruzar,
sino en cómo caer, si caía con las dos piernas me iba a abrir la fractura, si
caía con la pierna buena podía jodermela y evidentemente no era un riesgo que
podía tomar, de modo que me guinde y poco a poco fui descendiendo hasta que solo
faltasen unos centímetros para tocar el suelo, una vez hecho eso me lancé y caí
con un pie, tratando de mantener el equilibrio, me agache un poco para coger mi
bastón y seguí andando, tome a mano izquierda hacía la vereda en la que vivía Joan, finalmente cuando había llegado a
su casa, me alegré, era como un logro desbloqueado, así que anduve, seguí y ya
estando en frente a la puerta empecé a tocarla. Pero nadie salía, y toqué, y
toqué, y toqué, pero nadie parecía avecinarse, me estaba desesperando, “Con un
demonio” pensé.
– ¡JOAN! – Grité a todo lo que el pulmón me dejó.
– ¡CARAJO!
¡JOAN! ¡NELSON! Maldita sea… – Torpemente trataba de romper la puerta y empecé a
hiperventilarme, el sol estaba algo fuerte a pesar de que se veía una masa de
nueves que venían del norte.
– ¡ALGUIEN! – Grité, así que salí a las carreteras
de la comunidad para ver si veía algún rastro de vida, pero estaba vacío como
las cuencas de un cráneo, mis ojos aguanosos reflejaron la viva imagen de la
desesperación y el rendimiento, me di la vuelta y justo de la otra calle se
asomó alguien quien me crispó de lo rápido que salió.
– Amor… – Era María, quien no espero para correr hacía
mí y recibirme con un abrazo, seguidamente salió Hernán quien venía haciéndole compañía y ya viéndose mejor
mentalmente también corrió hacía mí y me recibió de un abrazo, finalmente, ¿las
cosas estaban saliendo bien? Pensé.
Todo el grupo si es que nos podía llamar
grupo estábamos alojados en una pequeña casa en la comunidad, literalmente toda
la misma estaba “vacía” y digo entre comillas porque todo el lugar estaba lleno
de comegentes, vivos y muertos, lo muchachos me contaron que por así decirlo,
llegaron masacrando a los pocos vivos que habían, los días seguidos fue de
limpieza, quitar y quitar cuerpos que lanzaron al otro lado de la comunidad,
como era de esperar saquearon cuanto pudieron, y hubo la fortuna de que todavía
quedaba bastante comida y gas para cocinar, ciertamente no todo estaba bueno,
toda la comida orgánica por así decirlo estaba reducida a mierda pero los
enlatados y empaquetados seguían fructíferos, algunas personas habían comenzado
cosechas que afortunadamente siguieron creciendo a pesar de la ola de calor y
si bien no mucha, había la suficiente agua como para cocinar y al menos bañarse
una vez al día, pero igual el grupo deseaba con gran fuerza que cállese algo de
agua, así fuese una garua, una mera y patética lluvia, María, Hernán, Nelson, y Michelle estaba bien, llevaban días
comiendo como gente, bañándose y durmiendo despreocupados, ellos fueron
precisamente los que montaron la barricada en la entrada para evitar la llegada
de más comegentes y desviar la mirada de curiosos por así decirlo, Kamui, no podría decir que estaba
excelente pero al menos ya podía caminar, y moverse con más tranquilidad, sus
mordidas y heridas grandes se habían cerrado, y es que no solo el tratamiento
ahora más higiénico y la comida, sino también
que en algunas de las casas encontraron medicinas y aunque escasos,
algunos antibióticos, fui al cuarto principal y allí se encontraba Megan quien salía con un plato vacío de
comida, efectivamente la saludé y abracé alegre de que se encontrase bien,
entonces fui al cuarto con mi bastón en mano.
– ¿Cómo está el hombre? – Le dije a
Joan quien me devolvió la mirada y
respondió con una sonrisa.
– Juraría que cuando vi la muerte hace unos días tú
la estabas acompañando, pero tú no mueres ¿verdad? – Me afirmó entre risas.
– Se
te ve mejor hermanito ¿cómo va todo? – Pregunté.
– Bien vale, solo estaba
descansando la herida, digo, yo no estoy usando bastón. – Respondió.
– Juraría que
no la contabas hermano. – Le dije.
– Todos los demás así también lo creyeron,
pero me levante y salí de esto, más bien nosotros, todos nosotros pensamos que
no te veríamos más. – Manifestó.
– Ya deberían estar acostumbrado, la gente como
yo no sirve ni para morirse. – Afirmé, y respondió con una risa, lo dejé
descansar y salí del cuarto, a hablar con los muchachos.
– Amor ¿te quieres
bañar? – Preguntó María.
– ¿Huelo a mierda verdad? – Riendo y con los ojos aguados me
dijo que sí, y no pude más que reír con ella, de modo que efectivamente me fui
a bañar, un tobo de agua se me dio pero era más que suficiente, en la ducha
dejaba caer sendas hileras negras y marrones, literalmente llevaba días sin
ducharme y no podía ni imaginar mi olor, habían, jabón, champú, y una esponja,
lujos del pasado que valla me hacían feliz volver a ver, tomándome mi tiempo,
tarde como veinte minutos en el baño, pero aquel fue el momento más perfecto
que había sentido en meses muy probablemente, María me había dejado una muda de ropa sobre la tapa del inodoro,
aquello era un pantalonsito corto y una camisa enorme que fácil hacía de
piyama, pero solo quería eso, estar cómodo así que me la puse y fui a conversar con los
muchachos.
Empezó a tronar, el cielo empezaba a
mostrar un poco de piedad puesto a que pequeñas gotas empezaron a caer tan
pronto la oscuridad de las nueves negras tapó el resplandor del sol, mi
conversación con los muchachos se vio interrumpida puesto a que salieron
corriendo con tobos y tambores inmensos al afuera para que se llenasen con la
lluvia que cayese, tenían muchos, tenían tobos, los de la casa y los
alrededores, se habían puesto las pilas como nunca y sería mentira si dijera
que no estaban esperando este momento desde hace tiempo.
– ¡Aldha ven a bañarte! – Manifestó María desde la entrada de la puerta,
pude notar como las gotas de agua rompían contra el suelo y hacían un eco
espectral, en otras palabras, la lluvia estaba buena. Cojeando y con mi humilde
bastón, ya sin ningún rastro de pena a estas alturas me quite la camisa para no
ensuciar más de la cuenta y me salí a bañar.
Relampagueaba y el calor del suelo
se evaporaba y lo que había comenzado como una lluvia fuerte pero calurosa se
había convertido en una gélida y avasallante lluvia. Todos excepto Joan nos estábamos bañando y jugando
como malditos niños, el momento no podía
ser más perfecto así que aproveché para besar a mi querida novia de quien de
verdad necesitaba sentir su afecto nuevamente.
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